BOGOTÁ COQUETA

Uno de los aciertos más aplaudidos de la alcaldía de Antanas Mockus fue su propósito de hacer de Bogotá una ciudad coqueta. Claro que no alcanzaría, en los dos años y pico que estuvo al frente de la administración capitalina, a hacer realidad un plan tan ambicioso. Más bien, Antanas intentaba crear en los ciudadanos la mentalidad de que la coquetería de Bogotá depende de cuanto cada uno de sus habitantes quiera y se sienta capaz de aportar al respecto. Me parece que en ese sentido logró bastante. La Bogotá pre-Antanas no es la misma Bogotá post-Antanas. La ciudad ha mejorado mucho en aspectos antes deplorables. Los separadores, valga el caso, ayer unos muladares vergonzosos, a los que nunca se peluqueaba , hoy exhiben un aspecto atractivo, bien mantenidos y cuidados. En el norte nacieron nuevos jardines públicos gracias a que la comunidad entendió que una ciudad coqueta es el resultado del buen gusto y del amor por Bogotá.

17 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

La filosofía de Bogotá Coqueta debe mantenerse. El eslogan de los 2.600 metros más cerca de las estrellas , bien intencionado, es abstracto y no les transmite a los bogotanos ningún mensaje comprensible, ni convincente.

El secreto encanto de las ciudades europeas París, por ejemplo está en su coquetería. En cada detalle, en la arborización profusa, en la iluminación donde cada anuncio de neón es un prodigio imaginativo, en esas luces que se encienden y se apagan y llenan el ambiente de una alegría contagiosa.

Los alcaldes pueden hacer grandes obras materiales, pero el que estas se conviertan en patrimonio de los ciudadanos depende de los ciudadanos y no de la administración. Ahí tenemos, verbigracia, el paseo de la carrera 15. Contra todos los que lo criticamos, quedó lindísimo y es un buen prospecto para los amigos de caminar. Qué le falta? Le falta coquetería, ese charme indefinible que deben aportarle quienes habitan el sector y tienen allí sus comercios. Hay que adornar los edificios, llenarlos de flores, iluminarlos con letreros de neón, grandes y pequeños, pintarlos, asearlos, volverlos coquetos, de modo que los paseantes de la 15, además del gusto de caminar, sientan el agrado de mirar y el deseo de visitar los almacenes. La coquetería, quién lo creyera, podría ser un elemento poderoso en la reactivación de la economía y un factor de optimismo fundado.

De donde la importancia de insistir en Bogotá Coqueta, en una Bogotá que muestre el espíritu amable y acogedor de sus habitantes. Y Bogotá Coqueta implica reformas sociales y urbanas profundas, que permitan eliminar tanta lacra anticoqueta: miseria, mendicidad, desempleo, mal humor, intolerancia. Es un compromiso ineludible de los ciudadanos con su ciudad, consigo mismos.

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