OSPINA, UNA EXPLOSIÓN LITERARIA

OSPINA, UNA EXPLOSIÓN LITERARIA

Eran casi las siete de la noche del jueves cuatro de febrero cuando repicó el teléfono de la sala en la casa de la familia Ospina, en Fresno.

03 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Don Luis, levantó el auricular y escuchó al otro lado de la línea una voz pausada y contundente que le preguntaba por el paradero de su hijo William Ospina.

El día anterior había sido el lanzamiento del libro Las auroras de sangre , en Bogotá y don Luis no dudó en contestar que William seguía en la capital del país.

El dueño de la voz cálida y madura lo interrumpió para preguntar por su identidad. Entonces don Luis le explicó que él era el papá del escritor.

Cómo me alegra estar hablando con el padre de ese hombre tan grande que es William. Qué hiciste tú para hacer a ese hombre! Yo no he visto entre las juventudes una cosa tan grande como William , exclamó su interlocutor.

Con quién hablo?, preguntó, don Luis extrañado.

Con Gabriel García Márquez..., le contestaron.

Orgullo e inspiración Un suspiro y un arrollador sentimiento de orgullo llenaron el pecho de Luis Ospina hasta hacerle asomar una sonrisa de satisfacción. La llamada del premio Nobel de literatura fue otra de las pruebas sobre los alcances de las letras y el pensamiento de su hijo, después de haber sido testigo de su evolución.

Don Luis lo recuerda desde las correrías infantiles de William en las grises y frías calles de Padua donde la vida quiso que naciera en 1954, cuando vivían en el segundo piso de una casa esquinera del barrio el Crucero sobre la salida a Manizales.

Cuarenta y cuatro años después el nombre de William Ospina desborda los ya apretados cauces de la élite intelectual en la cual se ha movido desde su arribo de Francia unos 20 años atrás, para irradiarse irrefrenable entre los colombianos a través la televisión, la prensa escrita y la radio.

Un proceso que comenzó con sus numerosas correrías por diferentes ciudades del país para leer su poesía, mientras inagotablemente seguiría reflexionando sobre el país, leyendo y escribiendo.

Desenterrando energías Ensayo tras ensayo y poema tras poema, la crítica literaria actual coincide en que independientemente a las polémicas que despiertan los ensayos de William Ospina (el propio Mario Vargas Llosa describió el pensamiento de Ospina como la actualización de un buen número de mitos y actos de fe de la utopía arcaica indigenista, que tantos estragos causó en la literatura y la historia de América Latina), la forma en que escribe eleva todas sus obras al nivel de un embrujo.

Una especie de canto de sirena por el que el castellano vuelve a respirar hasta convertirse en un elemento capaz de perturbar la concentración sobre el contenido de sus textos.

Un estilo que parece desenterrar energías y atributos en el lenguaje hasta ahora desaprovechados y que, al comparecer de pronto en la pluma de un joven autor, nos muestran que la antiquísima lengua que hablamos sigue tan nuevecita, dúctil y aventurera como cuando Berceo forcejeaba con ella para componer sus rimas , dijo el mismo Vargas Llosa.

Una explosión! En Las auroras de sangre , William Ospina vuelve a irrumpir con el impactante discurrir de su lenguaje y con los resultados de una profunda investigación en los archivos de la época de la conquista en España y en diferentes ciudades de Colombia, y que tomó cerca de ocho años.

El eje de la historia son las Elegías de Varones Ilustres de Indias. Más de 100 mil versos escritos por el andaluz Juan de Castellanos en los que este cronista cantó minuciosamente los viajes de Colon, el Descubrimiento, la conquista de las islas del Caribe, y el avance de los conquistadores alemanes por Venezuela , entre otros temas. Un libro por el que Ospina se ha ganado el afecto y la atención de autoridades como Gabriel García Márquez. En una reciente entrevista concedida al periodista Plinio Apuleyo Mendoza el Nobel califica a Ospina como una verdadera explosión de las letras cuya calidad está incluso muy por encima del nivel de la literatura colombiana .

Sobre su propio quehacer Ospina había dicho: Al historiador le corresponde decir qué ocurrió. Pero solo un poeta dirá cómo vivían los hombres esos hechos, no como circunstancias concretas, sino como sensaciones, climas. La poesía se acerca a los hechos históricos para sentir la vida y la belleza que hay allí, la poesía se arroja a esos hechos, a que le pasen cosas. No tiene el temor de alterar los hechos, su intención es hacer que la gente los viva, no que los conozca .

Actualmente el escritor tolimense prepara el ensayo La edad de los dioses ausentes , y la novela La Selva luminosa .

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