EL MANGO

El símbolo regional de los ibaguereños debería morir dignamente. No debemos prolongarle su agonía. El mango de la Gobernación o del Parque Murillo Toro, se encuentra en estado terminal y sería un crimen tenerlo vivo en forma artificial. Este árbol que caló en los sentimientos de nuestras gentes y que ha sido testigo de memorables jornadas: políticas, folclóricas y hasta pasionales no debe caer rama por rama o chamizo o chamizo. Debe morir de pie como los robles, decían nuestros abuelos.

29 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

No se sabe con exactitud la fecha de su nacimiento, si hace 80, 100 o más años. Si fue cierto que Simón Bolívar, amarró su caballo blanco al palo, si bajo sus ramas se inspiró Cholagogue en su filosofía popular como aquella de que hasta que no se coma la última empanada no se sabe qué manteca queda o que No es necesario ser cocinero para saber qué tan buenas quedaron las empanadas , y en fin una serie de historias que se han tejido alrededor del mango. Los hechos más recientes que recordamos fue cuando el entonces alcalde Francisco Peñaloza Castro, quiso tumbarlo dentro de los arreglos que le hicieron al Murillo Toro, para volverlo un secadero de café. Por la época J.I. un buen bebedor y propietario de un local comercial de la calle 10, se encadenó al árbol, arrastrando al pueblo que comulgó con su idea de defenderlo hasta la muerte, creando con ello un problema de orden público que obligó a Peñaloza a cambiar de proyecto y a dejar el mango quieto. Claro en aquellos tiempos tenía frondoso follaje y daba frutos, aún no había sido víctima del pipí y en algunos casos popó de los borrachos en temporada de festival sanjuanero.

Ahora representa peligro y Hernando Hernández y los buenos vecinos del Parque Murillo Toro, deberían no invertir más dinero en el moribundo y buscar la forma de reemplazarlo por mango o por un árbol de mejor pedigree .

Lo mismo se debe hacer con algunos árboles de la plaza de Bolívar y otras calles de Ibagué, antes de que seamos víctima s del excesivo romanticismo y con una cruz de madera, elaborada con el mismo palo que nos cayó, nos adornen la tumba con el siguiente epitafio, también en madera del mismo palo, Aquí yace fulano de tal, un eterno enamorado de la naturaleza, especialmente de los árboles .

*Director Noticias Sabor Estéreo

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