ESTOY CON FÉLIX

Desde niño, la categoría welter siempre me llamó la atención. Quizás por el ideal de quien combatía en las 147 libras era el término medio en cuanto a peso entre el hombre estadounidense y el latinoamericano.

18 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Uno había escuchado las historias de antes de mitad de siglo que el maestro del periodismo deportivo Chelo De Castro relataba sobre Henry Armstrong, llamado la máquina del movimiento perpetuo , campeón simultáneo en tres categorías -en su orden, pluma (126), welter y ligero (135)-, y poco después del paso por la división de Emile Griffith (el primo de nuestro Rodrigo Valdés) y del cubano Kid Gavilán .

Era la época del reinado de otro cubano, este radicado en México, José Angel Mantequilla Nápoles, maestro de la esgrima, que cansado de tantos triunfos en su peso tuvo la osadía de saltar a mediano (160 libras) para enfrentar al supermonarca Carlos Monzón. El resultado de aquella pelea, un sábado de 1974 en París, favoreció al argentino por la vía del sueño.

Esa atención de niño por la categoría welter tomó mayor fuerza a comienzo de nuestra carrera periodística, en 1980. La razón: el arranque, sin dudas, del mejor momento en toda la historia de las 147 libras, con nombres como Ray Sugar Leonard, Thomas Hearns, Roberto Mano de Piedra Durán y Wilfred Benítez.

A ellos se les pudo unir y hacer más historia el gran Antonio Cervantes Kid Pambelé , quien perdió ese año el título welter junior, en su ocaso, y la posibilidad de participar del festival de millones de dólares.

Las batallas Leonard-Benítez, Leonard-Durán y Leonard-Hearns fueron emotivas. La última de las citadas, el 16 de septiembre del 81 en Las Vegas (Estados Unidos), paralizó al mundo hasta el asalto número 14 y penúltimo cuando Leonard, con el ojo izquierdo cerrado y abajo en la votación de los jueces, se impuso con un dramático nocaut.

Hoy, 18 años y dos días después, cuando el estadounidense Oscar De la Hoya y el puertorriqueño Félix Tito Trinidad unifican sus títulos welter en la misma exótica ciudad enclavada en el desierto de Nevada, se nos viene a la mente el desarrollo y final pronosticado de aquella pelea: Hearns, el pegador, boxeando; y Leonard, el estilista, noqueando.

De la Hoya, a quien comparan con el carisma de Leonard, posee un boxeo elemental -jab y recto- muy preciso. Aguanta y tiene coraje. Y si bien en welter ha ganado básicamente por decisión, también puede hacerlo por nocaut, especialmente en los primeros asaltos, aprovechando su ataque explosivo.

Trinidad, consumado pegador natural del peso welter -De la Hoya viene como profesional de ligero junior-, posee un jab efectivo para acumular puntos y quedarse con una decisión. En contra tiene la frialdad de los primeros asaltos y está en duda su aguante. Una pelea difícil y dura, la mejor y más pareja de los últimos dos años, por lo menos en el papel, en buena hora entre welters. Por quién decidirse? Recomendable no apostar ni una gaseosa. Con todo y el ligero favoritismo de De la Hoya, yo escojo ganador a Trinidad...

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