PREFERIMOS AGUANTAR HAMBRE

PREFERIMOS AGUANTAR HAMBRE

A pesar de que las autoridades militares sostienen que la situación de orden público en el Alto Sinú está bajo control, los desplazados no creen lo mismo, pues sostienen que no regresarán a sus sitios de origen hasta que no cesen las confrontaciones armadas entre paramilitares y guerrilla.

19 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Juan Pablo Mercado, uno de los desplazados de El Diamante, sostiene que antes que regresar a su parcela y poner en peligro su vida y las de su familia, prefiere seguir de peregrino en Montería. Nosotros preferimos aguantar hambre en la ciudad , afirma con un tono de firmeza en sus palabras.

Según las estadísticas oficiales, luego de los últimos desplazamientos de finales del 98 y comienzos del 99, en Tierralta permanecen más de 1.000 desarraigados, en el corregimiento Tierradentro, municipio de Montelíbano, hay 2.000 y en Juan José, jurisdicción de Puerto Libertador, existen 2.100 labriegos, que se niegan a regresar a sus parcelas en el Parque Nacional Paramillo.

Pero confrontando estas estadísticas con las que manejan las parroquias, las organizaciones de ayuda humanitaria y los mismos afectados, el número de desplazados en estas localidades podría triplicarse.

El secretario del Comité Integral de Desplazados, Iván Berrocal Fonseca, dijo que la operación retorno de los desarraigados por la violencia no ha sido posible hasta el momento, debido a los problemas de inseguridad existentes en la zona de donde salieron.

Córdoba, desde 1985 a 1998, tiene un consolidado de 100 mil desplazados, la mayoría con serias dificultades en materia de empleo, salud, educación y vivienda. Y antes que regresar a sus tierras, los campesinos prefieren sufrir su propio vía crucis en las poblaciones y ciudades. Recientemente llegaron a Montería 19 familias más, procedentes del sur del Departamento.

El tema de los desplazados se ha convertido en los últimos tiempos en caballo de batalla de los políticos, pero al momento de tomar decisiones con ayudas tangibles y concretas, se convierte entonces en una papa caliente .

El gobernador de Córdoba, Angel Villadiego Hernández, dice que este es un problema que se le salió de las manos y amerita una intervención urgente del Gobierno Nacional. Sin embargo, las ayudas procedentes de la Consejería Presidencial para los Desplazados llega pero a cuentagotas.

La única ayuda verdadera y permanente ha venido por el lado de organismos humanitario internacionales como la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y Acción Contra el Hambre. Incluso así lo reconoció el presidente del Senado, Fabio Valencia Cossio, en su última visita a esta ciudad.

Pero las palabras de Valencia Cossio no han pasado de ser simples promesas que varios meses después únicamente las recuerdan los afectados por el drama de la violencia. El Congreso de Colombia está dispuesto a legislar, de manera inmediata, en todo lo que sea necesario para asumir uno de los problemas más graves que tiene el país: un millón de desplazados , dijo en esa oportunidad el congresista.

Mientras tanto, las autoridades tratan de convencer a los campesinos para que regresen a sus lugares de origen, labor infructuosa pues algunos desplazados todavía tienen el miedo de la muerte dibujado en sus ojos El investigador de la Corporación Universitaria del Sinú, Víctor Negrete, quien ha sido un estudioso del fenómeno social que se presenta en el sur de Córdoba, dijo que hay un temor justo en la población, pues el enfrentamiento entre autodefensas y guerrilla es lo que origina la actual situación . Recordó que es urgente llegar a un principio de acuerdo para ponerle fin a los enfrentamientos.

Otra de las pocas personas que ha denunciado las acciones salvajes y demenciales que suscitan el desplazamiento forzado y que ha urgido una intervención a nivel del Gobierno Nacional, es el obispo de la recién creada Diócesis del Alto Sinú y San Jorge, monseñor Julio César Vidal Ortiz.

Hablar con los campesinos de las zonas de Saiza, el Río Manso, El Diamante y Batata es escuchar historias macabras de sangre, torturas y muertes. Niños huérfanos y viudas desconsoladas que claman ayuda y piden que cese la guerra.

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