ENRIQUE SANTOS MONTEJO 1886 - 1971. CALIBÁN Y SU MANDATO PERIODÍSTICO

ENRIQUE SANTOS MONTEJO 1886 - 1971. CALIBÁN Y SU MANDATO PERIODÍSTICO

El mismo cuenta que fue joven de vivísima movilidad en actitudes que lo llevaron a varios colegios y a las aventuras cordiales de la época. Cuando Sanín Cano gerenciaba el Tranvía de Bogotá, le facilitaba libros. Las flores del mal, de Baudelaire, fue uno de ellos. Como la educación sufría dos censuras religiosa y política naturalmente encontrarle este pequeño volumen creó los más intrincados problemas de controversias morales entre rectores, profesores y prebendados. Para rescatarlo, tuvo que ir hasta donde el Arzobispo, quien aprovechó para amonestarlo. Pero él ya era lector de permanente vocación. Sus autores a los cuales dedicaba más fidelidad era a los que estaban en el índice religioso . Su formación era eminentemente literaria. Su inquietud lo lleva a Caracas, donde organiza la Biblioteca de Clodomiro Contreras y aprovechó para acentuar su predisposición intelectual. Luego regresa a Tunja, donde funge de comerciante por unos meses.

04 de abril 1999 , 12:00 a.m.

Del almacén pasa, beligerante y convicto de las ideas del liberalismo de izquierda, a fundar el periódico La Linterna. Es un improvisado de esas lides, pero con antecedentes familiares. Francisco Santos Galvis con Diego Mendoza Pérez jurista, sociólogo, escritor, restaurador del Externado en 1878, dirigieron El Corresponsal. Con el Presidente de Panamá Belisario Porras y el jefe liberal, orientaron El Republicano. Sus hermanos también tenían trayectoria en el oficio: Hernando fue redactor de Crónica; Guillermo dirigió la Revista de la Sociedad de Agricultores; Gustavo orientó la revista Cultura. El ex presidente y humanista Eduardo Santos adquiere EL TIEMPO, en 1913, pero antes había escrito en diarios europeos y publicaciones literarias.

En la actualidad, la tradición se amplia con los hijos y los nietos. Cada uno tiene su temperamento periodístico, con matices diferentes, enriqueciendo la historia familiar. Enrique había publicado sus primeras letras en Esfinge, revista de la Gruta Simbólica . Además traduce a Anatole France, a Verlaine y hace una amplia divulgación del simbolismo. Rafael Santos (1) advirtió: No hay duda alguna que, desde su nacimiento, en la prensa escrita comienza a perfilarse una íntima relación entre los problemas de la política y el ardiente deseo de ventilar por escrito las ideas que fluían naturales en la cuna de una sociedad en evolución .

La Linterna A los veintitrés años, con Pedro Antonio Zubieta, el 30 de julio de 1909, pone a circular La Linterna, en Tunja. Al comienzo es de cuatro páginas y, luego, pasa a ocho. Se publica hasta 1920. Juan C. Hernández fue colaborador de primera línea y de estrecha identidad política y literaria. Proclaman su adhesión a la izquierda liberal, cuando el partido tenía matices y principios ideológicos. De allí deben venir las claras y fecundas posiciones antiautoritarias de su nieto Enrique. Era una aventura con riesgos, por la primitiva fuerza de los caciquismos clerical y conservador que ha sido tan difícil reducir en Boyacá. Inicialmente, fueron voceros del Republicanismo, el cual había adoptado, en una de sus convenciones, un programa social muy amplio. Después, se convirtió en vocero de la unión liberal y acompañó a Uribe Uribe en sus empeños doctrinarios. (2) Libró, desde luego, una beligerancia activa contra el colaboracionismo liberal, que impedía que se manifestaran las huestes liberales, que eran mayoría. Acogió la tesis del partido en Antioquia: Paz sin ministerialismos y oposición sin guerra .

Romper esa tendencia al entendimiento con cualquier gobierno conservador, de algunos liberales, fue empeño muy arduo. Logró derrotar esa tendencia, muchos años más tarde, López Pumarejo. Predica una constante acción contra la participación del clero en política. Esta era una modalidad tradicional en la vida colombiana, pero se acentuó la Regeneración conservadora de Núñez y de Caro que se fortaleció con la firma del concordato. La educación quedó con dirección y escogencia de profesores, de textos, en manos de los jesuitas. El liberalismo estaba excluido de la absolución de sus pecados, de la educación y del derecho a participar en la vida pública.

