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DELIRIOS DE HUMO EN VENEZUELA

DELIRIOS DE HUMO EN VENEZUELA

En un remolino de humo, disparos de cañón, estallido de llamas y de nieve artificial, los actores franceses del barco Cargo 92 prendieron el fuego inicial del IX Festival Internacional de Teatro en esta capital vigilada por la sombra cautiva del coronel rebelde Hugo Chávez. A lo largo de la Avenida Simón Bolívar, una espaciosa vía de un kilómetro de largo en el centro de Caracas, el grupo de rock Mano Negra derramó su música pesada desde una rodante torre de cuatro pisos, mientras polvorientos y sudorosos obreros, soldados napoleónicos, aviadores de correo, legionarios romanos, condes y damas aristocráticas, pasmaron con su esperpento la tarde dominical venezolana.

Extrañas máquinas inventoras de la historia dispararon plumas, espuma de jabón de nieve, cañonazos de cartas de ayer, enviadas desde Nantes por desesperados buscadores de pareja. Una de ellas decía: Extraño personaje que perturba mis sueños: los miles de kilómetros que nos separan solo han servido para aumentar mi amor. Cuento los días, las horas en que todavía tendré que pasar lejos de tí. Pero un día te veré llegar lleno de sol y alegría, tus ojos negros, profundos, me darán la vida que voy perdiendo mientras te espero .

Espléndidas muchachas bronceadas de esta ciudad, que es como una Cali o una Medellín de cinco millones de habitantes, peleaban estas cartas en el aire, en busca de la dirección del incógnito remitente vanamente enamorado. Por dos horas, Caracas olvidó el petardo político sobre el que los militares la colocaron dos meses atrás. El comandante omnipresente El principal operador de este petardo es el hombre más popular de Venezuela, el líder golpista Hugo Chávez, quien el pasado 4 de febrero, en treinta segundos de televisión se ganó el afecto del pueblo estragado por el neoliberalismo. Chávez, detenido a cuarenta kilómetros de Caracas, está en los labios de esas mismas muchachas que se disputan las cartas eróticas de los jóvenes franceses. Ellas se han encargado de divulgar innumerables chistes sobre El comandante , como se le conoce. Dicen, por ejemplo, que la sigla del presidente Carlos Andrés, CAP, no significa lo que significa antes, porque ahora enuncia la consigna Chávez al poder .

Dicen que a Chávez lo van a condenar a cuarenta años de prisión: uno por haber fraguado el golpe y treinta y nueve por haber fallado.

Alguien inventó y echó a rodar un Padrenuestro y un Credo del coronel Chávez. Alguien imprimió camisetas con su figura de boina, con su cara de piedra, con su mirada derrotada de: La próxima vez será . Alguien ha puesto a circular lemas para cuando suenen las cacerolas, y en todos ellos, Chávez es el héroe vengador. El 8 a las 8 Y las cacerolas volverán a sonar este miércoles 8 de abril a las 8 de la noche. La consigna, esta vez, es fácil de divulgar y aprender: El ocho a las ocho cae El Gocho . El Gocho es el presidente Pérez, nacido en Los Andes venezolanos, como todos los llamados gochos .

Ese día habrá paro cívico y sonar nocturno de instrumentos de cocina. Ese día seguirá cocinándose algo en Venezuela, porque aquí algo está subiendo desde cierta sima incógnita. Los líderes políticos todos los días se acusan de corrupción, de querer estimular el golpe, de estar tras las bambalinas de los militares...

Entre tanto, en la trasescena, los grupos de teatro que el sábado 4 comenzaron a desplegar sus trastos, han hecho caso omiso de amenazas provenientes de un movimento bolivariano, presuntamente ligado a la ideología de los militares golpistas. Este movimiento ha denunciado al Festival de Teatro como el pan y circo del gobierno y ha manifestado su velado propósito de sabotear las tablas.

Por lo pronto, ninguna sombra dañó la inauguración formal del sábado en la noche, cuando en el soberbio escenario de teatro Teresa Carreño, España presentó Tirano Banderas de Valle Inclán. Ninguna sombra de violencia, porque en lo que hace a la representación, el público fue frío. Los actores no supieron vocalizar bien y el tirano se perdió en una mar de sueños.

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