ASUNCIÓN DEL BARRIO

ASUNCIÓN DEL BARRIO

Desde La Perseverancia, la ciudad se ve de otro modo. Es la mirada del barrio, ese espacio humano que no ha desaparecido a pesar de urbanistas y políticos. Ahí, en medio de la irracionalidad del tránsito, la contaminación y las terribles violaciones del espacio público, el barrio pervive más por la voluntad incansable de sus vecinos que por los ordenamientos formales de sus planificadores. Lo que muchas veces no se comprende es que cada barrio que se destruya es un pedazo intenso de la memoria que se pierde. No se trata de ser Rousseaus de barrios y de buenos salvajes. El barrio, como los sentimientos o las razones, se transforma con una vitalidad que es propia de la existencia humana. Los barrios no sólo se rescatan a través de otras concepciones de la convivencia o de formas de la solidaridad. También se salvan a través de las imágenes que hablan de sus calles, de las relaciones de sus gentes, de los sitios de encuentro, de las lógicas de sus recorridos.

27 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Asunción, el dramatizado de televisión que después de más de cien capítulos llega a su fin, tuvo una especial calidez por la vida de barrio, por el tratamiento de sus personajes entrañables y, sobre todo, por recrear la vida anónima desde el ámbito de la ciudad. De una manera memorable, en algunos de sus capítulos se entretejieron las historias colectivas con los dramas personales, los mapas íntimos con las cartografías sociales.

Asunción forma parte de esa televisión que sin hacer demagogia de lo popular logra dibujar la vida de la informalidad, de la supervivencia en los trabajos humildes, de la tenacidad de las familias modestas.

Comprobó hasta la saciedad que no es necesario recurrir a las pasiones de artificio o a los argumentos vacíos pero efectistas para llegar al corazón de la audiencia. A punta de honestidad le dio una lección a esa otra televisión hecha con facilismo, con historias de relumbrón que están hechas de vacío y frivolidad. En un país en que los programas de opinión se están transformando en magazines baladíes, son algunos dramatizados como Asunción los que están sacando la cara al ofrecer narraciones en los que la gente se puede mirar sin trampas.

El éxito de Asunción , durante estos años, resulta como siempre de una adecuada combinación de factores. La voluntad de la Programadora por apoyar este tipo de realizaciones; la solidez de la historia creada por Andrés Marroquín, un joven estudioso y de talento al que además se le abona el inmenso cariño con que la dirigió. Se agregan, por supuesto, los magníficos libretos de Consuelo Quiñones, una de las guionistas más importantes de la televisión a quien aún falta que se le dé la oportunidad que otros han desperdiciado en abundancia. Finalmente, y no menos importantes fueron los actores que conformaron un equipo equilibrado, con matices y que enriquecieron progresivamente la obra. Y con todos ellos, el barrio de La Perseverancia que durante tantas décadas ha acompañado activamente la vida de Bogotá. Un barrio que como tantos otros aún tiene muchos relatos que contar.

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