UN CASO DE AMOR CIEGO POR BOGOTA

UN CASO DE AMOR CIEGO POR BOGOTA

Gilberto Peña quiere a Bogotá ciegamente.

13 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Aunque para él caminar por la ciudad es como andar por un campo minado. Están los tubos de metal los canilleros que siempre le dan en la tibia. Están las cabinas telefónicas, que nunca encuentra cuando las busca, pero que lo encuentran a él cuando menos piensa. Casi siempre con un golpe en la nariz. Están los carros que vuelven cualquier andén una carrera de obstáculos.

Y están los baches que abre Capitel o la telefónica ante los cuales su bastón sólo le sirve para detectar la profundidad del hueco donde se ha caído.

Es impredecible andar por la ciudad -dice Peña-. Toca andar con los instrumentos a full . Sus instrumentos -los oídos y el olfato- le ayudan a detectar las señales que le ofrece Bogotá: la rugosidad en el andén, un local vacío donde retumban sus pasos o un desnivel. Cada una de estas tiene sentido para él. A uno lo deja el bus en cierta parte y uno tiene que reconocer las señales , explica.

Señales como el olor de las droguerías, el pregón del lotero de la esquina y el sonido de los cubiertos del restaurante donde almuerza.

Por eso, su peor enemigo es el ruido y, en particular, los taladros. Uno pierde el sentido del tiempo y del espacio, dice. Y lo que más teme son los cruces de las avenidas de varios carriles. Porque pasa el primer carril sin problemas, pero su vida se complica con los autos que vienen en la otra dirección.

Necesariamente hay que pedir ayuda o si no te levanta un carro , precisa. O utilizar los puentes peatonales. Cuando puede. Porque termina uno parándose encima de los indigentes .

En cambio en la ciclovía o en el parque Simón Bolívar, Peña se siente a sus anchas: El parque me parece increíblemente lindo, por el olor a prado y a árboles, que contrasta con el olor genérico de la ciudad a humo de los carros .

En los parques y en la ciclovía, puede relajarse y olvidarse por un rato de lo que dijo Borges, el otro ciego: El nivel acecha, cada paso puede ser la caída .

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