BUZÓN.

Suárez y los López Dice el ex presidente Alfonso López Michelsen en su Respuesta a Germán Arciniegas y citando a Nathanael Hawthorne que nada es tan abominable como la reivindicación de los ancestros por parte de sus descendientes. Caigo yo en esa abominación, no para reivindicar a mi abuelo Marco Fidel Suárez, sino para hacer ciertas precisiones en los escritos de estos ilustres colombianos. Como en ellos se mezclan acontecimientos en los cuales tomó parte Suárez, he creído pertinente ordenarlos para su mejor comprensión.

21 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

El ex presidente López se ocupa del primero, ocurrido en marzo de 1919. Los artesanos de la capital organizaron una protesta por la importación de uniformes y botas para el ejército que preparaba las ceremonias del centenario de la batalla de Boyacá. La manifestación degeneró en violentos desórdenes donde murieron abaleadas 16 personas. Al día siguiente se presentaron en Palacio Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo y Luis Samper Sordo culpando al presidente por la muerte de los artesanos y exigiendo ciertas medidas del gobierno. El presidente Suárez envió una Nota a la Legación de Estados Unidos protestando por la intervención en política de funcionarios de un banco estadounidense. Eran ellos Alfonso López Pumarejo y Luis Samper Sordo.

Esa exigencia de Suárez le ganó la animadversión de López para el resto de sus días: en las sesiones de la Cámara en 1925, cuando se discutían los cargos a Suárez, casi todos los conservadores y muchos liberales votaron a favor de la absolución. Entre quienes votaron en contra estaba López Pumarejo.

El segundo episodio es el de la separación de Suárez de la presidencia. Suárez nunca renunció, como consta en el Acta firmada en septiembre de 1921, en el Palacio de la Carrera. Tan es así, que días después el general Benjamín Herrera le propuso que retomara el poder, con gran escándalo de liberales y republicanos.

No es cierto que Suárez se separara a causa de las acusaciones de Laureano Gómez. Su separación tenía por objeto allanar el camino del tratado con Estados Unidos y el restablecimiento de la armonía entre el Congreso y el ejecutivo. Suárez deseaba la reanudación de los vínculos diplomáticos y comerciales con Norteamérica y muy lúcida y patrióticamente aceptó dejar el poder con la condición de que los debates sobre el tratado Urrutia-Thomson continuaran en el Senado.

El tercer momento es el robo de la defensa de Suárez al cual se refiere Germán Arciniegas y que tuvo lugar en 1922. Suárez había redactado un folleto que tituló Honores y deshonra , en el cual se defendía de las acusaciones y explicaba sus actos, cosa que no había logrado hacer en 1921. Lo había entregado a la imprenta de los padres salesianos. Los originales del folleto fueron robados de la imprenta y publicados en una edición extraordinaria del Diario Nacional y en carteles callejeros; pero aparecieron mutilados, llenos de epígrafes burlescos con insultos y caricaturas infames.

A la cabeza del periódico se leía una carta firmada por Laureano Gómez en la que informaba que los originales del folleto habían sido dejados en su casa por un individuo que días más tarde se había suicidado lanzándose al Salto de Tequendama. El Procurador de la República, doctor Elías Romero, ordenó la correspondiente investigación y pronunció sentencia condenatoria. Dice Suárez al respecto: Pero si la sentencia condenaba a los responsables a ciertas penas, la fatalidad la condenó a ella (la defensa) a la pena del olvido. El escándalo, el proceso y la condenación se trocaron en noche muda . (1) A este lamentable episodio es al que se refiere Germán Arciniegas. Mis palabras son una débil luz para que la noche muda del olvido no dure para siempre.

Teresa Morales de Gómez Y Luis Vidales? Para nadie es un secreto que el siglo actual llegó a Colombia con veinte años de retraso. Mientras el mundo literario se estremecía con las audacias de los surrealistas, el monólogo interior de Joyce, la carpintería deslumbrante de T. S. Elliot y las afortunadas exploraciones de Neruda, Vallejo y Borges, la pobre Colombia apenas aplaudía los sonetos parnasianos de Rivera, muy lejos de estar a la altura de su tiempo.

Por eso, la aparición de un adolescente irreverente, que cuestionaba toda la tradición poética del país con un libro singular, Suenan timbres, publicado en 1926, fue acogida con entusiasmo por sus contemporáneos. Los jóvenes integrantes de la Generación de Los Nuevos , Alberto y Felipe Lleras Camargo, Jorge Zalamea, Germán Arciniegas, los hermanos Umaña Bernal, Juan Carlos Lozano, Rafael Maya y el inmenso rey de la palabra, León de Greiff, saludaron a Luis Vidales, como el mago que acababa de liberar a la poesía de su dura costra feudal. Luis Tejada exclamó ante los sorprendidos contertulios del Café Windsor: Carajo! Quítense todos el sombrero que acaba de nacer un gran poeta! .

El iconoclasta había nacido en Río Azul, cerca de Calarcá, el 26 de julio de 1904. Después de haber cursado estudios en Bogotá, viajó a París donde se doctoró en Economía. Allí conoció muy de cerca a Aragón y a Eluard, a Picasso y a Tristán Tzará. Regresó en 1930 a fundar el Partido Comunista. De su experiencia militante salió su segundo libro, La obreríada, publicado en La Habana en 1978. Fue director nacional de estadística, profesor de historia del arte y comentarista de estética en EL TIEMPO durante 12 años.

Vivió exiliado en Chile entre 1952 y 1960. Se vinculó al Dane hasta su jubilación. Sufrió prisión 40 veces entre 1932 y 1979. Exploró todas las estructuras del lenguaje poético. Su poesía, sorprendente y desigual, es única en Colombia. Antes de morir en 1990, recibió el Premio Lenin de la Paz, por su entrega absoluta a los ideales revolucionarios.

José Luis Díaz-Granados Ciudad perdida Se trata de someter para la selección de los 100 personajes del siglo XX al grupo de profesionales que realizó el descubrimiento de Ciudad Perdida, en 1976, el suceso más importante de Arqueología de los últimos años. Un reseña de la odisea de su descubrimiento aparece en el libro Arqueología de Colombia. Visión Panorámica. Círculo de Lectores.

Lucía Rojas de Perdomo Un psiquiatra colombiano Con la presente adjunto varios artículos sobre el doctor Julio Asuad. Calibán , en su Danza de las horas , muestra claramente los triunfos alcanzados por este psiquiatra en la prestigiosa Universidad de París. También incluyo un aparte del discurso que el insigne Eduardo Zalamea Borda pronunció en el Hotel Tequendama de esa ciudad, en el gran homenaje que un grupo de sus amigos selectos le ofrecieron al doctor Asuad. Envío, además, una copia del telegrama en el cual el ex presidente Belisario Betancur lamenta su desaparición. Para terminar, una fotografía con el extraordinario doctor Eduardo Santos, su mecenas y amigo.

Alberto E. Asuad Londoño C.C. 8.010.027 Amalfi (Antioquia)

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