LOS PARQUEADEROS, UN BUEN NEGOCIO EN BOGOTA

LOS PARQUEADEROS, UN BUEN NEGOCIO EN BOGOTA

La lucha de la administración por el espacio público de los bogotanos está dando sus primeros resultados: en las principales vías de la ciudad se están adaptando antiguos lotes y construcciones como parqueaderos. Este caso se está observando con mayor énfasis en vías como la séptima donde los bolardos obligaron a los dueños de las tiendas de video, restaurantes y supermercados a buscar la forma de destinar un lugar para el vehículo de sus clientes.

09 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

No es raro entonces encontrar por esta vía paredes pintadas de amarillo y negro con avisos de parqueadero público y con precio relativamente razonables.

Igual situación se ha presentado en las universidades. Algunas de ellas han optado por comprar terrenos aledaños que dedican a los automotores de sus estudiantes, profesores y personal administrativo.

Los particulares han hecho lo mismo aprovechando terrenos baldíos en zonas de alta movimiento comercial.

A pesar de este boom en la adaptación de terrenos sigue siendo alto el déficit de lugares en la ciudad, en especial, porque los inversionistas privados no se han decidido por la construcción de edificios de parqueo.

Gobiernos distritales anteriores decidieron motivar sin muchos resultados este tipo de edificaciones y en esta administración distrital las cosas no están todavía claras.

A pesar de que la Secretaría de Hacienda decidió otorgar exenciones, por diez años, en el predial, industria y comercio, y delineación urbana, son muy pocos los interesados en construirlos.

El curador urbano, Jaime Rodríguez, señaló que en los últimos meses cerca de 30 personas particulares le han solicitado conceptos para la adaptación de lotes en parqueaderos pero sólo tres han formalizado una petición de licencia de construcción.

Rodríguez expresó su temor porque los demás interesados hayan construido sin licencia, situación que es muy común en la ciudad.

Los cálculos de Personería Delegada para el Medio Ambiente señalan que en 1998 se adelantaban cerca de 11.000 procesos por obras ilegales en 19 de las 20 alcaldías locales de Bogotá, y buena parte de éstos pueden prescribir si la administración distrital no establece medidas en el corto plazo.

Según Ricardo Herrera, personero delegado para el medio ambiente, las alcaldías locales no están en capacidad de mantener dentro del orden a las personas que violan las normas de urbanismo, construyendo con licencia y violando los parámetros establecidos, ó sencillamente, trabajando sin licencia.

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