EL CARÁCTER DE UNA SOBERANA

EL CARÁCTER DE UNA SOBERANA

Enrique VIII de Inglaterra dividió en dos la historia de su nación al divorciarse de Catalina de Aragón hija de los Reyes Católicos, desacatar al obispo de Roma y fundar la iglesia anglicana regida por él mismo. Después de seis matrimonios, la dinastía de los Tudor logró mantenerse en el poder hasta las postrimerías del siglo XVI, con la sucesión de tres de sus vástagos: Eduardo VI hijo de Jane Seymour, María I primogénita española, la tristemente célebre Bloody Mary e Isabel II producto de su ilegítima relación con la cortesana Ana Bolena. Aunque la cinta que comentaremos a continuación se refiere solo a los primeros años de un período que sería conocido como la Edad de Oro, por sus dimensiones artísticas y mercantiles, tan condensada lectura histórica y una virtuosa recreación visual o fotográfica la hacen digna de muchos elogios.

19 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Elizabeth (La reina virgen), según el cineasta indio Shekhar Kapur, nos traslada a una época deslumbrante pero igualmente siniestra, por cuanto las rencillas religiosas entre católicos y protestante mantenían en vilo a los súbditos, y aquellos odios generados en pos del dominio de la corona suscitaron incontables confabulaciones. Al ser declarada bastarda cuando apenas era una niña, mantuvo una posición neutral con su media hermana soberana, quien se había empeñado en llevar a la hoguera a cuanto hereje renegara de las autoridades eclesiásticas. No obstante las peticiones de alianzas matrimoniales con delfines franceses, condes escoceses e infantes españoles, nunca se casó para efectos de consolidar tratados definitivos de paz con las otras naciones más poderosas de Europa. Si su vida sentimental fue un misterio, el romance que mantuvo con el conde Robert de Leicester sigue siendo muy comentado.

Más allá de los trascendentales acontecimientos, que el propio director asiático reconoció ignorar cuando le propusieron su filmación, cabe insistir sobre la prodigiosa maestría cinematográfica, que hace de esta cinta una de las más bellas del fin de siglo. Planos y encuadres son el resultado del análisis previo de las situaciones escenificadas; fotografía de interiores dominada por mecheros y luces de candelabros, o sometida con exigente verismo a los rigores de la oscuridad en las mazmorras y al blanco candente de las hogueras. Cada secuencia se desarrolla con deliciosa fluidez, mientras la cámara explora diferentes ángulos y las atmósferas traducen un ambiente monárquico de zozobra, que anuncia la contemporaneidad de Chistopher Marlowe y William Shakespeare. Cate Blanchett personifica con bastante propiedad, Joseph Fiennes revela su carisma de actor y... el viejo John Gielgud es un Papa terrible.

Vaticinios Shakespeare, apasionado, con trece postulaciones, encabeza el listado de películas favoritas para obtener el mayor número de estatuillas el próximo domingo en la ciudad de Los Angeles. La vida es bella podría consagrar al italiano Roberto Benigni como el comediante más importante del mundo en la actualidad. Un dato curioso: la dama inglesa Judi Dench actriz secundaria compite al lado de la Blanchett con una réplica anciana del personaje arriba mencionado

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