DONDE ESTA LA COMIDA DEL FUTURO

DONDE ESTA LA COMIDA DEL FUTURO

La humanidad celebró en días pasados la llegada del niño que supuestamente completó la impresionante cifra de seis millones de personas sobre éste maltratado planeta. Ya en otra columna comentábamos que la escasez de agua potable será la pesadilla de la humanidad en un futuro que no está lejos. Es más, ese futuro ya le llegó a varios países de Africa, donde niños y adultos ya se están muriendo como moscas.

22 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

El control de la natalidad, que no llega a las comunidades pobres, nos ha llevado a la dolorosa celebración de seis mil millones de seres, corriente avasalladora y apocalíptica que viene en contravía con los recursos naturales que nos quedan sobre el planeta, en contravía con la producción mundial de alimentos. Ante esa perspectiva dantesca surgen varias preguntas en lo que se refiere a los colombianos: Qué entidad gubernamental está estudiando el tema de demografía y la rata de crecimiento en las ciudades y pueblos de la Costa? Qué pasará cuando aumente la demanda de alimentos en otros países y llegue el momento en que no puedan exportarle a Colombia arroz, trigo, avena, lentejas, leche en polvo, pollos y la indispensable gasolina? Cuántas hectáreas se siembran hoy en el país de cereales, yuca, papa, maíz y verduras? La ganadería está arruinada por la violencia; podrá alimentar al país en caso de una crisis mundial de alimentos? Sobre la pesca, desde hace años vengo diciendo que la producción en lugar de aumentar, disminuye todos los años; la sobrepesca en ciénagas y ríos, el mercurio que utilizan los buscadores de oro en el Cauca y el Atrato, los químicos con que fumigan las plantaciones de banano y arroz, y nuestro río Magdalena, tan promocionado por esta época, cada día tiene más aguas negras, más desechos petroleros de Barrancabermeja, y menos peces.

En el mar la pesca también disminuye. Las grandes flotas pesqueras de los países desarrollados que lanzan sus aparejos de varios kilómetros de largo en aguas internacionales cercanas a Colombia y no dejan que los atunes, los jureles y las sierras lleguen a la costa, donde los pescadores pobres calan sus chinchorros. Muchos cayucos regresan vacíos a las comunidades de Dibulla, Taganga, Pueblo Viejo La Boquilla, Isla Fuerte, Arboletes y Turbo.

Para no hablar del daño que han hecho en los fondos marinos en estos cincuenta años, la pesca con dinamita de los pescadores pobres, las cadenas de las redes de arrastre de los barcos camaroneros de los pescadores ricos y añadir a esta triste historia los miles de toneladas de peces que saquean de nuestros cayos del norte los barcos hondureños y jamaiquinos, los ecuatorianos al sur de Tumaco y los venezolanos en la alta Guajira.

Si nuestros políticos y gobernantes no se dejaran llevar por los sucesos diarios, el inmediatismo y el protagonismo y pensaran más en el porvenir de las nuevas generaciones, esos temas serían discutidos con frecuencia en Consejos, Asambleas, Parlamento y en las sesiones del Presidente y sus ministros.

Nuestro ilusión es que, algún día, estos temas se traten con seriedad antes de que sea demasiado tarde.

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