IRRESPONSABILIDAD

Un alto funcionario del Estado me comentaba a mediados de la semana pasada lo sorprendido que se hallaba al comprobar el grado de sectarismo y de división de los colombianos. Tiene toda la razón. La intransigencia propia del sectarismo está entrabando la salida de la crisis en la cual se encuentra el país.

18 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Plantear ideas y cursos de acción se ha vuelto difícil en Colombia. Mirar hacia adelante pasando por encima de lo accidental, poco menos que imposible. No hay un debate de altura y civilizado, sino la descalificación inmediata a través de la imposición de rótulos , que es la manera más fácil y expedita de bloquear cualquier discusión. Se trata de alinear las ideas o las sugerencias de las personas, para desacreditarlas. Se está a favor de Pastrana o en contra de Pastrana. A favor o en contra del Gobierno. Se es amigo o enemigo de la paz. Si se apoyan el ajuste fiscal y la búsqueda de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional se es neoliberal y enemigo de los pobres. Si se está en contra de la política económica se es irresponsable . Si a uno le gusta la reforma laboral, está en contra de los trabajadores. En fin. Es un juego en el cual nadie gana y todos perdemos.

La polarización es increíble. Era predecible que después de la tempestad desatada por los cuatro años de crisis política del gobierno de Samper viniera una época más calmada. No ha sido así. El empeoramiento de la situación económica en el primer año del nuevo gobierno, las vicisitudes del proceso de paz y todas las manifestaciones de una guerra sin sentido, han dividido más a los colombianos en vez de unirlos alrededor de un proyecto grande, nacional, que nos permita enfrentar y superar las dificultades. El Gobierno no está exento de culpa. Como tampoco lo están los políticos, ni quienes se consideran líderes de la opinión.

Eduardo Posada Carbó llamó mi atención hace unas semanas sobre el tema de la responsabilidad política y moral no solo de los políticos y los gobernantes, sino también de quienes dirigen la opinión. Me recomendó la lectura de un libro titulado, precisamente, El peso de la responsabilidad, escrito por un académico norteamericano, Tony Judt, que se refiere a la historia de Francia en el período que va desde el fin de la primera guerra mundial hasta los años 70 de este siglo. Estoy haciendo la tarea. Y me he encontrado con una cierta similitud con el caso colombiano de la hora presente en lo que tiene que ver con la incapacidad de una sociedad para enfrentar sus grandes dilemas y problemas debido a que sus líderes y sus intelectuales se quedan en la discusión partidista o parroquial de sus asuntos, defendiendo intereses específicos, sin entender lo que sucede a su alrededor, ni las exigencias de la época en la cual les tocó vivir, ni el lugar que ocupan en la sociedad. Es la irresponsabilidad.

Es posible que la sociedad colombiana nunca haya estado tan dividida como lo está en la actualidad. Sorprende y preocupa la virulencia de los ataques al Gobierno, al que se achacan todos los males del país. No han faltado quienes lo culpen del execrable asesinato de Jaime Garzón. Y sorprende, a su vez, la dificultad del Gobierno para establecer puentes, para convocar, para representar a todos los sectores de la sociedad y no exclusivamente a unos segmentos amigos. Como sorprende la falta de comprensión de lo que se requiere para salir adelante. Hemos caído en una especie de juego de suma-cero en el cual si usted gana, yo pierdo .

Si esto es así, no es previsible que pasen por el Congreso las reformas, ni el presupuesto para el 2000, ni que, por consiguiente, se logre concretar el acuerdo con el FMI. Ni que se pueda avanzar hasta llegar a una negociación con los grupos alzados en armas. Nadie está dispuesto a ceder nada. Al paso que vamos, solamente una acción internacional podría salvarnos. Como salvó a Francia el movimiento internacional posterior a la guerra para recuperar a Europa a través del Plan Marshall, de la OTAN y de la integración económica.

La responsabilidad política y moral es entender las exigencias del momento y pasar por encima de diferencias políticas, de personalismos, de la politiquería, para generar una visión de futuro, de largo plazo, que nos una a todos los colombianos alrededor del propósito común de la paz, la justicia y el bienestar económico y social.

* * * En una reunión social en el exterior, hace poco más de un mes, una señora italiana me preguntó si en Colombia había libertad de prensa. Le contesté que sí, que no existía ningún tipo de censura oficial a los medios. Extrañada, me contrapreguntó si no era en Colombia donde mataban a los periodistas. Le contesté que, infortunadamente, era así. Ah!, respondió, entonces no hay libertad de prensa. Cuánta razón tenía.

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