DERROTEROS COMPARTIDOS Y MALES COMUNES

DERROTEROS COMPARTIDOS Y MALES COMUNES

Pocas veces se ha presentado una oportunidad más propicia para hacer el examen de una situación tan crítica como la de América Latina. Simultáneamente le cayeron plagas diversas (crisis financiera internacional, fenómeno entre devastador y perturbador del Niño, desplome de los precios de los productos básicos). Pero el sincronismo y la intensidad de sus males despiertan la curiosidad de indagar hasta dónde la similitud de sus políticas ha contribuido a provocarlos o agravarlos. El fortalecimiento de las desigualdades sociales y el afianzamiento y diseminación de la pobreza, si no la parálisis del desarrollo, delatan corrientes de peligrosidad insoslayable.

16 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Porque el Banco Interamericano de Desarrollo fue fundado precisamente para impulsarlo, no podría ignorar en su Asamblea General de París los factores que lo entorpecen y estancan. Las expresiones de conflicto social y violencia presumiblemente tienen algunos de sus orígenes en los rumbos y percances de sus economías. Sabiéndolo o sospechándolo, sus directivas patrocinaron la elaboración de un detallado estudio de América Latina frente a la Desigualdad .

El primer hallazgo es inquietante y conturbador. En ninguna otra región del planeta es mayor dicha desigualdad. La más grande brecha de ingresos en el mundo se encuentra en Brasil y Guatemala, seguidos muy de cerca por Chile, Ecuador, México, Panamá y Paraguay. La falta de confiabilidad de la estadística colombiana en la materia, oscurecida por el supuesto absurdo de que nadie gana más de un millón de pesos, nos deja un poco en el limbo. Lo cierto es que tanto la miseria como la desigualdad y el desempleo en nuestro caso han venido acentuándose.

La tesis predominante era la de que a mayor concentración más generación de ahorro, y, de consiguiente, más inversión y crecimiento. Sin embargo, según el informe del BID, estudios empíricos recientes demuestran que la concentración del ingreso reduce las posibilidades del crecimiento económico. En lugar de conflicto entre equidad y desarrollo, existe una relación de mutuo reforzamiento .

Más de 150 millones de latinoamericanos el 33 por ciento de su población se halla en sus ingresos por debajo de los dos dólares diarios. Con niveles semejantes de desarrollo, otros países, al decir del referido Informe, han logrado disminuciones sustanciales de la pobreza. Al efecto, se trae a colación el ejemplo de Europa Oriental, donde los ingresos per cápita no difieren de los de América Latina, y, no obstante, allí la pobreza afecta sólo al 7 por ciento de la población . Si el ingreso se distribuyera como en el sudeste asiático, esa pobreza sería la quinta parte de lo que en realidad es.

Aquí ha prevalecido la idea de que no se corrige sino a base de moroso progreso educativo. Inadvertida o deliberadamente se desconocen sus canales de reproducción. Tales, verbigracia, las enormes diferencias salariales o los sistemas financieros que restringen el acceso al crédito de los grupos e individuos de menores ingresos.

* * * * * Aparte de este examen general, convendría analizar el balance negativo que va arrojando la presente década, en contravía de los pronósticos de recuperación y redención. Para Colombia fue mejor, mucho mejor, la de la crisis estrepitosa de la deuda en los años ochentas. En la actual, hemos visto estancarse la economía, multiplicarse el desempleo, deteriorarse el salario real y diseminarse la miseria. Al amparo del Consenso de Washington no hemos vislumbrado la tierra prometida de la prosperidad sino asistido a la disipación de la efímera bonanza petrolera y a la tendencia dominante de vivir alegremente a debe.

En torno nuéstro, Venezuela ha quedado atrapada en la crisis del petróleo, Brasil en sus deudas y Ecuador en su desconcertante y desconcertada perplejidad. Paradójicamente, ayer no más se importó de su seno el impuesto a las transacciones financieras, como tabla de salvación y madero seguro de estabilidad. No le bastó siquiera para equilibrar sus finanzas públicas, ni le ahorró el salto al vacío que atónitos estamos presenciando. Común denominador ha sido, por supuesto, la falla del elemento financiero internacional, del cual había pasado a depender el funcionamiento de las economías de estos pueblos. Esta sola circunstancia, no incitará a una revisión del dogmático esquema? Al menos un balance de prueba debiera hacerse. Si es recomendable para los individuos y las empresas, cómo no practicarlo las naciones ante signos evidentes de parálisis y retroceso? Se aducirá que los fracasos obedecen a sucesos adventicios de ningún modo esperados. Pero no se puede ser exclusivo marinero de agua dulce, capacitado apenas para moverse en condiciones apacibles y sin medios para cruzar tormentas. Entre otras cosas porque las complicaciones pueden provenir de yerros ocultos de las cartas de navegación.

El adagio enseña que mal de muchos, consuelo de tontos. Pero en la hipótesis de constituir manifestaciones coincidentes de una misma endemia, se incurriría en grave error al invitar a resistirla con estoicismo, en vez de hacer el esfuerzo de contrarrestar su virus y de proceder a curarla. Por lo pronto, las recesiones están a la orden del día.

Eduardo Nieto Calderón Profundamente conmueve la desaparición de una personalidad tan distinguida, reflexiva y sobresaliente. Desde muy joven se caracterizó por su tolerancia civilizada, pero jamás por la transigencia pusilánime con el atropello o la barbarie. Detrás de la suavidad de su trato, había todo un carácter, decidido e irreductible. Una mente lúcida y bien cultivada, junto a una exquisita sensibilidad artística que de las letras disfrutaba con deleite ancestral. Era hombre de fuertes convicciones: liberal y demócrata de puro cuño, con reminiscencias republicanas.

Después de un primer encuentro el último año del bachillerato, el destino nos llevó a verlo en el ejercicio integérrimo de su función de presidente del Banco Popular. De institución de crédito para el consumo la convirtió en palanca propulsora de empleo en las áreas de las empresas pequeñas y medianas. Le preocupaba la falta de crédito para las gentes de pocos ingresos y procuraba democratizarlo. Gracias al estudio de una misión extranjera que mantenía en su escritorio a la espera de ocasión propicia, pudimos fundar, mancomunadamente, la ahora extinta Corporación Financiera Popular.

Su labor cultural no fue menos significativa. Del olvido rescató o preservó obras estelares de la literatura y la historia colombianas. Ello solo bastaría para perpetuar su recuerdo en la memoria agradecida de las nuevas generaciones. Como indeleble estará en la de los suyos y en la propia nuéstra. A Beatriz, a sus hijos y hermanos hacemos llegar el testimonio conmovido de nuestra solidaridad con su amarguísimo duelo

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