LA LIMITACIÓN DEL PODER

LA LIMITACIÓN DEL PODER

Si a cualquier colombiano se le preguntara por una característica que permitiera definir a Colombia como nación, es muy probable que respondiera muy rápidamente con una palabra: violencia.

15 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

No es de sorprender. Desde todos los flancos se nos retrata como una sociedad violenta, incapaz de resolver en forma pacífica sus conflictos. Los artistas, los escritores, los intelectuales y los dirigentes políticos dejarían de estar en primer plano si no consideraran que la violencia es la constante en nuestra historia y el rasgo más claro de la personalidad colombiana. Recientemente, además, el país se ha llenado de violentólogos . La violencia, como dice un amigo, es, a fines del siglo XX, fuente inagotable de palabrería.

De ahí lo refrescante que resultó la presencia en Bogotá, la semana pasada, de Eduardo Posada Carbó, quien fue invitado por la Universidad de los Andes para dictar una serie de conferencias, entre ellas una que tituló Reflexiones sobre la cultura política colombiana. Posada, columnista de EL TIEMPO, es un barranquillero de 43 años que se desempeña como profesor e investigador de la Universidad de Londres y, sin duda, uno de los más importantes historiadores e intelectuales colombianos de la actualidad.

La tesis central de la presentación de Eduardo Posada en la Universidad de los Andes es la de que la cultura política colombiana no la ha definido, ni se define, exclusivamente por la violencia . Lo que no implica, porque eso sería ingenuo, subvalorar las dimensiones del problema de la violencia. Pero la historia colombiana es mucho más que violencia. Otra cosa es que, con el pasar de los años y particularmente anotaría yo en el curso de los últimos diez o quince, los mismos colombianos nos hubiéramos propuesto despreciar y demeritar nuestra propia tradición democrática, civilista y republicana.

Posada se ha encargado de recordarnos esa historia. Comenzando por mencionar cómo, en los ya casi 200 años de vida independiente, muy pocos colombianos han sufrido los verdaderos rigores de la dictadura . Algo que no sucedió en países como Argentina, México, Venezuela o Chile y que no está claro para las nuevas generaciones de colombianos porque no han faltado, por ejemplo, quienes equiparen los años del bipartidismo del Frente Nacional con los de dictadura en el Cono Sur y, desde luego, los que afirman que sin igualdad económica, no hay libertad.

Uno de los elementos más llamativos del análisis histórico de Eduardo Posada es señalar que en Colombia ha predominado el ejercicio limitado de poder o, en sus palabras, la definición más clara del constitucionalismo liberal . La verdad es que desde el siglo pasado ha sido evidente en el país el rechazo al caudillaje, a los poderes personales , a los hombres fuertes . Y es que Colombia no es terreno abonado para un Ménem (10 años en la presidencia), ni un Fujimori (10 años en el 2000), ni un Chávez (que quiere quedarse 12 años).

La limitación del poder no tiene que ver exclusivamente con esa antipatía, sino con todo el esquema de controles que siempre nos hemos ingeniado para evitar que en una persona o en una institución pueda darse una concentración excesiva de poder. Las Fuerzas Armadas colombianas, por ejemplo, nunca han sido fuertes, ni han contado con muchos efectivos. Las Constituciones, todas, han reflejado el interés político de limitar el poder. La de 1991, recuerda Posada, a pesar de sus muchas rupturas , continuó con esa tradición: Las atribuciones del Ejecutivo se han visto disminuidas frente al fortalecimiento del Congreso, del sector judicial, de los gobiernos locales y de la autoridad del Banco Central .

* * * * Averiguar las causas y los orígenes de la limitación del poder en Colombia excedía el alcance de la conferencia de Posada. Pero es algo que queda en el ambiente después de escucharla. Y que debe tener consecuencias sobre nuestro comportamiento y sobre el problema de la violencia. Yo pensaba que, quizás por haber limitado el poder, no hemos logrado asentar el orden en el país. El orden dentro de la libertad, la democracia y la civilidad. Por eso mismo, posiblemente, se abrió el espacio para que se colaran y prosperaran en nuestro país las organizaciones criminales y la delincuencia organizada.

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