NO AL 2X1.000 HASTA EL 2000

NO AL 2X1.000 HASTA EL 2000

El terremoto del pasado 25 de enero sembró caos y destrucción en Armenia y muchas otras poblaciones del Quindio, Risaralda y el Valle del Cauca, pero como no hay bien que por mal no venga, también dejó semillas de esperanza. Una de ellas -en el terreno de lo económico- fue la necesidad de emprender un inaplazable trabajo de reconstrucción: para un país sumido en la más aguda recesión vivida desde la crisis de los años 30, la expectativa del enorme gasto que se debía realizar para reconstruir las ciudades y pueblos afectados, se le apareció como una compensación a la tragedia, que iba a reactivar la economía generando demanda y empleo.

02 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Las dimensiones materiales de la catástrofe, en términos de número de viviendas destruidas, infraestructura urbana desbastada, edificios, escuelas y hospitales inutilizados, indujo a esperar un importante aumento en la demanda de todos los bienes y materiales relacionados con la construcción, y alimentó la esperanza de un empleo a arquitectos, ingenieros, maestros de obra y albañiles parados por la crisis de la construcción. De otra parte, las dimensiones humanas de la tragedia, y la urgencia de resolverla hicieron pasar a un segundo plano la pregunta por el origen de los recursos, y pronto aparecieron varias alternativas: préstamos internacionales, presupuesto, donaciones y hasta crédito del Banco de la República se llegó a proponer. De todas partes había que acopiar fondos, pues lo importante era reconstruir y rápido.

Pero la propuesta oficial de extender el impuesto del 2X1000 hasta el año dos mil, y los recortes presupuestales que se empezaron a ordenar para trasladar recursos, han enfriado las expectativas de un incremento del gasto que pudiera jalonar la producción y las ventas. La reconstrucción del eje cafetero se va a hacer -y se ha conformado un equipo con una excelente dirección que garantiza el éxito de la tarea- pero la inversión que allí se realice ya no va a ser un gasto adicional en la economía, sino una sustitución de gastos. En efecto, al financiarse con impuestos y recortes presupuestales, lo que se invierta en la zona del terremoto va a ser equivalente a lo que el gobierno deje de invertir en otras regiones, y a lo que el sector privado deje de gastar como consecuencia de los nuevos impuestos que deberá pagar. Por lo tanto su impacto sobre la reactivación de la economía va a ser mucho menor de lo que se esperaba, y lo que podría haber sido un impulso general para todo el aparato productivo, acabará siendo un justo beneficio para los damnificados del terremoto y un perjuicio para quienes verán recortados sus ingresos, incluyendo el Fogafín.

Por estas razones no es conveniente que el Gobierno materialice su propuesta de extender el impuesto del 2X1000 para financiar la propuesta de extender el impuesto del 2X1.000 para financiar la necesaria reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto. En Colombia las empresas y los trabajadores ya no soportan más impuestos, y mucho menos aquellos que no dependen de la generación de utilidades sino que se cobran indiscriminadamente a todos. Pero como la reconstrucción es impostergable, que se financie con crédito interno o externo, así se aumente transitoriamente el déficit fiscal. Ojalá que ante una tragedia que ha conmovido al mundo entero, el bienestar de las personas se anteponga a las recetas de algunos textos académicos.

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