LA PAZ EN BICICLETA

LA PAZ EN BICICLETA

Sigue el señor Presidente obsesionado con la paz. Es su sueño. Por desgracia, que ya no lo deja dormir. Seguramente cuando Pastrana logra caer en brazos de Morfeo sueña con que Tirofijo se sonríe, que le dice cosas como aquí mando yo , o que se firma la paz, pero con tinta de sangre, que no se borra en la mente pero sí en el papel. Pesadilla sin fin? Se le abona al Jefe del Estado que a pesar de que la guerrilla le hace el quite a sus espaldas y sigue despidiendo a Samper, él no da pie atrás. Pero la paz está en arena movediza. Creo que definitivamente los colombianos nos equivocamos. Debimos elegir como Presidente a Serpa, más zorro, más jurista, más estadista. El habría nombrado a Pastrana como Comisionado de Paz, y todos tan contentos. Así por lo menos alguien trabajaría en ese tema fundamental y alguien también gobernaría.

23 de enero 1999 , 12:00 a.m.

Dios quiera que la paz venga pronto, que la guerrilla sea sincera. Pero las negociaciones se han convertido en una especie de vuelta a Colombia en bicicleta, donde la guerrilla tiene los mejores escaladores y cada vez le saca más montaña al pedalista Andrés y su gregario, el alto condicionado para la paz . Además, en lo plano y en las contrarreloj también ganan. Es el equipo Caquetania el que impone el paso, hace cortes de escuadrón o pára el grupo cuando quiere.

Y, para mayor descalabro, los periodistas deportivos muy deportivos les ponen el micrófono en cada tarima para que saluden a mi apá, a mi amá, a todos los patrocinadores; que vamos bien, estamos ganando tiempo y esperamos llegar en buenas condiciones a Bogotá . Esa es la terrible advertencia. Y el equipo del Gobierno ya casi no tiene piernas. Sin embargo, esperemos que le dé tendinitis al equipo Caquetania. O a que al líder de esa escuadra se le parta un pedal, se le tuerza el manubrio, o se queme en la entrepierna. De lo contrario, la paz no se ve ni en las curvas. Pero ánimo, Presidente, insista, persista; no desista, pedalista.

Y si hablamos de obsesiones, qué tal las del Alcalde Mayor de Bogotá, de quien tengo mi sospecha de que su nombre completo es Enrique Bolardo Peñalosa. Por eso querrá dejar su firma por toda la ciudad. Pues de lo contrario sería de una terquedad, una soberbia y una arrogancia inauditas. Nos está volardo la piedra. Por qué no escucha a los ciudadanos? Los malditos postes nacen como hongos venenosos en cualquier parte, en prados, en antejardines, en andenes. Ayer tuve que levantarme con mi escopetica de fisto montada, ante fuertes golpes en la puerta del apartamento. Mi señora dijo: A lo mejor están colocándonos un bolardo . No. Era un familiar, muerto del susto y la rabia porque lo habían atracado, pues para la seguridad no hay plata.

Esperamos sí que expliquen quién es el contratista de los Borlados Peñalosa, y cuánto es el costo de estos postecitos que al menos están sirviendo para amarrar los burros de la lavaza, para tumbar borrachos y para que los perros levanten la pierna. Pero ante tanta bestialidad, cómo añora uno a Suaita, amplia, despejada, donde los cuatreros y bandoleros, con sus cuatros y bandolas, despertarán a los feriantes con sus alboradas musicales en las ferias de este fin de mes, con corrida de toros y bellas culonas santandereanas. Allá no hay bolardos, atracos, ni polución. Me voy pal pueblo..

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