GALLINAZOS EN LOS MATADEROS

GALLINAZOS EN LOS MATADEROS

A lado de donde Martha Rodríguez le prepara la comida a sus tres hijos, en un lote, están los perros y gallinazos devorándose las cabezas y otros órganos del ganado sacrificado.

13 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Así ha vivido 6 años en el matadero de Sesquilé. La vivienda de Marta tiene aproximadamente 30 metros de largo por 20 de ancho y está separada del matadero únicamente por una pared de concreto.

Todos los rincones de la casa de Marta Rodríguez huelen a carne cruda.

El olor no pasa desapercibido ni en el cuarto principal de la vivienda, donde duerme al lado de sus tres hijos.

Marta trabaja como administradora y al mismo tiempo se dedica a las labores de aseo del establecimiento.

Según ella, en el matadero municipal las condiciones de aseo son mínimas. No hay áreas para separar la carne de res de los desperdicios como las patas, cráneos y huesos.

Incluso, como evidencia la fotografía, los perros tienen acceso directo a la carne que permanece colgada, mientras es llevada a alguna fama cercana.

La situación crítica de este matadero no es una excepción en el departamento.

De acuerdo a un estudio elaborado por la CAR- regional Zipaquirá y que fue apoyado por estudiantes de séptimo semestre se la facultad de Medio Ambiente de la Universidad Central, el 100 por ciento de los 18 mataderos analizados y que se encuentran ubicados en la cuenca alta del río Bogotá y en las riberas del río Guatampur (Cajicá, Chía, Nemocón, Sesquilé, Villapinzón, Chocontá, Cogua, Guatavita, Tibirita, Manta y Machetá, entre otros), no cumplen con las exigencias sanitarias y ambientales legales contempladas en la ley 2279 de 1982.

Dicha norma, ordena que los mataderos de esta zona, que están clasificados dentro del nivel cuatro, deben contar con salas de sacrifico separadas, según especie; área para cabezas y patas, estercolero, sistema de tratamiento de aguas residuales así como un horno crematorio para incinerar partes no aptas para el consumo.

En la actualidad, las reses sin importar su especie, se sacrifican juntas, los restos como patas y cabezas una vez cortados, así como el estiércol, permanecen esparcidos en la misma área donde se exhibe la carne, y los órganos con manchas, hongos y afectados con infecciones como la aftosa, se botan a lotes aledaños. Asó ocurre, según el documento, en los mataderos de Cajicá y de Sesquilé.

Esto produce la generación de vectores como moscas y roedores, animales que aumentan la contaminación.

Nos encontramos con mataderos como los de Villapinzón, Tibirita, Cajicá y Sesquilé que las instalaciones no cumplen ninguna de las condiciones higiénicos sanitarias. Se podrían decir que son cuatro paredes y un techo. En la mayoría hay roedores como en el caso de Zipaquirá dijo Edison Uribe, director del estudio y funcionario de la CAR.

Las conclusiones del estudio revelaron además que en ninguno de los mataderos se hace ningún manejo técnico a las grasas, aguas residuales, sangre y otros desechos como cebos y vísceras, desperdicios que se producen a raíz de los lavados de las panzas de los animales. Estos desechos se botan directamente a las quebradas.

Estos, según la ley, deben pasar primero por una planta de tratamiento que estaría instalada en cada matadero para evitar que caigan directamente a los ríos.

La bacterióloga Cielo Rocío Valencia, dice que una familia o habitantes que vivan cerca a o al interior de los mataderos pueden tener riesgos de presentar enfermedades por la acumulación de microorganismos biológicos como bacterias y hongos, presentes en el ambiente y en las aguas residuales.

Los desechos representan riesgos que producen infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarréicas agudas y enfermedades de la piel explicó Valencia.

A todo esto hay que agregar que de los 18 mataderos analizados, 17 se encuentran ubicados en medio del casco urbano de los municipios cuando la reglamentación los obliga a estar construidos, como mínimo, a 200 metros de la zona urbana.

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