LAS UTOPÍAS NO SE MARCHITAN

LAS UTOPÍAS NO SE MARCHITAN

Pensar el progreso de nuestro Tolima tiene que ser un acto de franqueza, de valor y de fe porque nuestra vida ciudadana ha sido paradójica, aguerrida, ilusa, incierta, esforzada; ha sido un mosaico de vida, de adversidad y de esperanzas.

13 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

El sublime contenido de nuestro bunde; las querencias que se amañan en los recuerdos; las evocaciones históricas, trágicas unas, como las de la inmerecida violencia; románticas otros, como las que se escribieron en los albores de este siglo que es ya recuerdo. La tristeza y el lamento por las oportunidades perdidas; Cuántas oportunidades!: las de la plata y el oro de las montañas norteñas, las del café, las del tabaco, las del arroz y el algodón; tantas oportunidades convertidas en dinero a montones y que pudimos paladear y palpar fugazmente pero que la ingenuidad y la falta de identidad permitió que se esfumara por entre los dedos laboriosos del tolimense, frustrando el proceso de formación de capital, elemento esencial para ampliar la base económica. Las leyendas del Mohán, de La Patasola, todo un cosmos de mitos que nos embriagan o nos alelan cuando escuchamos los relatos de los viejos; la geografía hermosa de las montañas y los valles humedecidos por ríos donde se refleja el blanco de las cumbres nevadas; la música, la bambuquera, la que nos ensancha el alma con orgullo; la bohemia de los bohemios de mitad de siglo.

Este es apenas un ligero semblante de nuestra tierra, de ese Tolima que estamos seguros se agigantará porque siempre estuvo lleno de utopía y la utopía no se marchita como se marchitan las flores, sino que se mantiene viva y abierta como una invitación a mejores tiempos. De ese terruño, que es historia confundida y contradictoria, surge hoy un tolimense nuevo. Nuevo porque ya no es aquel que se cansó de construir recuerdos sólo para que sean recuerdos y no realidades para la economía, para la justicia, para la vida y para la paz; un tolimense nuevo que empieza a conocer de política porque antes sólo supo de politiquería, esa trágica deformación de lo público que por muchos años fue el único referente de vida en comunidad y que por poco asesina nuestra identidad.

Esta es tierra pródigo, habitada por un gigante en hibernación que ya despierta en primavera; que está dispuesto a construir la felicidad para agotar el sufrimiento, que va a entonar sinfonías de progreso con las palabras reprimidas en tantos años de silencio. En esta tierra, que compartimos con gente buena de otras tierras, produjimos algo así como la dialéctica de las razas y los temperamentos para elaborar en síntesis un nuevo espíritu. El nuevo siglo, estamos seguros, será el de contenidos de futuro porque este apenas fue de contenidos de pasado; nuestras generaciones de relevo son generaciones en transición que funden la añoranza con la futurología para mantener en su corazón los escenarios del ayer mientras en su cerebro construyen los escenarios del mañana. Son generaciones que se apropian de las utopías para erigirlas como faro, son generaciones que, impondrán la paz con ráfagas de democracia y con avanzadas de trabajo. El Tolima es presente y promisión, es tierra de gente buena que trabaja por un país bueno.

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