CUMPLEAÑOS DEL SONETO

CUMPLEAÑOS DEL SONETO

No resulta difícil adivinar el anterior salpicón. Se trata de un soneto elaborado a base de los primeros versos de muy famosos sonetos castellanos (entre paréntesis, los apellidos de sus autores). Digamos que es el homenaje que rinde esta columna al soneto con motivo de su cumpleaños.

12 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Como nadie sabe a ciencia cierta cuándo nació el soneto, me doy el lujo de proclamar oficialmente que esta receta poética, una de las más hermosas y perpetuas formas de la literatura, está celebrando 780 años de vida. Podría ser. La historia dice que fue inventada por Giacomo de Lentino en algún momento entre 1215 y 1233. Me da el pálpito, no se por qué, de que fue en septiembre de 1219 cuando el notario siciliano decidió que el viejo strambotto de la poesía regional, compuesto por dos cuartetas, sacara a bailar a dos tercetos de su invención. Lo bautizó soncito , que es lo que significa sonetto en italiano, y lo echó a rodar por la corte, de la cual era parásito ilustrado.

Rodando rodando, el soneto se extendió con Dante (La Vita Nuova, 1293) y alcanzó su máxima altura en el Cancionero de Petrarca en 1340, cuando ya tenía más de 120 años.

A pesar de la proximidad entre Italia y España, tardó un siglo en llegar a nuestra lengua. Lo hizo de la mano del Marqués de Santillana, que dedicó los últimos veinte años de su vida (1440 a 1460) a verter palabras castellanas en el troquel importado de Italia. No tuvo mucha suerte. Los sonetos del buen Marqués cojean con más dolor que gloria, y se considera que la verdadera oportunidad en que el español abrazó las formas italianas fue en 1526. Esta sí es una fecha precisa, y un hito en nuestra literatura, pues corresponde al encuentro entre el embajador de Venecia en España, Andrea Navagiero, y el poeta Juan Boscán. El diplomático comprometió a Boscán a que trabajara con las formas italianas, y este y su amigo Gracilaso de la Vega se lanzaron a experimentar con la trampa dulce de catorce versos.

Boscán lo hizo con más profusión, y dejó 92 sonetos. Garcilaso, con más talento, escribió sólo 29, pero varios de ellos son maravillas dignas de la más exigente antología poética en español. El libro al alimón que recoge la obra de Boscán y Garcilaso planta en tierra 121 sonetos. Cuántos más se habrán escrito desde entonces? Millones, a lo mejor. Dicen que Lope de Vega escribió unos 1.500; Góngora, 177; Quevedo, 526, entre los cuales figura quizás el mejor de toda la canasta de sonetos castellanos: aquel que termina polvo serán, mas polvo enamorado .

Desde entonces, el soneto habitó entre nosotros.

En la literatura colombiana debuta bastante temprano. Uno de nuestros primeros poetas, el muy ilustre y retorcido Hernando Domínguez Camargo, escribió un soneto en versos de once sílabas (el clásico castellano) a un pueblo que hoy yace bajo las aguas de una laguna: aquesto es Guatavita, caminantes . Desde entonces, casi todos los poetas más alentados sin excluir época alguna se le han medido a esta prueba lírica extraordinariamente difícil. Algunos de ellos, como Silva y Barba Jacob, perdieron la batalla: sus sonetos merecen misericordioso olvido. Otros, en cambio, demostraron que era el agua en que mejor nadaban. Esto puede decirse de Pombo, de casi todos los piedracielistas (Carranza, Rojas, Camacho Ramírez) y, sin duda, de José Eustacio Rivera, cuyos sonetos de Tierra de promisión son música, escultura y poesía.

En América Latina ha habido también enormes gladiadores del soneto, como sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Darío (prefirió los alejandrinos, versos de catorece sílabas), César Vallejo, Pablo Neruda, Francisco Luis Bernárdez y Jorge Luis Borges.

El soneto es tan noble que puede reunirse con otros de su especie y formar nuevos sonetos sin cambiar de métrica ni de rima. A veces, ni siquiera cambia de tema. Quiero recuperar aquí un curioso soneto armado magistralmente a partir de catorce sonetos diferentes y de épocas distintas. Se titula A la luna y fue publicado en La semana cómica, periódico bogotano de actualidad política y literaria, el lo. de marzo de 1924.

Hace pocos meses, al enfrentar este sorprendente rompecabezas, un grupo destacado de poetas, poetófilos y poetómanos presidido por el jurista Gabriel Jaime Arango se declaró vencido. Voy a publicarlo sin autores, y en la próxima columna daré a conocer los nombres de los catorce poetas.

Cándida luna que con luz serena del espacio los ámbitos dominas y el horizonte lóbrego iluminas de pompa, majestad y gloria llena! Sientes acaso la amorosa pena, y a la mansa piedad dulce te inclinas, y en busca de un amado te encaminas que a eterna desventura te condena? Parece que me escuchas y parece que en gloria y paz, amor y venturanza, tibia, modesta, fugitiva Luna, tu faz en dulce lumbre resplandece, y entre el vago temor y la esperanza constante dura sin mudanza alguna.

Si algún lector los conoce, que lo diga ahora. De lo contrario, que calle para siempre.

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