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HOLGADO TRIUNFO DE GAVIRIA EN OEA

HOLGADO TRIUNFO DE GAVIRIA EN OEA

En medio de una de las más reñidas votaciones que se recuerde, el presidente colombiano César Gaviria obtuvo 20 de los 34 votos posibles en la Organización de Estados Americanos (OEA) y se convirtió así en su séptimo secretario general y en el segundo colombiano en alcanzar esa alta investidura continental. El primero fue Alberto Lleras Camargo, uno de los fundadores del principal foro americano.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Bernd Niehaus, canciller de Costa Rica y principal contendor de Gaviria, obtuvo los 14 votos restantes.

El nuevo secretario general se posesionará en ese cargo después de dejar la presidencia de Colombia, el próximo 7 de agosto. En su declaración de ayer al conocer el resultado de la votación, que siguió minuto a minuto desde su despacho en la Casa de Nariño, dijo que trabajará por la integración americana con un criterio renovador.

Deseamos la paz, la democracia, la protección de los derechos humanos, la justicia y la libertad , dijo Gaviria al sintetizar los que considera los temas más urgentes en la agenda de esa institución.

En cambio, Niehaus, al conocer la derrota, pronunció un agresivo discurso en el que acusó a los países que le habían anunciado el respaldo a su candidatura, y que finalmente votaron por Gaviria, de haber echado por la borda su palabra y su honor ante las urnas .

Peor que una actitud imperialista de los fuertes es una actitud colonialista de los débiles , dijo Niehaus.

El triunfo de Gaviria fue ampliamente elogiado por todos los representantes diplomáticos del continente reunidos en Washington, ciudad sede de la OEA y donde se llevó a cabo la votación.

En Colombia hubo reacción unánime de dirigentes políticos en favor del presidente Gaviria. Ex presidentes y candidatos presidenciales lo calificaron como un triunfo de Colombia y además reconocieron la inmensa labor que desempeñó la canciller Noemí Sanín en esta exitosa campaña.

Gaviria ganó la secretaría por 6 votos La elección de César Gaviria como nuevo secretario general de la OEA fue más amplia y rápida de lo esperado.

Aunque previamente la canciller colombiana, Noemí Sanín, había dicho que confiaba ganar en la primera vuelta, los asistentes al XXI Período Extraordinario de Sesiones de la Organización esperaban una lucha más intensa y prolongada, dada la intensidad con que se había librado la batalla diplomática en días pasados.

Al final, todo se decidió en menos de media hora, incluyendo la elección protocolaria del presidente de la Asamblea, que recayó en el chileno Carlos Figueroa Serrano, y de la escogencia de los escrutadores, los representantes de Uruguay, Nicaragua y Canadá.

La votación en sí tomó escasos 15 minutos. Uno a uno fueron leídos los votos. Desde un principio se evidenció lo que todos habían previsto: que la votación sería mucho más apretada de lo que preveían los costarricenses, quienes hasta último minuto sostuvieron que tenían 21 votos en el bolsillo.

Fueron 20 votos contra 14. Los dos últimos anunciados por Christina Stewart, secretaria canadiense de Estado para América Latina y el Caribe, fueron cantados en medio de la celebración que brotó espontáneamente en la delegación colombiana, acompañada por los entusiastas aplausos de los asistentes, al alcanzar la cuenta el número mágico de 18 a favor del presidente Gaviria.

Diplomático abrazo Inmediatamente después de conocerse la votación final, la canciller colombiana se dirigió a su homólogo costarricense Bernd Niehaus. Tanto este, como el jefe de la delegación de su país, el vicepresidente Germán Serrano Pinto, se levantaron. Niehaus abrazó a Noemí Sanín y se sentó casi inmediatamente a procesar la rabia velada que pocos minutos después ventilaría en un discurso que sorprendió a todo el mundo por su agresividad.

Una vez todos volvieron a sus sitios, la canciller colombiana, que no dejaba de recibir felicitaciones a diestra y siniestra, habló desde su asiento por el teléfono inalámbrico con el presidente Gaviria para comunicarle personalmente su victoria. A su lado, calmados pero sonrientes, estaban el embajador en Washington, Gabriel Silva, el embajador ante la OEA, Julio Londoño, y el consejero presidencial para Asuntos Internacionales, Martín Carrizosa.

