ESTRATEGIAS Y RESULTADOS

ESTRATEGIAS Y RESULTADOS

Rudolf Hommes Rodríguez, en su afán de soslayar los estragos de su indiscriminada apertura hacia adentro, la emprende con agresividad atávica, en belicoso y bilioso estilo, contra la operación de estabilización lanzada y realizada en 1977 con el mejor de los éxitos y sin perjuicio de la aceleración del desarrollo económico.

09 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Su desafecto persecutorio por un académico con cuyo concurso contamos en esa oportunidad, lo lleva a tergiversar la verdad histórica, a desconocer la forma como se cumplió esa fecunda tarea bajo la iniciativa y dirección del ministro de entonces y a falsear sus resultados. No obstante, a contrapelo de su proclividad a guiarse por pasiones y sentimientos personales, más vale resaltar las diferencias de las estrategias económicas aplicadas en las dos ocasiones, así como de los logros voluntarios o involuntarios de una y otra. La cuestión no es de nombres.

El problema inflacionario se originó a mediados de 1975 con motivo de una helada en el Brasil y la consiguiente impetuosa alza de los precios internacionales del café. En vano se pretendió detenerlos en el nivel de dos dólares la libra mediante entendimiento frustrado con ese país. Con ayuda de la guarda especulativa de existencias, a la espera de más altas cotizaciones, pasaron la barrera de los tres dólares.

Las reservas monetarias internacionales se incrementaron y los medios de pago se desbordaron en el curso de 1976. Todo indicaba la necesidad de proceder con suma celeridad, mas sin los instrumentos de la emergencia económica, descartada de plano por el Jefe del Estado. Y, también, sin parar en seco al país, disparando a la loca y sin el menor criterio selectivo las tasas de interés.

Había que atacar el fenómeno primariamente en la fuente. Contener el aumento de las reservas monetarias internacionales y su efecto sobre el medio circulante. El mecanismo neurálgico consistió en diferir la efectividad de los certificados de cambio, a menos que por ella se optara con descuento. Su capacidad de contracción monetaria colmó todas las esperanzas.

Dada la fuerza impelente del circulante, se le acompañó sin embargo de encajes disuasivos y de depósitos para importar (utilizados por el profesor Ludwig Erhard en la República Federal de Alemania). De política fiscal superavitaria y del cierre de la llamada ventanilla siniestra , como alguien denominó la de exportación de servicios en cuanto se decidió a mediados de l.975 adquirir sin ningún requisito o averiguación las divisas que llegaran.

Terrible y larga sequía echó a perder muchas cosechas, paralizó los pozos profundos y obligó a importaciones ineludibles de alimentos. Simultáneamente, se dio crédito abundante para las siembras, en especial de artículos de pancoger. Lo mismo para las exportaciones y, en general, para la actividad productiva, a tasas razonables de interés.

Como fruto de los esfuerzos cuidadosamente coordinados se consiguió, ahí sí, quebrantar la tendencia de la carestía. En agosto y en octubre, el alza del costo de la vida fue de cero. Finalmente, la infllación bajó de 45 por ciento al 13 por ciento, el crecimiento económico excedió el ocho por ciento y el desempleo descendió al 7.6 por ciento, mientras aumentaba el salario real y se reducía la brecha entre el urbano y el rural.

Algunas de las medidas tomadas lo fueron en virtud de las facultades de la Junta Monetaria que presidía y orientaba el ministro de Hacienda. Hommes Rodríguez hace su enconada diatriba porque, en su concepto, manejaba todos los resortes de la economía. No cae en la cuenta de que la sustituyó, con mayores poderes, la junta directiva del Banco de la República. La cual ha manejado en todo este tiempo, según su criterio soberano, las tasas de interés y los tipos de cambio, le ha dado el tono a la economía nacional y le ha aplicado repetidas dosis recesivas.

Mucho va de un modelo a otro La estrategia de 1977 difiere fundamentalmente, desde luego, de la mixtura de apertura hacia adentro y crónicas recesiones correctivas que ha venido estrangulando la producción y el trabajo nacionales. Mucho va del modelo democrático con fuerte arraigo en las normas constitucionales de ayer, e incluso de hoy, al modelo neoliberal.

No es sino ver lo que actualmente ocurre en materia de crecimiento económico, negativo ya en dos trimestres, el peor en 70 años según la calificación de The Economist. O de caídas de la agricultura, la industria, la construcción y el consumo. O de desempleo, cada vez más inquietante. O de déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (por encima de los seis mil millones de dólares en 1998) y de progresivo endeudamiento externo.

En lugar de fomentar recursos propios, seguros y autónomos, se ha preferido depender de los ajenos, volátiles y muy gravosos. De la naturaleza del modelo ha sido montar niveles artificiosos de consumo sobre la base de préstamos internacionales o de transferencias aleatorias de capital. Institucionalmente se ha querido vivir a debe y contraer sin distinciones la demanda agregada.

La escuela hoy predominante parece prescindir, en sus opiniones y en sus determinaciones, del concepto del bien común. En intereses específicos se inclina a encuadrarse. Hasta el punto de no saberse a ciencia cierta cuáles oráculos se consultan. De esta suerte, la economía se expresa en parcelas y se juzga a través de conveniencias limitadas. Quizás, si hace sesenta años las circunstancias hubieran sido las mismas, se habría abierto paso la fracasada Asociación Patriótica de la Economía Nacional (Apen), constituida para frenar las reformas del régimen liberal.

Por un lado marchan el modelo económico y sus voceros y por otro está la Constitución Política. Así se acaba de refrendar con las sentencias sobre los decretos de emergencia. De la idea del Estado Social de Derecho fluyen consecuencias indesconocibles, tanto como del precepto de que la actividad económica y la libre iniciativa son libres dentro de los límites del bien común .

No menos que del mandato de que el Estado intervendrá de manera especial para dar pleno empleo a los recursos humanos, disposición radicalmente antagónica a la de considerar el desempleo mal necesario y las recesiones plausible terapéutica curativa. Pues en lo social acaba proyectándose lo económico, su evolución no puede perderse de vista para justipreciar los resultados de una determinada política. O del modelo de turno.

La historia juzgó ya la operación estabilizadora de 1977. La opinión y los altos tribunales empiezan a hacerlo con pasos decisivos del que está en vigencia. Sin excluir, claro está, la indiscriminada apertura hacia adentro y sus devastaciones

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