TURISMO DE CLAUSURA

TURISMO DE CLAUSURA

Monasterio de la Candelaria La gigante construcción del Monasterio de la Candelaria sobrecoge a primera vista a los miles de turistas que lo visitan anualmente. Es una construcción de fines del siglo XVII, edificada alrededor de dos patios, uno de los cuales sirve como acceso.

18 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

En sus corredores está contada la historia de la Orden de los Agustinos Recoletos, sus moradores desde 1600.

El monasterio está ubicado dentro del área conocida como Desierto de La Candelaria, denominado como tal no tanto por la forma del terreno sino porque en él se instaló un grupo de ermitaños que buscaban un lugar solitario y apartado del ruido, como lo hacían los antiguos monjes que se iban a los desiertos para dedicarse a la oración y la penitencia, lejos del resto del mundo.

Uno de estos ermitaños, Juan Rodríguez, fue quien encabezó la tarea de unificar las chozas donde vivían, lo cual dio lugar a la fundación de un monasterio bajo la dirección del padre Mateo Delgado.

El recorrido por los antiguos muros del monasterio es guiado por uno de los religiosos que con ánimo conduce y explica a los visitantes los pormenores de su historia. Durante este se conoce la capilla actual y lo que queda de la antigua, un cuarto donde está el modesto mobiliario de los primeros habitantes del monasterio y un museo con reliquias religiosas.

El interior del monasterio guarda una colección de pinturas religiosas del siglo XVII. Sus fuentes, patios, jardines y casas de hospedería tienen un incomparable atractivo turístico, en especial para los que quieren hacer circuitos religiosos durante Semana Santa.

A la Candelaria se llega por un camino destapado desde Ráquira, de la que está distante siete kilómetros.

Un museo con 463 años El Museo Arqueológico La Merced de Cali tiene su historia: en 1536 se instalaron allí los frailes mercedarios que arribaron a la ciudad con Sebastián de Belalcázar, fundador de la capital del Valle.

Allí permanecieron hasta 1821 cuando se instalaron las agustinas recoletas, pues el gobierno de la época expidió un decreto por medio del cual extinguió las comunidades religiosas integradas por menos de ocho miembros.

Las religiosas habitaron el convento hasta 1975 cuando el Gobierno declaró el lugar como Monumento Nacional. Entre 1976 y 1977 se llevaron a cabo las obras de restauración del edificio que ocupa el 25 por ciento de la manzana comprendida a lo largo de la carrera 4a. entre calles 7a. y 6a., en el corazón de Cali y a una cuadra de la calle 5a., una de las principales avenidas de la ciudad.

El museo consta de 1.200 piezas pertenecientes a las culturas indígenas Tolima, Quimbaya, Calima, Tierradentro, San Agustín, Tumaco y Nariño. La mayor parte de las mismas es original y corresponde al periodo comprendido entre los años 1500 a.C. y 1500 de nuestra era.

El costo del ingreso es de 1.300 pesos para adultos, 700 para universitarios con carné y 500 para niños. El horario de atención de lunes a sábado es de 9 a.m. a 1 p.m. y de 2 a 6 p.m.

El museo estará abierto el jueves y viernes santos.

Claustros para refrescar la memoria Cartagena Hacia el siglo XVI, un grupo de negros rebeldes liderado por el cimarrón Luis Andrea empezó a adorar una figura pagana por la supuesta aparición de Buciraco, un macho cabrío que recorría de noche las laderas del cerro de La Popa, en Cartagena.

Las adoraciones de Luis Andrea y sus seguidores se acabaron cuando la férrea mano de los dominicos llegó hasta La Popa a principios del siglo XVII, capturó a los adoradores de Satán, botó la imagen del macho cabrío en un punto que todavía se conoce como el Salto del Cabrón y construyó un convento para alabar a Dios.

El cerro de la Popa es la mayor altura de Cartagena y en él actualmente está ubicado el monasterio de los padres Agustinos Descalzos. En la capilla se encuentra la estatua de la milagrosa y venerada Virgen de la Candelaria, la Patrona de Cartagena.

El monasterio de La Popa es solo uno de varios lugares del pasado religioso de la Ciudad Heroica que pueden visitar los turistas en Cartagena, para sentir que el viento viaja por las recámaras y silba contra las paredes.

Aparte del monasterio de La Popa, los visitantes en plan de recordar costumbres religiosas y ambientes espirituales pueden conocer otros lugares que, aunque están destinados para otros usos, guardan la rigurosidad del pasado.