Acomodadas nuevamente las delegaciones, comenzaron los discursos. El de Noemí Sanín no estaba escrito. Unos días antes, en una de sus noches de insomnio, la canciller había empezado a escribir uno, pero decidió no terminarlo; como parte de la estrategia de Colombia, la delegación en su conjunto había llegado a la conclusión de que lo mejor sería no preparar discursos antes de la elección para evitar imprevistos.

La canciller empezó por transmitir a la audiencia el mensaje que unos segundos antes le había comunicado el Presidente y luego procedió a resumir, en palabras perfectamente hilvanadas, la sustancia de lo que a esas alturas ya había repetido incansablemente desde hacía tres meses, cuando empezó a trabajar como una hormiga en favor de la candidatura de Gaviria.

Niehaus ataca El discurso de Niehaus sí estaba escrito, a máquina, de antemano, como si el canciller costarricense ya supiera que iba a perder. Niehaus se tomó su tiempo para empezar, como buscando impulso. Una vez dichos los dos primeros párrafos protocolarios, lo que siguió fue una filípica contra la organización y la delegación que bajó notablemente el nivel de euforia que habían dejado las palabras de la canciller colombiana.

El canciller costarricense no dio tiempo a que lo pusieran en su sitio ni esperó la respuesta de sus colegas al baldado de agua fría que les acababan de echar encima.

Seguidamente, todos los delegados, prácticamente sin excepción, enfatizaron las cualidades del presidente Gaviria para dirigir la organización y el carácter democrático y transparente de la elección. Ninguno de ellos estuvo de acuerdo con la posición de Niehaus, quien para ese momento ya se encontraba afuera dando acaloradas declaraciones a la prensa que repetían los puntos expuestos ante la sala plena.

Dos veces más, los delegados aplaudieron vigorosamente: cuando se pidió un reconocimiento a Joao Baena Soárez y cuando uno de ellos mencionó a la canciller Noemí Sanín, quien, sin el presidente Gaviria en el recinto, se convirtió en la protagonista del que ella misma denominó el triunfo más importante de Colombia en mucho tiempo .

Euforia colombiana Al final, las cualidades del presidente Gaviria pesaron más que los compromisos adquiridos con Costa Rica. Pero sin duda, estas no habrían sido suficientes sin el incesante entusiasmo de Noemí Sanín, en quien todos reconocen a la verdadera arquitecta del triunfo de la diplomacia colombiana en Washington.

Al salir de la sede de la OEA, rodeada por un enjambre de periodistas y camarógrafos, la delegación colombiana, con la canciller en el medio, se dirigió a un grupo de unos treinta colombianos completamente empapados que llevaban más de una hora vitoreando al país y ondeando banderas bajo la lluvia. Allí, frente a la sede de la Organización, todos se unieron espontáneamente para cantar el Himno Nacional de Colombia. Al terminar, los mismos que gritaban Viva Colombia empezaron a corear Noemí Presidente, Noemí Presidente , mientras la canciller de Colombia se subía al carro que la llevaría a la casa del embajador y a un merecido descanso.

Noemí, un tractor imparable Qué tiene César Gaviria que no tiene Bernd Niehaus? A Noemí Sanín.

La elección del nuevo secretario general puede depender de un voto , dijo en un momento dado la Canciller de Colombia, reflejando la tensión de la contienda.

Durante la semana que ha estado en Washington, la ha mortificado un persistente dolor de muela, que ella atribuye a la tensión. También durmió poco, pero no afectó para nada su ritmo de trabajo, lo cual llevó al propio canciller de Costa Rica a calificarla como un tractor imparable .

De su enorme arsenal de armas diplomáticas hacen parte su aguda inteligencia, su apariencia menuda y una sonrisa que debió haber convencido a más de uno de los cancilleres del Continente.

La ministra dijo que la resistencia que había al comienzo de la candidatura de Colombia, se fue diluyendo frente a los argumentos integracionistas. Y logró, incluso, convencer a Ecuador, uno de los países más reacios.

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