CANTO A EDUARDO CARRANZA

CANTO A EDUARDO CARRANZA

El premio Eduardo Carranza de literatura, cuyo acto de entrega se realiza esta tarde en Cartagena de Indias, con la ilustre presencia de Gabriel García Márquez y del presidente de la República entre otras personalidades, es, antes que todo, un homenaje a la memoria de Eduardo Carranza. Jamás se habría imaginado él que sus devotos admiradores, comenzando por el ex presidente Belisario Betancur, se hubieran puesto en la tarea de establecer una Fundación para otorgar este galardón, el segundo más importante de la lengua castellana después del Miguel de Cervantes . Cien mil dólares (más de 55 millones de pesos) recibirá el escritor español José Antonio Gabriel y Galán, por su novela Muchos años después . Una suma, por cierto, que jamás vio en vida Eduardo Carranza, ni de seguro la verán tampoco sus herederos, pobres de dinero como fue su padre, pero ricos de espíritu también por legado intelectual.

11 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Es una lástima que en este mediodía azul cartagenero no estén presentes, además de Eduardo Carranza, aquellos carrancianos que penetraron en su obra con deleite que lograron transmitir muy cabalmente en ensayos y escritos. Me refiero sobre todo a Fabio Lozano Simonelli, cuya compenetración con la obra del maestro fue admirable en todas las instancias. Ante todo en cuanto representaba el azul para el poeta. El azul, su azul poético inundante, obsesivo, y las mariposas y los pájaros y las nubes y los ángeles y las muchachas, todo ello nació en Carranza al tiempo con su corazón , dice Lozano en el prólogo a Los pasos cantados , espléndida antología publicada por Colcultura, cuando Colcultura se dedicaba a sacar buenos libros y no a malgastar sus fondos promoviendo pomposos seminarios sobre temas inanes...

Y luego del azul, la pasión por el río, el himno, la bandera... La Patria, en suma: Soy un terrón que canta, una bandera tricolor desbocada sobre un potro de la Llanura. Si me abriera las venas la palabra Colombia saltaría a borbotones. Es un río quien firma este poema .

Para continuar luego eternamente con el corazón encendido, pensando en amores que Carranza definía con nombre propio: Islaflordorada , Alicia Altanube , alazul , aurialado , novien-diciembre y que, como señala Fabio Lozano, con paternal dictadura les impuso insospechados oficios: Mi tú, mi sed, mi víspera, mi te-amo, mi-por-siempre-jamás , mi no-me-olvides .

Y para, como el ciclo vital de todo ser viviente, regresar a la palabra melancolía, que son nostalgias e ilusiones perdidas, hasta llegar a la certeza de la muerte: Miro un retrato: todos están muertos poetas que adoró mi adolescencia. Ojeo un álbum familiar y pasan trajes y sombras y perfumes muertos. Pienso en los míos: todos están muertos. (Desangrados de azul yacen mislo sue/ños) . El premio Eduardo Carranza no solo enaltece el habla castellana, sino sobre todo a Colombia, cuya noble imagen nuestros escritores y poetas están encargándose de recuperarla, en vida y en muerte, como en el caso de García Márquez y de Eduardo Carranza. Ellos son, como son nuestros ciclistas recorriendo los Alpes a punta de panela para que no los cojan los calambres del invierno, hombres que, con sus libros, hacen patria, más que tántos representantes protocolarios, dedicados por entero a denigrar de sus valores, ya porque les parecen cursis o por simple chauvinismo extravagante.

Este es un premio en el que concursaron muchos autores. El jurado (integrado nada menos que por el propio Gabo, acompañado de Carlos Fuentes, Augusto Roa Bastos, Arturo Uslar Pietri y Gonzalo Torrente) recibió trabajos de los más disímiles puntos de la Tierra. De la Patagonia y de Filipinas. De Puerto Rico, que curiosamente --contra lo que se crea-- insiste en afirmar su condición hispano-parlante. De la Argentina y, muchos, de Colombia y España. Lo cual realza la importancia del premio, en el sentido de que no es apenas una cosa parroquial, sino grande y sonora, como los cantos o los lamentos de Eduardo Carranza a lo lago de su obra lírica. Algo más trascendente que el nombre Eduardo Carranza de un colegio en los Llanos o de una biblioteca en Apiay, aunque enarbolado, en uno y otro caso, con igual orgullo patriótico. Lo cual es prueba de que los grandes poetas no perecen nunca, en el alma de las gentes cultas ni en las que en veces usan ruana, pues Carranza se involucraba con éstas inextricablemente en sus paseos campesinos por los diversos pueblos del país. Y gozaba y compartía con ellas sus dolores y sus angustias, tomando un aguardiente como el colombiano más auténtico y elemental.

Faltan algunos, sinembargo, esta tarde en Cartagena. Faltan algunas sombras ( todas están muertas?), pero también ciertos compañeros de viaje literario como Jorge Rojas, que es el poeta vivo más importante que tiene Colombia. Y, como Rojas, faltan rostros de amigos que desde lejos estarán solidarizándose con esta fiesta de las letras, avalada en su grandeza con la activa presencia de los oradores de hoy. Aquellos se sentarán tras bambalinas, al lado de Remedios La Bella, ausentes sí, por el relámpago de la soledad, o de la muerte, como el buen Fabio, cuya perdición fue la política pero no la literatura: Adelante la muerte va a caballo en un caballo muerto. La tierra es un redondo cementerio y es el cielo una losa funeral .

Por ventura, ahí quedan los hijos del poeta, honrando su memoria y cultivando el soplo de su poesía, cristalina y pura, como el vino triste del amor.

Y qué más digo yo, Eduardo?

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.