LA TRAGEDIA DEL 82

LA TRAGEDIA DEL 82

La noche del miércoles 17 de noviembre de 1982 será recordada como una de las más tristes en la historia del fútbol vallecaucano y colombiano.

08 de marzo 1999 , 12:00 a.m.

Ese día se jugaba en el estadio Pascual Guerrero la sexta fecha del octagonal entre América y Deportivo Cali. El partido, después de unos 90 minutos espectaculares, terminó 3-3. El equipo verde remontó un marcador adverso de 3-1 y finalmente alcanzó la igualdad.

Cuando los aficionados salían felices para su casa después del buen espectáculo visto, ocurrió algo que no estaba en los planes de nadie. Unos irresponsables aficionados comenzaron a orinar desde la parte alta de la tribuna sur y la gente abajo empezó a correr despavorida.

En fracción de segundos el Pascual Guerrero pasó de ser centro de una fiesta deportiva a un escenario de una tragedia de grandes magnitudes. La estampida de los espectadores, que se acumularon en las puertas de salida, dejó como balance 24 muertos y más de 100 heridos.

La causa principal de los decesos fue la asfixia, al ser pisoteados por la multitud presurosa. Claro que el pánico que se apoderó de los asistentes también ayudó a que aumentara el desconcierto y el número de damnificados.

Dentro de los muertos, el mayor número fue de adultos que ocupaban la parte popular sur del estadio, además de siete niños y tres damas, una de ellas embarazada.

Los fallecidos eran, en su mayoría, de procedencia humilde. En los barrios populares de Cali, donde residían las víctimas, se advirtió una gran movilización como pocas veces se vio en la ciudad.

Sin sangre En el Parque Panamericano, que está ubicado al frente del estadio, la gente se aglomeró a la espera de noticias, ya que a los cinco minutos del percance miles de aficionados ignoraban lo que había ocurrido.

En los principales hospitales caleños, poco a poco, se fueron aglomerando familiares y amigos que querían conocer la suerte de sus allegados. Mientras más de cien médicos trabajaban horas extras para controlar la emergencia, la sangre se acabó en la ciudad. Los medios de comunicación pusieron su granito de arena para hacer un llamado a la ciudadanía y solucionar el inconveniente.

Julio Riascos Alvarez, alcalde de Cali en 1982, culpó a una serie de sujetos que sin cultura de ninguna clase no tienen inconvenientes en hacer sus necesidades fisiológicas en las tribunas, ocasionando con ello el malestar natural y lo que era imprevisible, una tragedia como la que hoy lamentamos .

La tragedia se registró 364 días después del insuceso del estadio Murillo Toro, de Ibagué, en el cual 19 aficionados perecieron aplastados por los escombros de una baranda, que cedió por una baranda y se precipitó a tierra.

Aunque en Cali en un principio se sindicó de lo ocurrido a un hombre llamado Antonio, que vestía sudadera roja, los responsables nunca fueron capturados. Lo ocurrido esa noche en el Pascual Guerrero quedó en la impunidad...

FACSIMILE de la página de EL TIEMPO del año 82.

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