EN ESCENA

Con la sensibilidad de una artista y la habilidad de un gerente, la incansable Fanny Mikey está demostrando una vez más que es posible convertir la ciudad en un monumental escenario . Desde el pasado 23 de marzo hasta el próximo 3 de abril en 14 teatros de la ciudad el telón sube y baja continuamente para ofrecer en 16 espectáculos diarios, 12 estrenos de grupos colombianos y 24 obras de grupos extranjeros. Al mismo tiempo en la zona rosa, bajo una carpa-cabaret, hay música, canciones y ballet, en un ambiente lleno de alegría para que los jóvenes boten corriente. Y como se trata de que todo el mundo disfrute del festival de la felicidad , hay espectáculos al aire libre en plazuelas y parques.

28 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

El Festival Iberoamericano de Teatro, una empresa de titanes que cumple ahora su cuarto encuentro, ha superado todos los obstáculos, más la tradicional apatía y el pesimismo ancestral de los habitantes de este altiplano. Y gracias al tesón y al dinamismo de Fanny se está incrustando de lleno en nuestras costumbres. Pues aquí, en donde todas las iniciativas de distracciones públicas han fracasado, el festival de teatro crece y cada vez son más numerosos los países que participan; y el número de espectadores va en aumento.

Con un grupo pequeño de colaboradores, Fanny ha manejado todo el engranaje y ha convocado también a la gente que cuenta. Porque, del presidente para abajo, incluidos ministros, candidatos, embajadores, gerentes y grandes cacaos, todos han recibido el llamado de la artista y se han involucrado en esta gran cruzada del arte y la cultura, que es como un respiro para una ciudad solemne y llena de problemas, en donde la gente, por vivir en plan de quejarse, no tiene tiempo de distraerse.

El Festival de Bogotá, por la importancia que tiene, fue escogido por la Unesco para otorgar aquí los premios internacionales de teatro. Vino un jurado de locura y todo esto es muy importante para el buen nombre de Colombia , dice Fanny, con los ojos brillantes de lágrimas. Son lágrimas de alegría por haber logrado la proeza de reunir en Bogotá, por cuarta vez, grupos de teatro de medio mundo; y porque ve, con gran satisfacción, que su proyecto que pudo parecer inalcanzable en un principio, dejó de ser una utopía. Y porque además se la buena imagen exterior, la imagen interior del país progresa, pues hay cada vez mejores directores, mejores actores, más contactos internacionales que los benefician a todos, y hay cada día más aficionados al teatro.

Lástima, sí, que la temporada haya coincidido con la Semana Santa, porque mucha gente sale de la ciudad y muchos en días santos no van a teatro. Pero de todos modos este gran festival, el que ofrece la mayor y más variada cantidad de espectáculos de masas en un mismo día, es la mejor oportunidad para quebrantar cada dos años nuestra monótona rutina.

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