Entre ellos están el claustro de San Francisco, al frente del Camellón de los Mártires; el convento de San Diego, ocupado ahora por la Escuela de Bellas Artes, y el convento de Nuestra Señora de la Merced, sede de la Universidad Tadeo Lozano (al lado del teatro Heredia).

También hay otros lugares testigos de confesiones y comuniones, como el convento de San Agustín, donde funciona la Universidad de Cartagena; la Casa de la Compañía de Jesús, ahora el Museo Naval, así como el convento y la iglesia de San Pedro Claver.

Otras dos reliquias arquitectónicas que guardan esa opulencia mística del pasado son el convento de Santa Teresa y el de las Clarisas, convertidos ahora en lujosos hoteles de cinco estrellas, el Charleston y el Santa Clara. Después de servir como severos claustros, estos dos últimos lugares han sufrido una gran metamorfosis.

Las hermanas del Santa Clara fueron expulsadas por el gobierno de Mosquera y el convento se convirtió primero en cárcel y después en hospital, atendido por las Hermanas de la Presentación.

El convento de Santa Teresa, después de que las hermanas teresianas se exiliaron, se destinó a sede de agrupaciones femeninas de beneficencia. Ahí también funcionaron una escuela de medicina, una cárcel y una estación de policía.

Es alrededor de estos conventos y monasterios de clausura donde el pasado hermético pero exuberante de Cartagena guarda historias de túneles, fantasmas y leyendas.

De monasterio a colegio Popayán Fundado el 20 de marzo de 1591 por deseo de Fray Agustín de La Coruña, quien otorgó escrituras de donación de todos sus bienes para que con ellos se fundara un monasterio para el remedio de doncellas pobres y honestas, y para aumentar la nobleza de esta ciudad .

También fue llamado Monasterio de Monjas Agustinas. La primera Iglesia de la Encarnación que construyeron las monjas fue destruida por el terremoto de 1736, la segunda y actual es el auditorio máximo del festival de música religiosa.

Cada integrante del monasterio debía aportar 2.000 pesos, así que las 279 religiosas que se formaron allí pertenecieron a familias prestantes que aportaron otras donaciones.

En 1814, el prócer Antonio Nariño expropió las alhajas de esta y de todas las iglesias de Popayán, pero las monjas lograron fundir parte de sus joyas para satisfacer sus necesidades.

El 28 de julio de 1863, por la Ley de Mosquera sobre incautación de los bienes de manos muertas, salieron para el Ecuador las últimas 12 monjas que quedaban y se establecieron en Quito y en Ibarra (Ecuador).

Posteriormente fue ocupado por religiosas salesianas que fundaron el primer colegio femenino que tuvo Colombia.

Desde hace 13 años pertenece al Colegio Mayor del Cauca, que dicta allí carreras intermedias como dibujo arquitectónico, lenguas y cerámica.

Se puede visitar sin ningún costo entre las 8:00 a.m. y las 8:00 p.m. durante todo el año. Está ubicado en la esquina de la 5a. con 5a.

cuándo es el festival de música religiosa? viernes santo El monasterio que se volvió hotel Popayán La construcción, que data del periodo entre 1568 y 1570, fue fundada por Fray Jodoco Riquer, quien además hizo lo propio con el convento de San Francisco de Quito. Aquí se establecieron los monjes franciscanos, dominicanos y agustinos desde la época de la Conquista.

El edificio fue monasterio de los Monjes Observantes de San Bernardino y luego llamado San Francisco hasta 1864. Posteriormente se desempeñó como Casa de Gobierno hasta 1926 y luego como Palacio de Justicia hasta 1940. Desde entonces funciona como hotel.

Está localizado en la Calle 4a. con Carrera 10, en el sector histórico de Popayán. Los turistas pueden visitar su arquitectura colonial y disfrutar de una tranquilidad semejante a la de los monjes que lo habitaron.

La construcción fue hecha inicialmente con muros de tapia pisada reforzada con sangre y muros de cantera. El terremoto de 1737 causó daños a la capilla pero fue restaurada. Con el terremoto de 1983 solo sufrió averías leves y fue restaurado respetando su estructura original.

Tarifas: Habitación doble, 121 mil pesos. Sencilla, 95 mil. Cuádruple, 47.500 por persona. Precios válidos por estadías de al menos cuatro días.

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