CAIMANES, UNAS DE CAL Y OTRAS DE ARENA

CAIMANES, UNAS DE CAL Y OTRAS DE ARENA

13 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Los Caimanes de Barranquilla no han podido hilar dos triunfos consecutivos en la Copa Costeña de baloncesto, tampoco ha podido mantener el nivel de juego dos días consecutivo y tampoco ha podido superar el tercer lugar de la confederación norte.

Y es que el equipo no ha encontrado el ritmo de juego ni en equipo, ni individuales. Los refuerzos extranjeros solo tienen destellos de buenos momentos, luces que hacen vibrar al público, que hacen que las gargantas de los narradores se esfuercen al máximo y que los comentaristas deportivos lleguen un poco más allá de la realidad con sus comentarios.

Como ocurrió el viernes pasado en el Elías Chegwin de Barranquilla, donde el quinteto local se impuso a los Cañoneros, de Cúcuta, por 101 a 83, en un encuentro que los dos primeros periodos fueron erráticos y sin acople por parte de los dos equipos.

Los rebotes tanto ofensivos como defensivos se perdían, ninguno de los cinco hombres que sobre el maderamen defendían la camisa roja de Caimanes demostraba la capacidad para remediar la situación. La ventaja estuvo en que por parte de Cañoneros se presentaba la misma situación.

Muestra clara de esto estuvo reflejada en el marcador, el cual el primer periodo terminó 22-21 a favor de casa y el segundo quedó en tablas, 38-38.

La labor de Carlos Gil, técnico de los Caimanes, en el camerino mostró sus frutos, pues al iniciar el tercer periodo las cosas cambiaron notablemente. El equipo se volvió más agresivo al ataque, y aunque continuaron perdiendo rebotes, la sumatoria de puntos a favor se dejó ver.

Glover Jackson, que había tenido una opaca presentación comenzó a hacer gala de sus mejores momentos en su paso por los Trotamundos de Harlem y el público no dejó de animar y aplaudir, presión que sintió la visita hasta el último minuto.

El sábado las cosas fueron muy diferentes. No eran los mismos Caimanes que 20 horas antes habían salido aplaudidos del estadio, no eran los mismos que ganaron más con ganas que con otra cosa.

Esta vez salieron derrotados 94-102 y rodeados de un silencio de reproche.

El sábado se vivieron cuatro periodos malos, cuatro periodos que silenciaron al público, que apagaron las gargantas de los narradores y que volvió a la realidad a los comentaristas del baloncesto.

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