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EL CUARTO DE SAN ALEJO

EL CUARTO DE SAN ALEJO

En muchísimas casas existe. Lo llaman el cuarto de San Alejo. Es el sitio a donde van a parar todos los chécheres, las baratijas, cuadros o adornos en mal estado, el libro que abrimos y jamás quisimos leer...las cartas de la novia arrumadas en un estante polvoriento...los retratos irreconciliables de nuestros amigos de niñez. Supe de un amigo que tenía su primera mujer guardada allí, pero ese es otro caso distinto. La lámpara que no se averiguó jamás el bombillo que le sirviera, la porcelana rota y que nadie se le puede medir a restaurarla...pero que da tristeza botarla, el marco que nos ha parecido bonito y que espera inútilmente le llegue el día de caer en manos del carpintero que lo refaccione.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Casi todos aquellos objetos cuando se adquirieron fueron motivo de alegría y solaz y tuvieron una finalidad determinada. Cuando usted abre ese cuarto generalmente huele a moho, a viejo, a humedad y piensa siempre...tengo que desocuparlo y dejar solo lo que realmente me sea útil. Pero, pasan los días...y los años...y no llega nunca el momento adecuado para decidirnos a hacerlo. Pues bien, en los países pasa lo mismo en dimensiones, tamaño y significación diferente. Se hacen monumentos, obras gigantescas para regocijo de los gobernantes de turno y que se inauguran con gran pompa. Pero, a veces, con el curso de los años toca tumbarlos. Eso sucedió con el muro de la infamia: cuando yo era chiquito había unos tipos que decían que eran comunistas e hicieron una tapia, creo que fue en Alemania para que nadie la saltara. Algo así como una barrera permanente para ser traspasada mediante un salto de garrocha. En otras ocasiones esos monumentos los dejan como patrimonio mudo de épocas antiguas dignas de ser recordadas, como la Muralla China y que terminaron siendo motivo turístico para todo aquel que se interese en conocerla. Pues bien, en Colombia estamos llenos de eso. Y en Ibagué afortunadamente ya estamos haciendo nuestro aporte para el gran cuarto de San Alejo de las cosas inútiles. Vamos a ganarnos una medalla al mérito mundial. Tenemos un puente que se hizo con la finalidad de mejorar y dirigir la entrada a Ibagué...y ahora nadie sabe para dónde va...dónde termina...y la distribución que va a hacer del tráfico vial no la comprende nadie. Es el puente del Sena pero es más fácil orientarse en el laberinto en el que encerraron a Minotauro que en este anillo vial. Y otra obra que está sufriendo el mismo deterioro es el pobrecito Teatro Tolima. Cuando lo construyeron yo oía en mis sueños los sollozos entrecortados y lastimeros de Carusso y María Callas exigiendo desde el purgatorio (dónde están recluidos por gritar tan duro) que les permitieran bajar a dar un concierto a los tolimenses. O soñaba a Laurence Oliver presentando obras de teatro...o siendo más modestos me imaginaba todos los grupos folclóricos colombianos, recreando a los tolimenses con muestras musicales y artísticas de la Costa Pacífica, del interior, de otros países. Fabricaba ilusiones con los espectáculos de ballets, toda clase de manifestaciones culturales haciendo acto de presencia en sus escenarios. Desgraciadamente no fue así. Una inversión millonaria como la que se gastó en su remodelación y adecuación no se justifica si no se le da un uso continuado. Va para el cuarto de San Alejo. Habrá forma de sacarlo de allá?. De ese lugar del olvido?. Darle dinamismo!. Vida!. Empuje!. Berraquera!.

*Médico-escritor

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