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REFLEXIONES DE POLICÍA

REFLEXIONES DE POLICÍA

El crimen cometido una mañana bogotana echó a perder ilusiones infantiles y cubrió de luto a una sociedad que respondió airada, con indignación y repudio. No podía ser de otra manera, porque a pesar de todas las dolencias colombianas todavía nos asisten principios arraigados muy profundamente; porque todavía somos sensibles; porque los recintos donde se aposenta la autoridad nos merecen acatamiento y respeto; porque nuestra Institución es admirada y actos como éste desconciertan y sorprenden. El demencial despropósito pudo ser cometido por un policía y por ello no han amainado las censuras contra una Institución a la que se ha puesto en el banquillo de los acusados, lo que no es sensato ni es justo porque los inmensos servicios que a diario viene prestando este organismo armado, no pueden desconocerse ni opacarse por un solo enajenado que materialice su maldad y su sevicia. La sangre policial, durante toda esta guerra derramada, no puede correr ajena a la conciencia de la nación por

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Lamento el desgraciado acontecer, con amor de buen padre de familia y con dolor de patria. Mucho más si se comprueba que fue cometido por un policía. Los policías de Colombia, desde el suceso, nos sentimos avergonzados y dolidos en lo más profundo de nuestros seres. Así se lo hemos dicho a la comunidad nacional, que no es hora de destrucción de instituciones sino de reflexión y solidaridad ante la terrible epidemia que carcome nuestros más caros valores cristianos.

Cuando en los hogares hay una oveja negra, no por eso puede enjuiciarse a toda la familia. Cuando en instituciones oficiales de todos los órdenes hay lunares que deslucen, no por ello desconocemos la grandeza de las entidades. Ellos, los honestos y de rígidos valores, también se sienten como nosotros, avergonzados de sus colegas indignos; pero siempre quedarán a salvo las instituciones a las que debe evaluarse objetiva y justamente tanto en sus aciertos como en sus errores, tanto en su proyección social como en la debilidad que le generan sus excepciones.

El crimen ocurrió en una estación de Policía. Ha podido consumarse en cualquier otro lugar; las edificaciones son circunstanciales. El delincuente busca el tiempo, modo y lugar que le sean favorables y encontró estas circunstancias en una unidad de policía. La elección de ese escenario lamentablemente profanó la diamantina majestad de la autoridad y nos salpicó de deshonor y de ignominia. Pero muy por encima de lo ocurrido, y aun en el caso de ser un policía el responsable, la Policía Nacional mantiene incólumes sus principios, sus valores, su filosofía, su doctrina. Repudia lo ocurrido, pero aspira a que este fatal hado no mine más allá sus propias estructuras, producto de 100 años de tesonera labor.

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