PARA PONERSE A LLORAR

PARA PONERSE A LLORAR

La semana pasada fue pródiga en sobresaltos. Para el Gobierno, digo. Y, por supuesto, también para la opinión pública que apreció el desmoronamiento de los argumentos con los que fueron seducidas unas mayorías que ahora se debaten entre la frustración y el escepticismo. Ya no es el olvido olímpico a la meritocracia, ni a la promesa de no imponer nuevos impuestos. Y ni siquiera el gigantesco conejazo a los bogotanos por lo del Metro.

03 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Lo reciente tiene que ver con la corrupción y la ética. El gerente del Banco del Estado tuvo que renunciar. También el Embajador en México. Igual hizo la Viceministra de Desarrollo, y aún no se conocen las consecuencias que se deriven de las respuestas del Ministro a los agudos y sólidos argumentos de D Artagnan. Por el lado de la Corporación Nacional de Turismo, mientras más explicaciones, más se enturbia el agua.

El proceso para la paz está en veremos, pendiente de que en abril se reanuden las conversaciones con las Farc, y de que se asuman decisiones que permitan hablar con el Eln. Los trabajadores salieron a protestar contra el neoliberalismo a ultranza, los despidos masivos y el incumplimiento de los acuerdos. También protestan los deudores del Upac, ahorcados por la insensibilidad y la usura. La emergencia económica quedó en entredicho, y si no hubiera suficiente para demostrar cómo se improvisa y malgobierna, fue suspendido por manifiestamente ilegal el decreto que dispuso reemplazar por conservadores los miembros liberales de la Comisión Nacional de Televisión.

Ante tanto escándalo, se mostró como positivo la tal certificación, un procedimiento imperial e inamistoso inventado por los Estados Unidos para demandar sumisión y agasajar cortesanos. Y hasta en eso nos fue mal, por el tema de los derechos humanos.

Al margen de ese caos, pero para examinarlo y ver de qué manera se puede contribuir a que el país no siga desbaratándose, nos reunimos los liberales en Paipa. A pesar de que agentes gubernamentales qué descaro, qué vergonzoso trataron de sabotearlo, el encuentro con los congresistas fue un enorme éxito. No solo por la notable asistencia, sino porque se examinaron con detenimiento, inteligencia y patriotismo, aspectos muy principales de la vida nacional, en un clima tranquilo, sin sectarismos, con carácter, bajo la inspiración de encontrar salidas apropiadas al ambiente desesperado que nos asedia, por la violencia, el desempleo, el desorden financiero y la recesión económica, que es la peor de todo el siglo.

En Paipa, el Liberalismo reiteró su propósito de participar en el logro de una reforma constitucional, pero de verdad, que se refiera a lo político y electoral, pero también a lo económico y social. El Liberalismo tiene sed de cambios auténticos, no de esos que se ofrecen solo con objetivos electorales. Y quiere que se logre la paz, a lo que contribuirá con sinceridad y dolor de patria, sobre la base, claro, de que para ello se emprendan acciones constructivas, con participación de las diferentes expresiones políticas y sociales de la Nación, sobre manifestaciones transparentes de voluntad que se concreten en realizaciones para facilitar los acuerdos. Ni convidados de piedra, ni idiotas útiles, se expresó terminantemente.

El Plan Nacional de Desarrollo para la paz del Presidente Pastrana fue examinado con detenimiento. Las conclusiones desconciertan. No es Plan, porque se trata simplemente de una serie de planteamientos elaborados a treinta manos, deshilvanados, sin estrategia ni objetivos definidos; no es para el desarrollo, porque las prácticas neoliberales que acoge desvirtúan las responsabilidades del Estado y solo favorecen a un sector de la población, el de los privilegiados; ni es para la paz, porque no se ocupa de lo social y deja por fuera al pueblo, propiciando el desequilibrio y el marginamiento.

Total, las cosas marchan manga por hombro. Desde el nombramiento en México hasta la conjura contra Paipa, todo se ha hecho mal. Lo jurídico, lo económico, lo administrativo. Para qué hablar de lo social. Improvisaciones e indelicadezas han sido la característica esencial. Y el Gobierno se contenta con jugarretas y sombrerazos. Para ponerse a llorar!

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