PASIÓN Y LECCIÓN DEL ECUADOR

PASIÓN Y LECCIÓN DEL ECUADOR

Después de tantos palos de ciego, el Ecuador parece orientarse a buscar la salida de su profunda crisis mediante el acuerdo racional de sus fuerzas políticas. La reacción huracanada contra el alza del 165 por ciento de la gasolina, el aumento de cinco puntos del Iva y las implicaciones de la anárquica flotación de su moneda, persuadió a su Gobierno de la necesidad de buscar caminos menos draconianos y más ecuánimes.

20 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Nunca es aconsejable desatar las iras populares con disposiciones a todas luces desmedidas. Aun en la hipótesis de apuntar en la dirección correcta, su dosis, su precipitud y su radicalismo pueden echarlas a pique. El recuerdo del caracazo constituye advertencia permanente para los gobernantes latinoamericanos.

En lo fiscal, el Ecuador da trazas de estar pagando el elevado costo de prepararse, a lo largo de los años, para el conflicto armado con el Perú. El empeño de sanar la herida de un arreglo anterior que en su concepto careció de validez, lo indujo a procurar como fuera la definición del enconado litigio. La lotería del petróleo le ofreció una oportunidad financiera para lograr ese objetivo. Tras de repetidos combates y escarceos bélicos de los ejércitos fuertemente apertrechados, se llegó a cordial y definitivo avenimiento; pero los gastos realizados y los compromisos contraídos siguieron pesando sobre la economía.

El desplome de los precios del petróleo acentuó los desequilibrios y las escaseces latentes. Como la generalidad de los países de la América Latina, en la presente década el Ecuador ha dependido de los flujos del mercado financiero internacional para la absorción de su déficit comercial y el de la balanza de pagos. También del endeudamiento en que se vio forzado a incurrir para complementar sus menoscabados ingresos fiscales.

Como aprendiz de brujo, quiso experimentar en campos minados, quizá en la embriaguez de la bonanza petrolera, muy pronto esfumada. Suprimió el impuesto a la renta y lo sustituyó por el gravamen a las transacciones financieras que otros países, incluido el nuéstro, se apresuraron a copiar. Tal sustitución no obstante su inviabilidad e inequidad todavía entusiasma aquí a muchas mentalidades, tanto más como resultado de la multitudinaria y feroz embestida de la autoridad superior del ramo. En trance de modificar semejante experimento está el Ecuador.

En lo externo, enrarecido como se halla el crédito internacional, se le reventó el cinturón de seguridad de la banda cambiaria y decidió saltar al vacío sin paracaídas ni amortiguadores, con repercusiones obvias en el nivel interno de los precios. Mientras no se estabilice su tipo de cambio ni se contrarresten sus consecuencias inflacionarias, es prematuro tratar de establecer los efectos correctivos y competitivos de su devaluación.

Al primer violento viraje ha sucedido la rectificación correlativa. Derogadas han sido las medidas dictadas y retiradas las propuestas conflictivas. Nuevos gravámenes al patrimonio de las empresas y a las utilidades cambiarias de la banca se plantean, en tanto la crisis fiscal continúa y se prolonga la traumática de las instituciones financieras.

La rectificación ha comenzado por el manejo político. Al efecto, se ha procedido a consultar a sus organizaciones mayoritarias y a concertar con ellas las soluciones eventuales. No otra es la vía democrática. Análogamente, en lugar de enfrascarse en ácidas discordias, convendría promover inmediatos contactos entre los socios de la Comunidad Andina. De lo contrario peligraría este fecundo foco de integración y, con su naufragio, la de América Latina.

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