UN ADIÓS EXTRAÑO Y PERTURBADOR

UN ADIÓS EXTRAÑO Y PERTURBADOR

Ojos bien cerrados, la cinta póstuma de Stanley Kubrick, no se refiere al intercambio de parejas como tendenciosamente han informado algunos medios de comunicación. Sus protagonistas tampoco son psiquiatras y las tan anunciadas escenas de sexo en grupo obedecen a números coreográficos en un ritual de máscaras pero sin llegar al clímax del deseo pasional. Es una película extraña que resulta emocionante ver puesto que las atmósferas nocturnas, sofisticadas y grotescas, llegan a ser más contundentes que su misma ilación dramática. Con perfiles psicológicos de toques demenciales, el tema central alude a la búsqueda de algo oscuro en donde fantasías eróticas y sueños o secretos no compartidos pueden afectar la estabilidad emocional de muchos matrimonios. Un descenso casi infernal, en búsqueda de experiencias interrumpidas y no muy gratificantes que comprometen sus respectivas integridades.

17 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

El maestro Kubrick, quien parecía presentir su desenlace, sufrió un fulminante infarto días antes de culminar la filmación de este proyecto. La muerte se presenta aquí en situaciones inesperadas y de violencia súbita que cubre con un manto la presencia descompuesta del sexo. Basta recordar a la hija del recién fallecido que manifiesta todas sus ansiedades reprimidas al lado del cadáver de su padre, y antes de que llegue su prometido; la modelo desnuda que entra en estado comatoso por efectos de una sobredosis neoyorquina; aquella mujer asesinada que advierte sobre los peligros de una sociedad secreta; esa otra niña ninfómana de una tienda de disfraces que es conducida a la perversión por su progenitor o el caso de Dominó la prostituta callejera a quien el Dr. Harford ni siquiera alcanza a desvestir y al día siguiente resulta seropositiva.

A partir de la situación de un oficial que miró fijamente a una mujer casada, en Rapsodia de una novela soñada del dramaturgo vienés Arthur Schnitzler, el connotado adaptador cinematográfico de otros textos literarios logra escenificar con abundantes detalles las trampas inequívocas que se ciernen sobre los individuos hasta hacerlos naufragar entre las pesadillas y la realidad pensemos en Lolita, La naranja mecánica, El resplandor o Nacido para matar. Con una brillante fotografía, dirigida según los créditos por un camarógrafo iluminador, asistimos a una visión dantesca de una noche neoyorquina como sólo Martin Scorsese había podido plasmar en Taxi Driver o Después de la hora..

Entre personajes repulsivos y vulnerables, Kubrick captó con lucidez la confusión reinante en muchos sectores decadentes de nuestra sociedad. Es por tal motivo que sus más implacables detractores fueron y siguen siendo sus compatriotas norteamericanos que nunca le perdonarán haber poseído el sentido de la autocrítica. Si Fellini es mencionado con insistencia como una fuente de inspiración para escenificar su incomprendida secuencia del ritual eclesiástico y nudista al estilo veneciano, el morbo de Polanski se filtra en medio de guiños paranoicos, y los abismos atribuidos a Bertolucci trascienden más allá del manejo de un erotismo no complaciente sino perturbador.

mlaurens andinet.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.