DOÑA ANA NÁUFRAGOS POR INVIERNO

DOÑA ANA NÁUFRAGOS POR INVIERNO

Pedro Pabuena Rodríguez acaba de cumplir 82 años de edad y desde que tiene uso de razón recuerda haber vivido siempre en medio del agua, sobre tambos, montado en canoas, con el barro pegado en sus pies, con el drama de las inundaciones en sus ojos.

28 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Es el líder de la comunidad, el jefe político del pueblo, padre de 32 hijos con seis mujeres nativas de Doña Ana, corregimiento de San Benito Abad (Sucre), donde sus 870 habitantes viven ocho meses rodeados de agua y cuatro en tierra, o mejor dicho, en barro, porque este tiempo es insuficiente para que se seque completamente el agua desbordada del río San Jorge.

Ya nos acostumbramos a esta vida, tanto que hasta nos hace falta el agua cuando se escurre por entre las grietas de la tierra y podemos bajarnos de las canoas a estirar los huesos , dice entre carcajadas El viejo Pedro.

Quienes lo conocen desde hace muchos años dicen que así es siempre, jovial, dicharachero, mamador de gallo, mujeriego, poniéndole el pecho a las adversidades de la vida en medio de tanta pobreza.

Como él, 145 familias más viven en este corregimiento, ubicado en la parte más baja de Sucre y la subregión del San Jorge, en los límites con el departamento de Bolívar.

Doña Ana se encuentra literalmente en un hueco , de ahí que sea absorbido por las corrientes del San Jorge cuando las lluvias llegan con toda su fuerza. Desde abril hasta noviembre, el fuerte invierno es el pan nuestro de cada día , afirma Pabuena Rodríguez.

Explica que como en el Nudo del Paramillo, donde nace el río San Jorge, no deja de llover el departamento de Sucre, especialmente los corregimientos de San Benito, San Marcos, Caimito y Sucre, permanecen con agua hasta el cuello para esta época.

La situación más crítica, dice él, se registra en los corregimientos de Ciénaga Nueva, Civas, Jegua, El Limón, Guayabal y Doña Ana y en las veredas Pacifueres, Tosnován, Caño Viejo, San Matías, San Juan, El Guamo y Moguán. Como si fuera poco, además del San Jorge se ensañan con estas poblaciones las aguas de los caños Rabón, Civas, San Matías y otros ríos pequeños que atraviesan el sur de Sucre.

Sobre tambos Para mantenerse a salvo, los habitantes de Doña Ana construyen los llamados tambos, construcciones edificadas sobre pilotes de maderas, a dos metros sobre el nivel de la tierra.

En esta construcción de bahareque, de tres metros por cuatro de ancho, generalmente viven seis personas, dueñas de unas cuantas hamacas, pequeños colchones, hornillas de barro...

El único servicio público con que cuenta el pueblo es el fluido eléctrico. No hay centro de salud y cuando el agua de lluvia que almacenan para cocinar y beber se les acaba, utilizan la misma estancada donde hacen sus necesidades. Además, el puesto de Policía no funciona porque está inundado.

Quienes más sufren con la situación son los menores de edad en un número aproximado de 200 porque resultan con enfermedades infectocontagiosas y gastrointestinales.

En Doña Ana funciona una escuela rural de enseñanza primaria en la que laboran cuatro docentes pagados por la Alcaldía de San Benito Abad. Sin embargo, los niños nunca terminan su año escolar porque en el mes de agosto, cuando el invierno se hace más intenso, siempre deben suspender las clases.

A pesar de tantas adversidades, los habitantes de Doña Ana le sacan provecho al medio. La mayoría de las familias utilizan el río San Jorge para pescar y ganarse el sustento diario. El resto de los alimentos lo consiguen en Magangué (Bolívar), en donde tienen contactos comerciales.

Magangué está a una hora de Doña Ana en johnson , bajando por el río San Jorge, y a una hora y media de regreso. Desde San Benito Abad hay dos horas y media y cuatro río arriba.

Los jóvenes del pueblo organizaron un equipo de fútbol, con el cual compiten en el torneo de Santiago Apóstol, otro corregimiento ubicado a media hora. No tienen donde entrenar, pero le hacen pelea a todos los oncenos de la zona.

La única forma de organizar bailes y divertirse es cuando bajan las aguas. Las seis mesas de billar de la cantina se han secado y entonces planean un rato de esparcimiento. El 2 de febrero celebran las fiestas en honor a su patrona, la Virgen de la Candelaria.

A este lugar nunca ha llegado la ayuda del Gobierno nacional. El único respaldo, según la comunidad, es el que brindan los alcaldes, quienes en cada invierno llevan alimentos, enseres y otros elementos para que puedan dejar de ser náufragos del invierno .

FOTOS: durante 82 años de vida, Pedro Pabuena ha vivido siempre sobre el agua entre taqmbos.

Los niños son quines más sufren por el invierno porque resyultana con enfermedades infectocontagiosas.

Los tambos,contrucciones efectuadas sobre pilotes de madera.

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