Por ello, La Linterna sostenía la necesidad de la educación. Plantea la urgencia de crear una universidad con principios liberales en cuanto a la expansión de la autonomía para explicar las diferentes teorías científicas. Acompañó la candidatura de Guillermo Valencia (3) que impulsaban Benjamín Herrera y Laureano Gómez. El Cardenal Gasparri, Nuncio Apostólico, resolvió intervenir y pidió a este y a José María González Valencia que se retiraran de esa postulación, pues con el poeta llegarían los masones al poder. Entonces, Enrique Santos propone que la República se declare pertenencia del Corazón de Jesús y Colombia se consagre como un protectorado del Vaticano . Los sacerdotes favorecían la candidatura teocrática de Suárez, último representante del nacionalismo carista . Enrique Santos, por sus posiciones claras y empinadas en La Linterna, recibió varias excomuniones, incluso la mayor. Un amigo celebraba la elegancia sartorial de Santos. Este le contestó: Es que estoy estrenando mi vestido de primera excomunión . Los dominicos resuelven arremeter contra su proselitismo periodístico. El contestó: No discuto sino de obispo para arriba .

Manifestó que el clero había abandonado su misión universal, para ponerse al servicio de una bandería. Insistió en la necesidad de fortalecer el civismo boyacense para alcanzar una clara visión del destino de la comarca. Reemplazar las incómodas vocaciones caciqueriles por un dinámico espíritu público. Para ello, igualmente, solicitaba que los concejales se escogieran por sus méritos y su condición de apóstoles cívicos. Lentamente, ello se fue logrando, hasta que volvió a pervertir el sistema la Constitución de 1991. La Linterna cierra sus ediciones el 9 de mayo de 1919. Enrique Santos ejerció la jefatura del liberalismo por siete años, hasta asegurarle el primer triunfo electoral, después de la dictadura de la Regeneración.

Vinculación a EL TIEMPO Eduardo Santos lo invita para que se vincule a EL TIEMPO. Llega de reportero y de traductor de cables, pues gozaba de varios idiomas. Revive la Danza de las Horas , que antes, saltuariamente, había sido escrita por Eduardo y Gustavo, sus hermanos. La primera, con el seudónimo de Calibán , apareció el 11 de junio de 1932. Este lo tomó, como él mismo lo cuenta y lo reproduce en su admirable libro Calibán y la prensa de opinión, quien lo conoció muy de cerca, Luis Carlos Adames, del semanario Les Nouvelles Literaires de una caricatura de Andrés Hofer, que pone al pueblo ante las dos seducciones: el marxismo y la reacción. Santos concluye: El término medio, la benevolencia y la cordura, son las deidades a que rindo culto .

En la Danza se trataban cuatro o cinco temas, separados por asteriscos. Pero allí estaba la visión honda y la ligereza, fraternizando. Lo trascendental, lo descriptivo, las incidencias políticas colombianas, la participación de Estados Unidos en la liquidación del colonialismo después de la Segunda Guerra, la prolongación de la influencia de los movimientos del 68 en las futuras orientaciones universitarias, la muerte de Kennedy y el daño para el desarrollo de Indoamérica, para mencionar algunos ejemplos. A la vez, estimulaba a los escritores. El libro del maestro Arciniegas, Amérigo y el nuevo Mundo, Calibán lo descubrió como un nuevo y desconocido aporte a la historia del continente. Como contrariaba algunas ideas hispanistas, se le había declarado el silencio crítico. Aupaba nuevas vocaciones. Nos reveló a Próspero Morales como hombre de condiciones apreciables para escribir fábulas. A Rogelio Echavarría lo consagró en El transeúnte, su libro de poemas con el cual ha enriquecido la lírica colombiana.

Recuerdo que cuando publiqué mi primer libro, Estudios críticos , por esta fecha cumpliendo cincuenta años de su aparición, me dedicó palabras que me incitaban para nuevos arrestos editoriales. La crítica cinematográfica tenía en su columna permanentes anotaciones. Siempre con un elogio radical y estimulante hacia la belleza femenina. Era cuando aparecía su picardía sentimental, haciendo piruetas entre las palabras. Es quien primero hace la apertura hacia el tratamiento de lo sensual y lo sexual en la prensa colombiana. Sobresalía porque sus comentarios tenían un humor suave, sin estridencias, que iba más allá de la noticia que reseñaba. Tenía una especialísima capacidad para señalar calidades y defectos de quienes caen en el juego de su pluma. Las estampas de personajes nacionales resplandecen por la hondura y, a la vez, por el lado humano con sus flaquezas que le daban al conjunto certezas en el juicio.

De balde Hernando Santos, en el prólogo al volumen de Adames, dice que se contradecía tranquilamente (4). Respecto de esa modalidad, el mismo Calibán había escrito en una de sus pequeñas Autobiografías de 1948: Sin duda me equivoco con demasiada frecuencia, se me escapan numerosas barrabasadas, me contradigo, y todo lo que se quiera. Pero siempre honradamente, y como dice Alfonso Villegas Restrepo, de balde . Su caso es de excepcional autonomía conceptual. Su independencia era su coraza. Había renunciado a los extremismos. Carlos Lleras Restrepo escribió que su prosa fluía limpia y sencilla, siempre con una espontaneidad admirable. Sus Danzas eran tratados de política nacional e internacional . Lino Gil Jaramillo decía que su ascendencia intelectual sobre el público se debió a que representaba a ciertas capas de lectores que por su incapacidad o pereza de pensar necesitan quien piense por ellas .

