DESDIBUJANDO EL PESIMISMO

DESDIBUJANDO EL PESIMISMO

En el primer trimestre de este año claramente ha estado signado por un encogimiento de las oportunidades económicas y un negativismo creciente. El contagioso pesimismo parece validarse en cada esquina, para golpear con mas fuerza dos cuadras mas adelante. Pero tarde o temprano este proceso se romperá, como en las famosas pirámides y burbujas.

15 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Es cierto que el comprador de una vivienda o un vehículo lo que calcula es el precio total del bien y si las expectativas a seis meses son de una reducción de las tasas de interés y de mayor facilidad en las condiciones del crédito, es lógico para este comprador esperar unos meses para que este bien resulte más económico. Pero los agentes dejarán de esperar cuando estimen que la economía está en condiciones de mayor estabilidad y reactivación.

Esto nos recuerda el moderno papel de las expectativas en la teoría económica. En 1995 la academia de ciencias de Suecia otorgó en Nobel de economía a Robert Lucas por sus originales contribuciones a la macroeconomía y en particular por sus aportes a la teoría de las expectativas racionales. La celebridad de Lucas radica, entre otras razones, en haber incorporado el papel de las expectativas en la formulación de política económica y en haber propuesto modelos de equilibrio que asumen la presencia de consumidores e inversionistas racionales y bien informados. Los agentes maximizan su función objetivo y para esto construyen expectativas sobre las acciones esperadas de otros actores.

Cuándo desaparece el pesimismo? El ciclo negativo obviamente se interrumpirá cuando un agente perciba una mejoría sistemica de las expectativas de otros actores. El ciclo se interrumpe entonces cuando invertir se convierte en la opción más sabia, los agentes maximicen sus ingresos reinvirtiendo o cuando el agente considere que no invertir es no entender el juego y quedarse atrás.

Y habría alguna razón para tener algún optimismo en el segundo semestre de 1999? La respuesta es afirmativa. De un lado la calificación internacional de la economía se ha mantenido. Hasta ahora la economía ha resistido las crisis de los países vecinos. El gobierno ha tenido recientemente éxito en la colocación privada de 500 millones de dólares en bonos en moneda extranjera y de nuevos créditos. El financiamiento externo de la economía está entonces garantizado para 1999. Las reservas no decrecerán y de pronto aumentarán y por tanto no se prevé mayor sobresalto cambiario, lo que facilitará la mayor liquidez de la economía y la disminución del nivel y duración promedio de la cartera de empresas. La tasa de interés aunque a trancazos va también a la baja. En consecuencia los pedidos a la industria y la venta de bienes durables se estimulará. La producción se recuperará hacia el segundo semestre.

Una curiosidad, sobre la que se piensa poco en estas fechas, es la situación de América Latina después de la debacle asiática. Es cierto que esta todavía por verse la evolución de Brasil, Venezuela y Ecuador y que hemos visto claramente un depresivo efecto contagio en los mercados emergentes. Pero la crisis asiática implica que desaparecieron los paraísos y lugares que a priori eran más seguros para los inversionistas. Y según una conferencia en noviembre pasado en el MIT de Violy McCausland, la exitosa barranquillera de Wall Street exclamaba que la situación de Latinoamérica no lucía del todo mal. Y agregaba que la situación Latinoamérica era mucho mejor que la asiática, por ejemplo en términos de un sector público menos grande; una reducción de aranceles y de inflación que ha sido mayor; una mejor supervisión bancaria y una mayor profundización de los procesos de privatización. Por ejemplo, las privatizaciones en América Latina totalizaron 140 billones de dólares en el período 1990-98, mientras que esta cifra es sólo 35 billones de dólares en Asía.

En suma, tarde o temprano las expectativas pesimistas de situación económica se desvanecerán y modificaran. Y Mientras esto sucede, tenemos que proteger y salvar las empresas para no erosionar o liquidar toda la acumulación de valor que representan en la actualidad.

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