DE GALÁN A GARZÓN

DE GALÁN A GARZÓN

Agosto de 1989: asesinan a Luis Carlos Galán en una plaza de Soacha. Agosto de 1999: asesinan a Jaime Garzón en una calle de Bogotá.

18 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Diez años pasan entre los dos crímenes. La reacción popular es la misma: multitudinaria, adolorida, vehemente en favor de la paz. En 1989 clamábamos por que el de Luis Carlos fuera el último asesinato, el que colmara la copa, el que condujera a una contrición profunda sobre la demolición sistemática del país. Pero los colombianos algunos colombianosno aprendemos.

Cuando Galán murió, Garzón era un desconocido. Había participado en la campaña de Andrés Pastrana para la alcaldía de Bogotá y había sido alcalde de Sumapaz, pero aún no había estallado su formidable talento en la televisión. Menos de una década bastó para dar a conocer a un tipo genial, cuyos personajes supieron interpretar al pueblo. Esto habla elocuentemente de la capacidad creativa del país. Por desgracia, su capacidad de destrucción es mayor.

Al ver viejas grabaciones de Garzón, vuelve a estremecerme algo que ya había adivinado: detrás de la risa estentórea de Heriberto de la Calle, su mejor hijo, había un rictus de miedo. El que nos sobrecoge a todos.

Es increíble cómo esta Colombia suicida ha sacrificado a muchos de sus mejores ciudadanos. Gentes irrepetibles en su campo, desde Camilo Torres hasta Jaime Garzón.

Distante y zanahorio? Galán no solo era un tipo irrepetible y un hombre público de calidades sobresalientes inteligencia, patriotismo, honestidad, preparación, sino un estupendo ser humano. Algunos lo consideraban serio y distante, y no faltaba el que lo tachaba de zanahorio . Quizás era serio a veces, hasta bravo, como buen santandereano y a lo mejor imponía un tácito tratado de límites , como dijo Hernando Téllez de Eduardo Santos. Pero no era solemne ni aburrido. La seriedad no es opuesta al humor pompa y reverencia sí lo son, y Luis Carlos era demasiado inteligente como para privarse del humor.

Era zanahorio , en el buen sentido de la palabra. No lo imagino, por ejemplo, en parrandas desaforadas o en riñas de bar. Tuvo gran éxito con las mujeres muchas veces sin saberlo. (Conozco a una señora catalana que fue guía suya y de su mujer en España, y que todavía sueña con él y le tiemblan las piernas al recordarlo, aunque ni siquiera llegó a hablar dos minutos a solas con Luis Carlos.) También padeció dolorosas experiencias amorosas, como la de una novia que se quitó la vida en 1967. El doctor Santos, que era graduado en dolores porque había perdido a su única hija y a su mujer, le mandó entonces unas líneas conmovidas: Nada podría decirle: en casos como este, todas las frases son vanas; todo lo que pretendiera ser consuelo, inoportuno. Tan solo un silencio lleno de emoción y afecto corresponde a tanto infortunio. Créame, querido Luis Carlos, que de todo corazón lo compadezco y apoyo Quien pierde lo que usted y yo hemos perdido, y sabe sin embargo conservarlo vivo y presente, puede, cuando está solo, decir a la Ausente: J ouvre, comme un tresor, mon coeur tout plein de toi Abro, como un tesoro, mi corazón pleno de ti] .

Para un hombre parco en sentimentalismos, como Santos, este mensaje era una profunda declaración de afecto. Lógico que lo fuese. Galán figuraba entre quienes Santos tenía como futuros capitanes de El TIEMPO. En 1970, cuando Misael Pastrana lo invitó a ser ministro de educación, Luis Carlos sabía muy bien a qué renunciaba y en qué juego entraba. Compartió la duda con unas pocas personas cercanas a él, y al final escogió la carrera política. Aspiraba ya a ser presidente, pero entonces no había asomado su sucio hocico la violencia del narcotráfico, que acabó por destruir su sueño, que era el de muchos.

Galán lo vio a tiempo Una de las ideas fijas de Galán fue la educación. Solo la educación con la cual el actual gobierno ha hecho una demagogia electoral irresponsable habría podido evitar el abismo en que estamos. Hay una interesante carta que dirigió Galán a Carlos Lleras Restrepo el 18 de julio de 1975, cuando este le propuso que aceptara la subdirección de Nueva Frontera. En ella formula atinados comentarios sobre la situación del país. Habla de la necesidad de un nuevo marco ético a los sistemas de financiación de los partidos , aboga por una libertad de prensa que no solo beneficie a los empresarios y reclama, en vez de pactos de poder, pactos de programas.

En torno a la educación, señala cómo el liberalismo se hizo el desentendido en el parlamento ante los proyectos de reforma que él presentó siendo ministro. En todo el proceso nunca pude afirmar que estas tesis tenían el apoyo de los hombres más representativos del liberalismo, aun cuando procuré utilizar todos los medios de comunicación para persuadir a la opinión pública sobre la necesidad de las reformas, al tiempo que advertía los graves problemas que habrían de presentarse si estas se dilataban.

Hace más de 25 años, pues, Galán ya había señalado a la clase política el peligroso futuro que aguardaba a un país indiferente ante la pobreza y desigualdad de su educación. Hoy comprobamos angustiados cuánta razón tenía.

Lecciones de Rojas Pinilla Si algo nos debe enseñar el pasado es a conocer nuestros errores. La interesante biografía de Gustavo Rojas Pinilla que ha escrito Jorge Serpa Erazo permite deducir al menos dos lecciones de aquel gobierno que pudo ser puente hacia una Colombia mejor y terminó como melancólica dictablanda. Primero: fue grave error de Rojas nombrar en 1953 un gabinete sin grandeza, exclusivamente formado por una fracción del partido conservador. Esta torpeza acabó por enajenar el concurso que anhelaban prestar otros sectores políticos. Y, segundo, faltó generosidad a su amnistía a los alzados en armas. Al negarse a incluir rebeldes de tinte comunista, dejó fuera de la ley a varios grupos campesinos. Uno de ellos, en el Tolima, estaba comandado por un tal Manuel Marulanda Vélez.

Gabinetes de segundo orden y amnistías parcializadas: dos de los errores funestos de Rojas Pinilla. El que tenga ojos, que vea, como dice el Evangelio

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