Calibán tenía unas condiciones, reconocidas por amigos y enemigos, de bondad y comprensión humanas. Además, siempre actuaba como un alma libre. Gozaba de una capacidad irónica, un sentido de la burla amable, cuando los caudillos, los oradores levantaban sus banderas con elocuencia rimbombante. Les ponía, entonces, sordina. A veces se declaraba amigo de algunas de estas ideas las más estrambóticas y entonces así funcionaba el sentido del ridículo, con delicadeza y señorío mentales. Por eso en algunas de sus columnas lo burlesco aparece sin desconocer la importancia de la institución a que se refiere o la categoría del personaje desmoronándose así lo truculento. Para lograr esos efectos vivía detrás de libros y revistas. En su casa, en su camarote de EL TIEMPO, se hallaban siempre en abundancia. Consultados y subrayados. Era una mirada atenta y permanente a los fenómenos de la cultura, de la política, de lo humano, detrás del júbilo resplandeciente de lo femenino.

Valor y carácter EL TIEMPO se vio enfrentado, en los años de las dictaduras de sitio y en la militar, a situaciones muy dramáticas. Era parte del proceso de la violencia que ha vivido la nación. Clausura del parlamento, asambleas y concejos. Luego, la censura para lograr el silencio sobre muchos actos administrativos y, en especial, sobre cómo avanzaba aquella. Hasta llegar ese cruel proceso, a la quema del periódico, el mismo día de septiembre de 1951 que incendian El Espectador, las casas de la Dirección del Liberalismo y las particulares de López Pumarejo y del jefe del partido Lleras Restrepo. Al reanudar, entre los escombros, la redacción de su Danza , escribió: Si juntos con los elementos materiales de que nos servíamos, caemos los animadores de esta tribuna del pensamiento libre de Colombia, otros recogerán la bandera. Pero no se hagan ilusiones de que conseguirán tender sobre todo un pueblo el manto del silencio .

Más tarde, cuando el dictador Rojas clausuró EL TIEMPO, se produjo una protesta internacional. Gabriel Cano lo invita para que publique su Danza en El Espectador. Este periódico también lo cierra el autoritarismo. Pasan a editarla en El Correo de Medellín. Igualmente, la lanza América Española, de Madrid. A los cinco meses de cerrado EL TIEMPO, aparece Intermedio, dirigido por Calibán. Estas actuaciones de desafío a la dictadura las hace sin ningún alarde. Como un ademán natural de valor moral e intelectual. En el editorial de este periódico escribe palabras de admirable resplandor: Qué grande es Colombia! Qué valiente, abnegado y generoso el pueblo en todas sus clases. No lo intimidó el formidable aparato militar. No lo hicieron retroceder los polizontes asesinadores de niños . Y dejó esta frase de recuerdo de cómo era la intimidación: Nunca supimos si habría día siguiente .

Su última Danza tiene fecha de 24 de septiembre de 1971. Estuvo, pues, en la trinchera periodística, vigilante, como siempre. El destino y la grandeza de Colombia, invariablemente, orientaron su vocación periodística.

(1) Rafael Santos, Prólogo a Reflexiones sobre el periodismo.

(2) Enrique Santos Molano: Antología prólogo: Danza de las Horas: Calibán.

(3) Otto Morales: Muchedumbres y banderas. Plaza y Janés. 1980 (4) Prólogo a Calibán y la prensa de opinión, de Luis C. Adames por Hernando Santos.

Columna más leída ENRIQUE SANTOS MONTEJO nació en Bogotá el 15 de 1886 y murió en la misma ciudad, el 28 de septiembre de 1971. Hijo de Francisco Santos Galvis y Leopoldina Montejo y hermano del ex presidente Eduardo Santos y padre de Hernando y Enrique Santos Castillo. En 1912 fundó y dirigió, en Tunja, el semanario La Linterna. En 1917 se vinculó a EL TIEMPO como jefe de redacción, para ascender luego a subdirector y más tarde a director. Desde 1927 y por 44 años escribió la columna La Danza de las Horas , bajo el seudónimo de Calibán . En 194l le fue otorgado el Premio Cabot de la Universidad de Columbia. Fue diputado a la Asamblea de Boyacá (1913-1918), representante (1917-1918, y 1941-1942), senador (1939-1943), y embajador en Chile (1948-1949).

FOTOS: Calibán escribe su columna en medio de escombros, luego del incendio de EL TIEMPO.

-Calibán (izq.) con José Umaña y Echandía.

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