ACELERAR LA PAZ

A Jesús Antonio Bejarano, in memoriam.

17 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Las recientes derrotas de las Farc podrían estar anunciando cambios muy importantes en la dinámica militar de nuestra confrontación armada. Centenares de guerrilleros han muerto en los últimos meses en combates que no tienen antecedentes en el país. Las Fuerzas Militares empiezan a recuperarse de las derrotas que les propinó la guerrilla en los años anteriores.

Analizar estos hechos militares es importante porque tarde o temprano van a tener una incidencia en el ritmo, el contenido y el alcance de las negociaciones de paz. La guerrilla sabe bien y el Estado empieza a entenderlo que una de las más viejas enseñanzas de la guerra es que no se puede pretender alcanzar en la mesa de negociaciones lo que no se ha podido conseguir en el campo de batalla.

Hasta ahora, la guerrilla estaba imponiendo las condiciones de la confrontación militar y eso le permitía imponerle al Estado las condiciones de la negociación política. Pero si esta situación se modifica en favor del Estado y de sus Fuerzas Militares de manera permanente, y si el Gobierno tiene la decisión suficiente, es posible que la negociación del conflicto entre en una fase en que la guerrilla ya no esté en capacidad de obstruir y dilatar el proceso como hasta ahora y, por consiguiente, que la negociación gane en celeridad y consistencia.

Sin embargo, la niebla de la guerra o sea, esa complejidad que a veces impide a las partes saber cuándo empiezan a ganar o a perder y el hecho de que todavía haya mucho por jugar en el terreno militar, obliga a tomar las cosas con alguna prudencia.

En términos estratégicos, las Farc todavía no están derrotadas. Pero las Fuerzas Militares se han demostrado a sí mismas y a la opinión pública que, a pesar de sus avances recientes, esa guerrilla no es invencible en el plano táctico y operacional. Que tiene puntos muy vulnerables, que la soberbia les ha dado exceso de confianza, que también tienen sus rutinas desastrosas, que su aprendizaje no es tan rápido, ni es tan grande su flexibilidad.

Pero de lo anterior no se puede deducir que las Farc hayan llegado a lo que Clausewitz llamaba el punto culminante de victoria, esto es, el punto en el que los avances se vuelven retrocesos por sobreextensión. Esta organización insurgente tendrá que ajustar sus formas operacionales para contrarrestar la amenaza aérea de las Fuerzas Militares y para neutralizar su coordinación con las fuerzas de superficie. Opciones para lograrlo no les faltan: suspender las acciones que requieran concentrar gran número de combatientes; regresar a la guerra de guerrillas clásica, con pequeños grupos que hostigan y emboscan; atacar en tierra a la fuerza aérea; asumir el reto de la guerra antiaérea utilizando misilería.

La más descartable sería la última. Las Farc no tendrían capacidad de respuesta frente al tamaño de la reacción que podrían provocar, nacional e internacionalmente, con el primer avión o helicóptero que ellas derriben con misiles. Porque después de utilizar el primer misil, o tienen cientos de ellos disponibles, o podrían ser muy golpeadas por la reacción que les caería encima. Para empezar, ningún otro hecho escalaría tanto ni tan rápidamente la ayuda militar hacia Colombia.

Pero la consecuencia política más importante de los recientes golpes en combate a las Farc es que se hace evidente que la negociación no tiene por qué excluir la búsqueda simultánea de la derrota militar del otro bando. De hecho, las Farc seguirán luchando por tomarse el poder y por derrotar al Ejército hasta el día anterior a la firma de un tratado de paz. Descartada con realismo la posibilidad de desarrollar con éxito una guerra de aniquilamiento contra las Farc, el Estado sí estaría en capacidad de adelantar una guerra exitosa con objetivos y alcances limitados.

En la perspectiva de una guerra limitada que conduzca a un acuerdo de paz, para que el Estado derrote a la guerrilla tendría que limitar su expansión, reducir su poder de fuego, recuperar el control de zonas estratégicas, quitarle libertad de acción, impedirle la iniciativa militar, en fin, hacerla desistir de su intención de continuar la confrontación armada y convencerla de que su victoria total es imposible.

Por esta razón, aunque parezca contraevidente, si se explotan políticamente, los golpes que las Fuerzas Militares les propinen a las Farc podrían acelerar el advenimiento de la paz, mientras que las derrotas del Ejército a manos de la guerrilla prolongarán inútilmente la guerra.

(Adiós, Chucho. Cuánta falta nos harás.) arangelsuarez

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