TOCANDO FONDO

No cabe duda de que este primer trimestre del año ha sido malo, muy malo, para la actividad económica y los distintos sectores productivos. Las pocas cifras de que se dispone, suministradas por las empresas, así lo señalan.

17 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

No es de extrañar, entonces, el estado de pesimismo y desesperación que se respira en las empresas. La quebrazón , como llama la revista La Nota; el golpe que han experimentado los balances de las empresas y de los bancos, ha sido de tal magnitud, que ese estado de ánimo es perfectamente explicable. El problema económico, además, no es el único que nos afecta y, al combinarse con las atrocidades de la guerrilla o con crisis tan profundas como la del sistema de salud, oscurece la visión del más optimista de los colombianos.

Yo quiero adelantar la hipótesis, sin embargo, de que, al menos en lo que se refiere a la producción y las ventas, estamos tocando fondo . Es una hipótesis arriesgada pero vale la pena lanzarla. La verdad es que este semestre y en particular este trimestre tenía que ser muy malo. No solamente por el efecto de comparar con los meses respectivos de 1998, sino por la entrada en vigencia de las medidas adoptadas para ajustar fiscalmente al sector público, con su cascada de impuestos y contribuciones.

Es positivo, por ejemplo, que la tasa de interés esté cayendo más rápidamente de lo que se esperaba. La semana pasada, las entidades financieras captaban recursos a tasas del orden del 22-23 por ciento anual, lo cual deberá llevar el DTF a un nivel del orden del 24 por ciento en abril, unos tres puntos por debajo de lo previsto, e, inevitablemente, debería reducir el costo del crédito bancario y aliviar, de por sí, a los deudores del sistema upac que todavía están vivos. Este factor no puede desestimarse. Sobre todo, porque tiene lugar en un ambiente de estabilidad de la tasa de cambio. Tanto que no han faltado quienes alerten sobre la posibilidad de que se presente una mayor revaluación del peso, si los ingresos de capital externo exceden los proyectados, lo cual tendría, como lo afirma La Nota, consecuencias indeseables sobre la actividad exportadora . Hay, pues, señales de un cambio en las condiciones que rodean la actividad empresarial que, de consolidarse, conducirían al inicio de la recuperación a finales del semestre.

Pero la recuperación va a ser lenta. En esto no podemos engañarnos. Todo el sector productivo está muy golpeado. Las empresas manufactureras, los agricultores, los constructores y las entidades financieras. Restablecer la normalidad en la relación entre los bancos y sus clientes tomará tiempo. El inventario de bienes recibidos en dación de pago por las entidades financieras es enorme y mientras no se reduzca, la construcción no arrancará en firme como lo queremos todos. Además, la incertidumbre con respecto a la evolución de los países vecinos es mayor hoy que al iniciarse este año, después de las explosiones de Brasil y de Ecuador. Del programa económico de Venezuela no saben ni los mismos venezolanos, por bien informados que estén. Los problemas de América Latina, la desaceleración del crecimiento de la economía mundial y una tendencia revaluacionista del peso afectarían duro nuestras exportaciones. Y este renglón de la economía es el que más hay que cuidar para enfrentar exitosamente el futuro.

*** Precisamente, porque la recuperación va a ser lenta y porque el sufrimiento de las gentes y de las empresas va a continuar con todo y la consolidación del cambio en la tendencia las presiones para cerrar la economía se van a acentuar. El problema, sin embargo, como bien lo detectó el informe de la revista Semana a propósito de los diez años de la apertura económica , no ha sido la apertura sino que los procesos que debían acompañarla no fueron los que se pusieron en práctica sino los opuestos. Sería un error gigantesco echar de para atrás en lo que no hay que hacerlo, y menos cuando el sector privado empieza a ponerse a tono con las exigencias de la misma apertura, forzado por la recesión y el ajuste global. Lo que se requiere es modernizar el Estado y reducir su tamaño, atacar a fondo la corrupción y mejorar la infraestructura social y física del país. Estas fallas, y no la apertura, son las responsables del desastre nacional de los últimos años, así el ex presidente Samper quiera mostrarnos, con su probada autoridad, lo contrario.

Pero como sí es deseable estimular la recuperación y aliviar los bolsillos de las gentes y los estados financieros de las compañías, mi sugerencia es acoger la propuesta de Armando Montenegro y posponer por un buen rato al menos mientras concluye en uno u otro sentido el proceso de paz la entrada en vigencia de los famosos Bonos para la Paz. Eso sí que facilitaría la reactivación y reanimaría a los empresarios. Y, además, forzaría al Gobierno y al Congreso a bajar más el gasto público, que es, exactamente, lo que se necesita para que la economía renueve su proceso de crecimiento.

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