DÉMOSLE RESPIRO AL ALCALDE

DÉMOSLE RESPIRO AL ALCALDE

Para una idiosincrasia inmediatista con poco sentido del futuro como la colombiana, la premura en emitir juicios y descalificar funcionarios corre pareja con la impaciencia por hallar soluciones a problemas de larga data, complicados por la acumulación de factores agravantes. Así se trate de la paz después de medio siglo de guerra o de las constelaciones de huecos de las calles bogotanas.

05 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

El alcalde Enrique Peñalosa estudió por años los problemas bogotanos y, al presentar su nombre a la escogencia popular, ofreció soluciones racionales a la mayoría de ellos. No milagros. Remedios que requieren planeación, presupuesto, muchas veces aprobación del Concejo, trámites que la lenta maquinaria oficial no se ocupa de agilizar y que muchas veces la misma norma se encarga de hacer interminables. Lo cierto es que el Alcalde tiene una clara visión futurista y que este primer año de gobierno le ha permitido sentar las bases para emprender ambiciosos proyectos que podrán situar a Bogotá en el siglo XXI.

Que se han presentado fallas y errores? Naturalmente. Ni el Alcalde ni su brillante cuerpo de asesores son infalibles. Fallas y errores que una ácida y criticona opinión pública le cobra con intereses upaquizados. La carrera 15 es un caso protuberante. No porque el rescate del espacio público deje de ser necesario, sino porque no se sincronizaron soluciones paralelas a los efectos que iría a causar. No es lógico privar al comercio del acceso de vehículos sin prever espacios alternos para estacionamiento, o los pequeños y algunos grandes o medianos comerciantes irán a la quiebra. Aquí se ensilló antes de traer las bestias, y al error se le agregaron los atroces bolardos, en vez de embellecer los andenes rescatados con arbustos florales, materas, jardineras, que disimularan la anarquía de fachadas y alturas. Con el agravante de que el rescate involucró las calles afluentes de la arteria, con lo cual el estacionamiento se redujo a los insuficiente centros comerciales de la 92 y la 93.

Feos los corbatines navideños? Sin duda. No fueron una afortunada manera de poner la ciudad en ambiente para la entrañable celebración. Pero, por qué darles tanta importancia y desconocer o minimizar el programa pico y placa que aminoró los insufribles trancones, los ya iniciados proyectos de ciclovías descongestionantes, los avances educacionales dirigidos a los barrios deprimidos, el programa de adopción de colegios del sur por planteles del norte, las jornadas masivas de vacunación infantil (más de medio millón de casos y cien mil de adultos), el plan de metrovivienda para clases populares, la remodelación del centro capitalino, hoy en deplorable depresión física y moral, junto con otros planes que sería prolijo enumerar? Pensamos que al acercarse el término del mandato de Enrique Peñalosa, los bogotanos estaremos viendo el florecimiento de una nueva ciudad y habremos de lamentar el fin de un período administrativo, que dejará honda huella en nuestra desastrada y querida ciudad. Los dos años faltantes resultarán insuficientes. Pero lo realizado para entonces no tendrá reverso posible. Será como el alumbramiento capitalino al siglo XXI.

Sensible sí que del candidato en mangas de camisa que dialoga en los buses con la gente y llegaba a los barrios marginados en bicicleta para averiguar necesidades, haya quedado apenas la imagen. Enrique se nos volvió inaccesible. Como presidente de la Asociación de Residentes del barrio que más coopera con el gobierno distrital en materias como aseo, mantenimiento de zonas verdes, vigilancia sobre el cumplimiento de normas vigentes, quise hablar con mi alcalde sobre importantes asuntos del barrio. Inútil empeño. No se dignó conceder una audiencia ni responder múltiples llamadas telefónicas, así fuese para decir que no. Ave César imperator! Pero no se puede juzgar toda una obra de gobierno que es ya y será trascendental para la ciudad, por actitudes y gestos que muchos califican de napoleónicos. Cierto D Artagnan? Pues bien. Démosle tiempo al alcalde, en vez de maldecirlo cada vez que cambiamos amortiguadores de nuestros vehículos o sentimos en la base del cráneo la caída en algún hueco abismal.

Gainesville (Florida)

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