AURELIO ARTURO 1906-1974. POETA DEL PARAÍSO PERDIDO

AURELIO ARTURO 1906-1974. POETA DEL PARAÍSO PERDIDO

AURELIO ARTURO (1906 1974) Quienes lo conocieron, sus amigos como Rafael Maya, Alvaro Mutis, Fernando Charry Lara y Mario Rivero, hablan de alguien muy parco en su conversación, casi monosilábico , tímido, de hablar apagado y monótono y con un aire vago de dandysmo de Harvard de los años veinte , que su corbatín siempre en el clásico estampado paysley y sus trajes se empeñaban en señalar.

06 de junio 1999 , 12:00 a.m.

Así era la persona de Aurelio Arturo, un poeta del todo desconocido por el público dentro y fuera de Colombia, que ha gozado, sin embargo, de un buen prestigio entre los escritores e intelectuales del país desde hace varias décadas y hoy es uno de los más respetados entre las nuevas generaciones de poetas y cuya influencia sobre algunos de los más jóvenes es notoria.

Sus datos biográficos son escuetos: nació en 1906 en La Unión, pequeño pueblo de Nariño; se trasladó de joven a Bogotá, donde vivió toda su vida. Estudió derecho, fue magistrado de los tribunales superiores Militar y del Trabajo; se vinculó a la embajada de Estados Unidos como traductor; murió en Bogotá en 1974.

Obra y vida parcas Su trayectoria dentro de la poesía colombiana es bien singular, pues su obra no tiene vínculo con ninguno de los grupos generacionales del momento. Más bien aparece como puente entre la generación de Los Nuevos y la de Piedra y Cielo , sin tener ninguna característica de la una o de la otra. Tampoco está en sintonía con las corrientes vanguardistas del momento en América Latina. Además, su obra es sumamente breve, pues en el lapso de 33 años publica tan solo 31 poemas, los cuales constituyen su obra canónica, ordenada y autorizada por él mismo.

La vida literaria de Arturo es tan parca como su persona y su biografía. De manera oficial comienza en 1932, cuando Rafael Maya le publica los primeros poemas en las páginas literarias del periódico El País; en 1942 la revista de la Universidad Nacional saca a la luz el poema Morada al sur que dará el título a su único libro; la colección Cántico, dirigida por Jaime Ibáñez, publica un cuadernillo con 13 poemas en 1945.

En 1936 recibe el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia por su libro Morada al sur, gracias a lo cual por fin se publica. En 1977, el Instituto Colombiano de Cultura edita el libro Obra e imagen, preparado por Arturo antes de morir, el cual lleva 31 poemas y que se considera como su obra completa.

Treinta y un poemas, de los cuales 14 componen el libro maestro de Arturo, Morada al sur. Y digo maestro porque, en verdad, es una obra de calidad que, además, abre nuevos derroteros para la poesía que se escribe después. Según es fácil establecer, ese conjunto de poemas fue escrito en épocas muy diferentes: 1931, 1934, 1942 y 1960.

Sin embargo, Morada al sur tiene una unidad temática y estilística que los críticos, como Danilo Cruz Vélez, han dividido en dos ciclos: uno dedicado a la infancia y otro amoroso. Aunque ambos ciclos no se excluyen entre sí, el que recrea la infancia es el determinante.

Para Arturo, esta es el paraíso perdido que, metafóricamente, se encuentra en el sur, en su Nariño natal. Ese paraíso está encarnado de manera rotunda en la naturaleza: todo se asimila a ella, hasta Este verde poema, hoja por hoja, / lo mece un viento fértil, auroeste; / este poema es un país que sueña, / nube de luz y brisa de hojas verdes . Incluso, según lo ha observado Eduardo Camacho Guizado, Arturo llega a naturalizar lo humano, es decir a fundir la tierra con el hombre y con la mujer.

Contemplación serena La naturaleza de Morada al sur es rumorosa, mestiza , nocturna, de celestes follajes , vientos eternos, estrellas murmurantes , fragancias y hierbas mágicas . Y la realidad es hermosa: es dulce la vida y también la vida es bella , la tierra es buena , el viento fiel , el sol generoso , la noche balsámica . En suma, se trata de una poesía idealizante, que remueve esa experiencia de paraíso que todos llevamos dentro, muy adentro. Se trata también de una contemplación serenísima del mundo circundante, como si fuera la primera mirada del hombre hacia ese mundo, hacia los otros y hacia sí mismo.

Es una poesía que se asemeja a un soliloquio, como escrita en duermevela. En este sentido, el poeta parece ser un niño milenario en un despertar enigmático y medio sonámbulo, cifrando los hábitos de la noche, las hablas del agua, la enajenación del boscaje, el rumor de la yerba. Conocimiento es recuerdo y el poeta es la conciencia del recuerdo de un paraíso perdido.

Pareciera como si instalado en la ciudad hubiera vivido añorante siempre de días y noches que quiere recuperar contando una historia: te hablo de días circuidos en los más finos árboles. Te hablo de vastas noches alumbradas . No cabe duda de que su deuda con Saint-John Perse es considerable, sobre todo con aquel hermoso poema Para celebrar una infancia.

Y también quién lo creyera hay ecos de Barba Jacob, según lo han advertido con sagacidad Mario Rivero y Fernando Arbeláez. De ese Barba también añorante de la infancia, de los cantos de la niñera y de paisajes evocadores. Pero en su caso, Arturo ennoblece lo cotidiano, con palabras muy meditadas y medidas para entregar una poesía diáfana, sin smog, musical y plácida.

Unico libro AURELIO ARTURO MARTINEZ. Nació en La Unión (Nariño), el 22 de febrero de 1906; murió en Bogotá, el 24 de noviembre de 1974. Graduado de abogado en el Externado de Colombia, publicó, en 1928, cuando todavía era estudiante, sus primeros poemas en la revista Universidad, que dirigía Germán Arciniegas. Dedicado por entero al ejercicio del Derecho; la poesía y la traducción las practicó en sus ratos libres pero de manera constante. En 1963 se editó su único libro: Morada al Sur cuyos poemas, 13 en total, fueron publicados en diferentes revistas y periódicos entre 1945 y 1963; el poemario fue ganador del Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia . Ejerció algunos cargos públicos como Secretario General del Ministerio de Trabajo y fue funcionario del Ministerio de Defensa. Meses antes de su muerte había recibido el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño.

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