SOMOS PARTE DEL PROBLEMA

SOMOS PARTE DEL PROBLEMA

Con atención pero especialmente con infinita preocupación, tuve la oportunidad de analizar en detalle el artículo publicado en el Diario El Tiempo, el domingo 14 de marzo del año en curso, titulado Colombia un país de avivatos?, en el que se pone de manifiesto, con cifras extraídas de distintas y reconocidas fuentes, el inmenso costo que para el país conlleva la viveza de los colombianos.

26 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Ahora bien, los datos se encuentran estrechamente vinculados a escándalos que tanto en el ámbito público como privado, ratifican la poco honrosa posición de Colombia, del 6 país con el más alto índice de corrupción en el mundo según lo corroborado por Transparency International. Sobrecogedoras resultan las cifras de evasión, contrabando, impunidad, montos de fallos de responsabilidad fiscal y demandas por falla en el servicio, porcentajes de contratación directa en contraste con los contratos otorgados por virtud de licitación pública, etc.,. Obligado me resultó preguntarme hasta dónde, los Contadores y Revisores Fiscales en calidad de fedadatarios de las finanzas nacionales somos parte de tan agobiante problema?.

Y es que la inquietud, resulta pertinente ya que por acción u omisión, los Contadores Públicos colombianos en calidad de Revisores o especialistas en auditoría, de una forma u otra debimos haber sido testigos de excepción frente al fenómeno y sin embargo, no es claro en mi sentir si hicimos operar oportunamente la alarma que con carácter preventivo nos compete accionar.

En una perspectiva constructiva y mirando hacia adelante como lo sugiere el propio artículo que comento, en mayor o menor grado, todos los ciudadanos hemos sido artífices de esta relajación de costumbres y no tenemos alternativa distinta que preguntarnos hasta dónde nos cabe responsabilidad?, pero especialmente, cuál será nuestro acto de contrición y cuál nuestro compromiso en el futuro para asegurar cambios estructurales en el comportamiento que nos permita asegurar la transparencia en la administración pública y privada? En la condición de depositarios de la confianza colectiva, no me cabe duda de la gran responsabilidad que nos compete. Próximo nos encontramos a recibir el nuevo milenio, es menester insistir a mis colegas, en la necesidad y la obligación legal que nos asiste de denunciar oportunamente todo tipo de anomalías que constatemos en el terreno de la contratación oficial, la administración de la cosa pública, la tributación privada, el enriquecimiento ilícito, etc.

Mientras subsista la cultura de la mordida los Contadores Públicos estamos obligados a reflexionar no solo si atendemos el semáforo en rojo, si cancelamos oportunamente el seguro social de nuestra empleada doméstica, si respetamos la cola en el cine o si rompemos un billete falso antes de entregarlos en un peaje, interrogantes todos sugeridos en un test propuesto para ser diligenciado en condición de ciudadanos a efectos de determinar si formamos parte del problema o de la solución.

Como representantes de la comunidad contable, nos corresponde además cuestionarnos respecto de si denunciamos oportunamente a nuestros clientes cuando proponen o fomentan la evasión, cuando incrementan de manera sorpresiva e injustificada su patrimonio o cuando corroboramos que han pagado comisiones para acceder a contratos estatales entre otros. Es decir, verdaderamente le estamos cumpliendo al país y a la sociedad? o por el contrario, estamos vendiendo nuestra conciencia? Por el hecho de ser ciudadanos, somos los llamados a responder los primeros interrogantes y profesionalmente además, por los últimos. No hacerlo implica afianzarnos en el problema, coadyuvar al desprestigio de la disciplina que cultivamos y de paso nos coloca en el umbral del código penal, por conductas que van desde el peculado culposo, pasan por el tráfico de influencias o la legalización y ocultamiento de bienes provenientes de actividades ilegales y terminan quizás en la gama de falsedades que en documento público y privado previene nuestro estatuto represivo. Todo, por ser parte del problema y no la solución.

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