LA SEÑO AIDA

La seño Aida Solano, como la llaman los niños, vive en el corazón del populoso barrio de San Fernando, que hace parte de la llamada Zona Suroriental de Cartagena, uno de los cordones de miseria más grandes de América Latina.

20 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Vive esta mujer, de 65 años, frente al sector de El Hoyo , un área suburbana donde pululan las ventas de bazuco, marihuana y cocaína. Donde los niños se convierten en los Juanitos Alimañas del que cantaba Héctor Lavoe, donde la vida, en ocasiones, no vale nada y se hace lo que se puede por sobrevivir... hasta matar, si es el caso.

La casa de la seño Aida Solano está tan derruida y devastada por el tiempo y la pobreza como las otras del sector.

Sin embargo, una cosa la diferencia: en su patio alberga un refugio sencillo y cálido, adoquinado y con un techo sencillo, donde diariamente 82 niños, entre los 4 y 14 años, van todos los días a aprender a a decir buenos días, gracias, por favor ; aprenden a sumar, a restar y a multiplicar. Pero, por sobre todo, a salvaguardarse de los peligros de la calle.

Conmoción Me conmovía ver a tantos niños en la calle, desnudos o en interiores, sin alguien que los cuidara. Entonces me dije: hay que ayudarlos y empecé a llevarme a algunos a mi casa y así empezó todo. Los tenía allí hasta la noche cuando llegaban sus padres , cuenta.

La mayoría de los menores son hijos de drogadictos o de madres solteras que deben trabajar en el día para ganarse el sustento.

Los dejan en la casa solitos y ellos se salen y con el tiempo adoptan los comportamientos de los adultos. Me daba dolor que esos niños se fueran por el camino malo , dice.

Ella apenas sabe leer y escribir. Pero lo poco que sabe lo trasmite a sus niños. Dice que la jornada la comienza en la mañana a las 7:00. Lo primero que hace es poner tareas de escritura o matemáticas a los más grandecitos, para que se mantengan ocupados, mientras llega hasta los más niños, que son los que más demandan cuidados y tiempo.

Vivo momentos de alegría, pero también de depresión. A veces son tantos niños para mí sola que creo que me puedo volver loca, pero el Espíritu Santo me ayuda. Cojo una que otra rabia, pero después me calmó y Dios me da fuerzas para seguir en la batalla , dice la seño Aida, con una dulce sonrisa.

Mano dura Cuando le toca enojarse le toca, como bien lo dijo. Los niños que llegan a su albergue no son precisamente niños ejemplares. Muchos se han criado solos, han sido víctimas de agresiones físicas, suelen estar muchas horas en las calles, utilizan un vocabulario soez y son muy ariscos.

Cuando se arman peleas, o cunde la desobediencia, La seño Aida tiene que recurrir a una reglita que llama La sabrosa y que utiliza en caso extremo, pero que sirve para recobrar el orden perdido.

En esta tarea la mujer lleva 10 años. Aida Solano es madre de seis hijos que levantó a pulso. Se separó de su marido cuando el último de sus hijos cumplió seis meses de nacido. El hombre tenía problemas de alcohol y hacía mala bebida. Un día, sin peleas, le dije: Hasta aquí llegó yo. Lo mejor es que nos separemos . Desde entonces empezó a luchar sola por salir adelante.

Para alimentar a sus hijos vendía comidas en el mercado. Después con unos ahorritos compró una máquina de coser y empezó a elaborar vestidos que daba a crédito. Después puse un ventorrillo en la casa , dice.

Total que la seño Aida con el sudor de su frente fue levantando a sus hijos que fueron a la primaria, peor no pudieron llegar a completar el bachillerato.

La felicidad Lo más maravilloso de mi trabajo es que puedo ver en un año la transformación de los niños. Tanto así que de aquí salen para las escuelas oficiales. Muchos, antes de llegar aquí, son rechazados porque no tienen la preparación inicial para lograr un cupo. Eso me llena, me hace muy feliz , dice.

Este año, Aida Solano pondrá a 82 niños, pobres absolutos, en el camino de su formación. Ella los pone en ruta y los salva de las garras de la calle.

Dice que por cada niño cobra una matrícula única al año de 1.500 pesos. Si la familia los tiene pues los da, sino pues yo tampoco me enojo ni devuelvo a los menores. Sé que son muy pobres y hay que ayudarlos. Yo los ayudo a ellos y Dios después me ayuda a mí .

Pero no sólo Dios. Algunas personas y entidades sociales le han colaborado como la Fundación Actuar por Bolívar, la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito, el dirigente Yamil Guerra. En fin.

Pronto la escuela de Aida obtendrá su personería jurídica. Se llamará Fundación Escuela La Fraternidad.

Sólo quiero que el Espíritu Santo me de fuerzas para el otro año seguir adelante , sostiene.

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