LOS REBUSCADORES DEL VÍA CRUCIS

LOS REBUSCADORES DEL VÍA CRUCIS

No hacen parte de la comitiva oficial del Vía Crucis Nacional, pero están en todas partes y aunque no tienen vehículo, siempre son los primeros en llegar a las concentraciones de católicos.

22 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Miguel y Martín Roncancio, de 35 y 32 años respectivamente, viven en Bogotá en el barrio San Francisco de Ciudad Bolívar.

Como vivían desempleados y no encontraban en qué ocuparse, un día cualquiera se acercaron a la emisora del Minuto Dios y allí se enteraron del Vía Crucis. Sin pensarlo dos veces decidieron que sería su gran oportunidad, así no fueran invitados.

Desde entonces han recorrido el país vendiendo escapularios, imágenes del Divino Niño, de la Virgen de El Carmen, rosarios y la oración de la Santa Cruz.

Cuando el primer Vía Crucis partió del Urabá, allí estaban. Fue tal el éxito económico que al año siguiente recorrieron al pie de la Cruz los santanderes y el Magdalena Medio. Al tercer año viajaron al Caribe y ahora están en la esquina suroccidental del país.

El nuestro sí es un verdadero Vía Crucis. Esto es muy berraco hermano. Yo no sé qué pecado cometí, pero es la única forma de ganarse uno la vida sin hacerle mal a nadie , dice Miguel con el cansancio reflejado en su rostro producto de varias horas de camino.

Con apenas 1,50 de estatura, ojos vivaces y su morral al hombro, Miguel dice que este vía crucis ha sido el más tenaz; aquí la gente es muy católica, sale en montonera, pero no compra nada , dice, mientras bebe agua.

A plenas 11:00 de la noche del sábado Miguel y su hermano Martín tratan de descansar recostados en uno de los estribos del puente viaducto que une las islas de Tumaco y El Morro.

Afirman que ellos animaron a sus cuñados William Roncancio y Pablo Giraldo para que se sumaran en su peregrinaje, porque como nadie nos da trabajo y no podemos dejarnos morir de hambre, pues hay que hacerle a lo que toca hermano .

Aunque los integrantes de la caravana oficial del vía crucis ya los conocen, los jóvenes rechazan cualquier ayuda, pues en algunas versiones del Vía crucis los rumores de la gente han llegado tan lejos hasta acusarlos de que tienen negocios con los sacerdotes. Eso no es así. Ellos son buena gente y por lo menos nos dejan trabajar... , dicen.

Para ellos, un día normal se inicia a las 5:30 de la mañana y salen a desayunar (cuando hay) y en la noche, después de recorrer las calles, buscan un hotel o se acomodan en las bancas de los parques.

Para unas 60 personas que viven del rebusque en este Vía Crucis, que ayer cumplió su cuarto día, el éxito consiste en conocer los horarios de salida, los recorridos y los lugares donde se cumplen los actos religiosos.

Aplicando su malicia indígena, todos saben que en medio de tanto fervor y aglomeración, siempre hay una caravana de vehículos que acompañan en largos trayectos a la procesión.

Y es ahí cuando nosotros nos pegamos , dicen en medio de carcajadas. Eso explica por qué están en todas partes.

Cuando salieron de Bogotá, cada uno de los rolos llevaba en su bolsillo 40 mil pesos en efectivo para gastos y en la maleta, mercancía por 400 mil pesos. Esa es la inversión .

Hoy, cuando han pasado cinco estaciones del Vía crucis, cada uno ha salvado la inversión. Ahora nos toca trabajar la ganancia , aseguran.

Por experiencia, ya saben que la gente casi nunca compra antes de la llegada de la caravana. Cada uno de los rolos lleva en su morral 600 rosarios, 300 escapularios, 250 oraciones.

Los mejores compradores son los abuelos y los artículos preferidos son los rosarios y las oraciones.

Por ahora, los cuatro jóvenes rebuscadores esperan con paciencia el recorrido del IV Vía Crucis Nacional por la Paz y la Convivencia, cuya última estación será el domingo en Cali.

FOTO: Con fervor miles de fieles recorren los poblados del suroccidente del país para pedir por la paz en sus departamentos. En las caravanas también participan vendedores informales que se rebuscan la vida con la venta de imágenes religiosas.

Foto Archivo EL TIEMPO

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