EN EL UMBRAL DE LOS DOLORES

EN EL UMBRAL DE LOS DOLORES

Qué tanto duele un mismo golpe recibido por dos personas? Y usted, siente igual dolor hoy que ayer frente a un golpe de características similares?

13 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Se puede medir la intensidad del dolor, y certificar su impacto? El dolor: quizá el compañero más fiel y antiguo del hombre. Existen realmente dolores insoportables, que enloquecen? Y una duda adicional: un mismo dolor recibe el mismo calificativo por parte de las distintas personas que lo resiente? A algunas de las preguntas se les debería dar una respuesta negativa: un dolor de características similares es resentida por cada persona con intensidades muy distintas. Usted mismo, hoy, puede sufrir mucho más que ayer -o hace un año- con un golpe. Y lo que para una persona puede ser resentido como una sensación enloquecedora, llega a ser calificado por otros como un dolor fuerte pero no insoportable.

Y esto se conoce como el umbral del dolor. O, para decirlo en otras palabras, la tolerancia frente a esa sensación desagradable y negativa que es el dolor. Los médicos saben que existe el umbral pero no existen aún equipos ni conceptos científicos capaces de certificar los niveles del umbral. Este se determina de acuerdo con la observación del médico tratante y las apreciaciones de su paciente.

Aún si no existe una certificación infalible para fijar los topes y niveles de la sensación dolorosa, el reconocer que cada persona presenta un umbral muy individual es ya un primer paso bien importante en el tratamiento del dolor. Tratamiento y derrota. Hoy, gracias a analgésicos cada vez más precisos y específicos, se considera que nadie -ni siquiera los pacientes más graves- deberían verse obligados a soportar dolores enloquecedores o, para mejor decirlo, inaguantables.

El dolor, hoy, objeto de una rama bien especializada de la medicina, puede ser vencido. Pero, atención, que esto no se preste a confusiones. No es el dolor el que se cura -el dolor no es curable por sí mismo- sino la causa que lo origina. Y, como es obvio, el tratamiento se inicia detectando las causas primarias y los detonadores de la sensación dolorosa.

Milenario Es cierto que el dolor ha siempre acompañado a la humanidad y es igualmente aceptado que cada pueblo, cada civilización, desarrollaron sus métodos propios y tratamientos para lograrlo dominar o, por lo menos, apaciguar.

Pero nunca como ahora, los especialistas (sobre todo los anestesiólogos) habían logrado aunar conocimientos tan amplios en torno al dolor y, en consecuencia, a las fórmulas y enfoques más adecuados para enfrentarlo y derrotarlo.

En realidad, mencionar dolor es referirse a un término que encierra una infinita multiplicidad de condiciones y circunstancias. Los científicos han establecido tres grandes categorías: los dolores de origen sicológico, los neurológicos y los periféricos.

Los dolores neuropáticos o neurológicos se originan en lesiones que ocurren en el sistema nervioso. Son consecuencia de accidentes vasculares o también le siguen a la amputación de un miembro. Los dolores periféricos son más de origen mecánico e incluyen, entre muchos otros, los problemas musculares, dentales, los reumatismos, la artritis (sin olvidar la gota), las heridas y el mismo cáncer.

En cuanto a los dolores sicológicos -en donde igualmente funciona la noción del umbral- se incluyen las consecuencias de las tensiones nerviosas, el estrés, la depresión. Son definidos como la somatización de los problemas emocionales. En esta categoría entran los dolores tensionales (espalda, nuca).

Pero, también para su tratamiento y la selección de los medicamentos, se estipulan dos grandes divisiones: los dolores periféricos (un golpe) y centrales. En el primer caso, se utilizan medicamentos (como la aspirina y algunos antiinflamatorios) que bloquean la transmisión del estímulo inicial. Intervienen unas sustancias químicas, las prostaglandinas. En los dolores centrales, median lagunas neuroendorfinas y se hace necesario el uso de drogas más potentes, entre las cuales los opiáceos.

Y el umbral? Las clasificaciones no prevalecen cuando se habla del umbral del dolor pero sí tiene que ver con la apreciación subjetiva que puede hacer el médico tratante. De todos modos, en la sensibilidad frente al dolor interviene una casi infinita gama de factores que llevan a una notable diferencia entre la forma como una persona u otra vivencias la sensación dolorosa.

Entre estos factores, citados por el inmunólogo y especialista en artritis, Rafael Valle, se incluyen: La cultura: algunas culturas sublimizan el dolor y le confieren un valor purificador y hasta sublime.

La educación y el ejemplo en el hogar. Una sobreprotección debilita y no permite forjar una actitud adecuada para soportar el dolor.

Hábitos durante la infancia y actitud de los padres frente a los primeros fracasos o dificultades de sus hijos.

Las vivencias, el estado emocional. Exceso de estrés, tensiones, frustraciones, ansiedades, todos son factores que llevan a una menor tolerancia.

Actitud mental frente a la enfermedad o los malestares, lo mismo que para enfrentar las responsabilidades y dificultades de la vida cotidiana.

El momento o circunstancias que rodean a la persona. Si ésta se encuentra satisfecha, equilibrada, si mantiene relaciones afectivas armoniosas, su poder de soportar el dolor se incrementa.

Sexo? Las mujeres no siempre se pueden clasificar como las del sexo débil. Por lo menos, en cuanto a dolor se refiere.

Cuando se estudian los factores que intervienen en la sensación de dolor, se observa que las mujeres tienen una capacidad menor de soportarlo. Esto podría extrañar en cuanto se tiene establecido que el dolor del parto es uno de los más fuertes, y sin embargo, las mujeres lo soportan.

Las últimas investigaciones aclaran este concepto: si bien las mujeres tienen un umbral más elevado que los hombres en circunstancias bien determinadas (como es el alumbramiento), ellos tienen una facultad mayor de soportar el dolor. Esto incluye, entre otros, factores culturales, y obedece al hecho de que las mujeres son más sensibles, se les permite quejarse y se les perdonan tanto el llanto como la debilidad.

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