BOGOTÁ DESDE LA CARPA: QUÉ CIRCO ES ESTA CIUDAD!

BOGOTÁ DESDE LA CARPA: QUÉ CIRCO ES ESTA CIUDAD!

En el Palacio de los Deportes casi nada da indicio de que allí se practiquen el motocross, el campocross, la equitación, el tenis y el microfútbol. Más bien parece que un grupo de cirqueros, con la complicidad de cientos de asistentes, hicieron de ese escenario su casa, en pleno domingo de Ramos. A las 12 del día se abrieron los actos en la carpa Liliput, el tablado, la feria Tiempovivo y el Coliseo, pero apenas a las 3 de la tarde el público se tomó en serio el campo del Palacio de los Deportes para vivir allí el Festival de Teatro.

28 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

En las carpas roja y amarilla, verde y naranja, azul y verde, y negra y blanca se hizo eco a una cigarra cantante y a un rapero; se apludieron las proezas de un trapecista que con sus escasos veinte años arriesgaba la vida en una cuerda, y se hizo fila para que una adivina leyera las líneas de la mano.

El circuito fue flexible: casi nadie conocía el programa de la tarde (muchos pidieron programación y nadie la entregó), por eso cada familia planeó sola su tarde de domingo. En todo caso, antes o después del almuerzo celebrado a manera de picnic, el primer encuentro fue con la carpa Liliput, en donde los artistas del Colectivo de Cali presentaron dos funciones de El canto de la cigarra.

Allí, entre uno que otro adulto con cara de aburrido, se veía a los niños expectantes o asustados, y se escuchaba la voz aguda de uno que no llegaba todavía a los 5: Sapo abusivo... , su reclamo iba en contra de uno de los personajes de la historia.

Y a la salida de Liliput, el paso obligado y más atractivo, estaba en la feria Tiempovivo: nadie dejó de entrar. Sus laberintos, en donde reposaba de pie un hombre con cara de cadáver, eran la puerta de ingreso a un mundo de feria de esos que se ha ido llevando el tiempo. Este Tiempovivo agarró porque todo parecía estar allí de una vez: fotógrafos con sus corbatas coloridas, y pasadas de moda; acróbatas en bicicleta por la cuerda floja; contadores de historias que recuperaban el cuento de animación que los hombres de la frontera con Ecuador se inventaron; una cabeza malhablaba que adivinaba amores; un espejo que descifraba tristezas; una burbuja de todas las tallas; un lanzafuegos que no se equivocó en la tarde; una rana Rubiela con influencias en el cielo, el bar, el infierno, la cárcel y el cementerio; un grupo de jazz; un martillo con el que los niños golpearon, pero no llegaron lejos, y hasta una barra que sólo un David logró escalar para agarrar un premio.

Las sorpresas de Tiempovivo (de Enrique Vargas y el Taller de la Imagen Dramática de la Universidad Nacional) desafiaron a todos los visitantes del Palacio.

Aunque poco quedaba por descubrir en la tarde, el circuito no acabó allí. Se podía volver a Liliput a escuchar a una francesa contando historias con su acento lejano; otros optaron por la salsa y luego el rap, que se oían venir del tablado. La grave voz de dos negros, seguida con pasos por dos bailarines vestidos y bailando como gemelos, se dejó venir con la historia del Rebelde con causa; era el grupo Raza Gangster el que la invocaba.

Ahora vienen los entretelones de la Semana Santa. En ellos se moverán la adivina, el trapecista, Totó la Momposina, el ballet de Cuba, el calipso de Cueros Calientes... En fin, todos habitarán el Palacio de los Deportes hasta el próximo domingo. De día y de noche.

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