EL HIPÓCRITA FELIZ

EL HIPÓCRITA FELIZ

Por recomendación de mi tocayo Rafael H. Moreno Durán, hecha en la última Feria Internacional del Libro de Bogotá, leí con delectación el libro El hipócrita feliz . Este opúsculo escrito por Max Beerbohm reúne una serie de relatos y ensayos sobre la sociedad londinense de la era Victoriana. En el texto abundan las referencias a la afectación e hipocresía propias de muchos quienes rodeaban en la corte a la entonces soberana del imperio británico.

06 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Guardadas las proporciones, hoy el Palacio de la Torre en Tunja parece una caricatura del de Buckigham por las intrigas cortesanas que se tejen en su interior. De nuestro atribulado Gobernador se apoderó un grupo pequeño de habilidosos aduladores que se la pasan induciéndolo a errores y no le permiten ver la realidad. Ellas y ellos han convertido al mandatario de todos los boyacenses en el amanuense de sus mezquinos intereses y no en los del pro-común. Los pintorescos cortesanos de nuestro altiplano que fungen como secretarios o asesores, se erigieron en la guardia pretoriana de Eduardo Vega Lozano, a tal punto que no permiten el acceso a él sino de quienes hacen parte de su propia cofradía. Son expertos en filtrar y tergiversar información al Gobernador y le determinan, a base de chismes, quiénes deben ser vistos como enemigos de la administración por decir la verdad o por no tener la vocación servil que ellos profesan.

La consecuencia del aislamiento a que tienen sometido al Gobernador es que él cree que todas las cosas andan bien o marchan como debieran, cuando lo que uno escucha de respetables hombres que ejercieron la actividad pública con autoridad moral e intelectual y de los verdaderos amigos de Vega Lozano, es que a éste no lo dejan hacer, ni oír, ni ver lo que debiera, sino lo que a aquellos intrigantes les conviene.

Es por obra de estos genios de la manipulación, la simulación y la negligencia que el Gobierno Departamental está perdiendo la confianza de la opinión pública y hasta de quienes contribuimos a elegirlo. Yo, a diferencia de la mayoría de los escépticos, creo que Vega Lozano es capaz de rectificar el rumbo y de sacudirse de la influencia dañina de esa concha de chisgarabises que solo saben batir incienso.

Aún es hora de que el Gobernador reaccione y regrese a la realidad; porque aquellas y aquellos a quienes nos venimos refiriendo lo tienen en la estratósfera. Si Eduardo Vega Lozano aterriza pronto en los verdaderos problemas de Boyacá, seguramente podrá recuperar la credibilidad de buena parte de sus conciudadanos. Lo contrario, es decir, seguir en lo mismo, sería la consolidación de la inercia y la ineptitud por lo que resta del periodo del actual gobierno departamental. Y, contra tan sombría perspectiva los boyacenses tenemos el derecho a rebelarnos y desenmascarar ante la opinión pública a quienes se acostumbraron a medrar de la nómina y la contratación oficiales sin importarles la suerte del mandatario de turno. Por ello, no es de extrañar que estos correveidiles ya se estén alistando para abrumar al próximo Gobernador con su cortesanía habitual, digna de El hipócrita feliz .

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