MÁS AZUL QUE PARDO

MÁS AZUL QUE PARDO

Lo último que quedaba por ver en este desbarajuste que es hoy el país! Que al viejo y formidable Partido Liberal le nombrara sus jefes el Partido Conservador! Y eso, ni más ni menos, es lo que acaba de suceder con el doctor Rafael Pardo Rueda, sorpresivamente designado la semana pasada jefe del liberalismo por decreto presidencial.

01 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Hasta donde llegan mis recuerdos de viejo militante, los dirigentes de la colectividad se han ganado sus insignias de conductores por sus servicios constantes al partido y por voluntad de las bases y no por intrigas palaciegas ni menos aún por disposición del adversario tradicional.

Hasta los grandes cismas liberales han seguido el mismo patrón. Gaitán, López Michelsen y Galán no llegaron al altísimo sitial en donde los colocó su partido, haciéndole mandados al gobierno conservador. Empezando desde abajo, desde los arduos peladeros de la oposición, crearon e inspiraron los movimientos renovadores que luego, vigorizándola, se confundieron con el resto de la colectividad.

Pero ni el gaitanismo, ni el MRL, ni el verdadero Nuevo Liberalismo (tan distinto a la grotesca caricatura burocrática en que finalmente degeneró) fueron nunca un apéndice gubernamental. Por el contrario, si algo los identificó en su rebeldía, fue su dura lucha para convertirse en alternativas de gobierno y no en complementos obsecuentes del Establecimiento en el poder.

En el caso que nos ocupa, las cosas son totalmente al revés. Al doctor Pardo no lo han consagrado como efímero jefe de una disidencia del liberalismo sus inexistentes ejecutorias políticas ni su desconocido ascendiente sobre las masas, ni sus inéditos aportes intelectuales a la doctrina liberal, sino una más de esas salidas atolondradas que caracterizan al doctor Pastrana y que tan caras le van resultando al país.

Inspirado ya se imagina uno por quién, el Presidente resolvió faltarle al respeto al liberalismo y le improvisó un dirigente que, aunque en lo personal es muy apreciable, jamás ha tenido que ver cosa alguna con la colectividad. Pero lo hizo, además, con total falta de elegancia política y sin el menor sentido de la oportunidad. Para atentar burda y descomedidamente contra la unidad liberal, escogió la ocasión y la fecha en la que irónicamente convocaba al Partido a la unidad nacional.

Naturalmente el tiro le salió por la culata a Pastrana y a su distante inspirador porque nadie se entusiasmó con esa jefatura por imposición. Ni siquiera los colaboracionistas reconocieron al jefe que les inventó el Presidente conservador. La jefatura de Pardo resultó flor de un día y con la misma rapidez con que tan torpemente fue implantada, se marchitó.

Lo lamento por él. Sin necesidad de acudir a patrocinios maliciosos y desde luego metiendo los pies en el barro, embardurnándose de pueblo y haciendo auténtica política liberal en vez de actuar como muñeco del ventrílocuo conservador, el doctor Pardo podría llegar a convertirse en dirigente liberal. Pero para eso necesita acopiar muchos más títulos que el francamente clientelista y denigrante que le atribuye una información de El Espectador: el de ( ojo, señor Procurador!) estar listo a servir como puente entre el bloque colaboracionista] y el Gobierno en el manejo de la burocracia oficial .

No es, ciertamente, prostituyendo al Partido al que se aspira a comandar ni ofreciendo descaradamente puestos públicos para comprar adhesiones como se obtienen las codiciadas presillas de General.

Y a propósito de manipulaciones indebidas con la burocracia gubernamental, impresionante el muy largo y documentado informe que publicó hace hoy ocho días una publicación tan seria como Portafolio sobre el doctor Juan Hernández, secretario General de la Presidencia, y su dadivoso computador. Allí se comprueba que, como lo afirma textualmente Portafolio lista en mano, entidades como Invías, el ISS, el ICBF, la DIAN y otras más, se han convertido en focos de pago político en las cuales cada gamonal recibe su parte de la torta regional .

Pero más impresionante todavía es el silencio que, con pocas excepciones, han hecho los medios y los organismos de control en torno a las muy graves revelaciones de la publicación. Cuando apareció la noticia de las recomendaciones políticas en la Defensoría del Pueblo, hay que ver el escándalo que se armó. Hasta recuerdo se produjo una enérgica advertencia del Procurador en el sentido de que se realizaría la más severa investigación.

Ante estas otras revelaciones que la Red de Veeduría Ciudadana ya denunció también, y que son mucho más preocupantes puesto que afectan el centro del poder que es el despacho presidencial, el mutismo, significativamente, ha sido casi total.

Cosas de la moral pública y de la objetividad periodística en Colombia que, como el laborioso computador de don Juan Hernández, ya se gamonalizaron también.

* * * La autoridad del Gobierno frente a la expulsión de la Fiscalía de San Vicente del Caguán, se parece a la de aquel pobre señor que, desde debajo de la cama, le contestaba a su iracunda mujer que con un palo de escoba lo puyaba para que saliera de ahí: Pues no salgo, porque el que manda aquí soy yo!

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