BETTINO CRAXI ENTREGA PROPUESTA A LA ONU DEUDA EXTERNA DEBE AMPLIARSE A 40 AÑOS

BETTINO CRAXI ENTREGA PROPUESTA A LA ONU DEUDA EXTERNA DEBE AMPLIARSE A 40 AÑOS

La situación es cada vez más grave y requiere atención urgente para evitar repercusiones desastrosas. Es la conclusión que arroja un informe presentado por el secretario del Partido Socialista Italiano Bettino Craxi sobre la crisis de la deuda exterior y el desarrollo. El viernes circuló el documento en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El autor y político italiano confeccionó este informe por encargo del secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar.

21 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Craxi formula una serie de recomendaciones para aliviar la carga del débito a las naciones en desarrollo. Tuvo en cuenta las medidas ya tomadas y prevé la posibilidad de ampliar el ámbito de las mismas, además de incluir algunas propuestas nuevas.

Para muchos países en desarrollo, la carga de la deuda constituye un serio obstáculo a su crecimiento económico y social. Por ello Craxi estima que es preciso mantener el rumbo marcado por las siete naciones más industrializadas para lograr que las deudas de los países en desarrollo se reajusten a su capacidad de pago.

La carga debería aliviarse mediante la reprogramación a largo plazo de la deuda (30 ó 40 años) y una mayor concesión de su servicio a fin de tener en cuenta las diversas categorías de deudores.

La estrategia requiere la participación de todos los acreedores. Bancos, gobiernos e instituciones multilaterales.

Respecto al Plan Brady propuesto por Nicholas Brady, secretario norteamericano del Tesoro, Craxi tiene sus reservas: afirma que debería fortalecerse con mayores recursos y ser coordinado por una entidad del conjunto de instituciones financieras internacionales que trabajaría en estrecha relación con los bancos regionales.

Propone que el servicio de la deuda debería cancelarse por completo sólo en el caso de los países más pobres y de los préstamos concedidos para programas oficiales de asistencia bilateral.

Para ello, tendrían que permitirse los pagos de intereses sobre deudas bilaterales a fondos fiduciarios que se utilizarían para proyectos de desarrollo, protección del medio ambiente y recursos humanos.

Además, sugiere que se establezca un grupo intermedio de deudores entre los más pobres y los de ingresos medio a los que se beneficiaría con los intereses reducidos acordados en la cumbre de los países industrializados en Toronto.

Porque, los países deudores en desarrollo y las naciones de Europa del Este, deberían adoptar políticas coherentes de ajuste interno en colaboración con las instituciones financieras internacionales. Todo ello con la meta única del crecimienteo. Respecto a los Estados de Europa del Este, Craxi sugiere un esfuerzo especial para proporcionarles apoyo financiero en su paso a la economía de mercado.

El apoyo significa un alivio a su deuda con opciones innovadoras en materia de financiación y conversión del débito en acciones de empresas privatizadas.

En síntesis, Craxi estima que la carga adicional que representarían estas recomendaciones para los presupuestos de los países acreedores no excedería el 0.1 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Lo que significaría un aumento de sus presupuestos de asistencia del 0.35 al 0.45 por ciento del PIB.

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