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CUENTAS AMBIENTALES: LA NATURALEZA TIENE SU PRECIO

CUENTAS AMBIENTALES: LA NATURALEZA TIENE SU PRECIO

En Colombia ya se abrió la discusión: hasta dónde se gana si, en aras del desarrollo y del crecimiento económico, la Nación no tiene en cuenta su medio ambiente? La variable ambiental nunca ha hecho parte de las cuentas nacionales en el país. Si bien se contabiliza el producto final en que quedan convertidas las materias primas de origen natural, no se cuantifica el deterioro que se genera en el medio ambiente para obtenerlas (por ejemplo, con la tala de bosques y la utilización del recurso hídrico).

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

De acuerdo con un estudio del Comité Interinstitucional de Cuentas Ambientales (CICA), una parte importante de la economía colombiana, y en general de los países latinoamericanos, está basada en la explotación de sus recursos naturales (agricultura, silvicultura, pesca, minería). Sin embargo, no todas las acciones que se ejercen sobre estos se reflejan en los indicadores económicos tradicionales y universalmente aceptados, o si lo hacen dice es de manera incompleta.

El estudio agrega que, para el caso colombiano, la explotación de los recursos naturales no renovables representa cerca de un 30 por ciento del origen de divisas por concepto de exportaciones, y que la utilización de los bosques, la caza y la pesca representa el 0,5 por ciento del Producto Interno Bruto (indicador que mide el desarrollo económico de un país).

Pero, ese 0,5 por ciento no refleja el peligro al que se exponen los ecosistemas como consecuencia de la utilización indiscriminada de los recursos no renovables.

Esto lo resume Robert Repetto, director de la investigación sobre interacción entre economía y ambiente en el Instituto de Recursos Mundiales en Washington (Estados Unidos), al decir que la tala de bosques, la erosión, la contaminación de acuíferos, la caza y la pesca hasta la extinción no significan, para ningún país, una disminución de las rentas oficiales. El empobrecimiento ambiental dice se toma por progreso.

Por todo lo anterior, Colombia ya inició trabajos en cuestión de cuentas ambientales. Y se ha avanzado. Aquí está lo que hay al respecto, con algunos antecedentes: Quién valorará los recursos naturales? Con el concepto de cuentas ambientales en Colombia lo que se quiere, en síntesis, es ponerle un precio (no en dólares ni en pesos sino a través de una unidad de medida) a los recursos naturales.

Se trata de darle un costo al recurso madera o agua como tales. Significa valorar su uso, física y económicamente, desde los puntos de vista de su depreciación presente y de su potencialidad futura.

Por ejemplo, podemos estimar que si bien un río se está empleando como medio de transporte, y que en esa medida se obtiene ganancia, la deforestación hace que se sedimente y tarde o temprano deje de ser navegable. Aparte de que con la navegabilidad se evita que ese río se utilice para riego, consumo humano y hasta pesca, lo que, en últimas, generaría pérdidas.

Para ello, se integró hace menos de un año el Comité Interinstitucional de Cuentas Ambientales (CICA), que está formado por la Contraloría General de la República, las universidades Nacional y Javeriana, el DANE, el Inderena y el Departamento Nacional de Planeación, con el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El CICA se ampara en el proyecto de desarrollo del presidente César Gaviria. También, en el mandato constitucional que exige al Estado la planificación del manejo y aprovechamiento de los recursos naturales para garantizar su desarrollo sostenible.

Igualmente, se ampara en la obligación del Estado de informar anualmente al Congreso de la República acerca de la situación de los recursos naturales y del ambiente.

La intención del CICA es tener la información básica sobre los recursos naturales de los que dispone Colombia, dónde se encuentran cuál es su evolución, cuánto se invierte en su mantenimiento, recuperación y conservación, y cuál es el beneficio real del país con su explotación. Para hacer todo ello, se fijó una meta de cinco años a partir de la conclusión de tres proyectos piloto de medición de recursos.

Aparte de cuantificar los recursos, el CICA tiene el propósito de crear las formas de explotación racionales con el fin de sacarles partida. Manglares y agua, los primeros medidos El plan de cuentas ambientales en Colombia dará sus primeros resultados en siete meses a partir de mayo. Su concepto, único como tal en el mundo, revolucionaría hasta la teoría del valor.

Así, de mayo a diciembre de este año, se realizarán estudios pilotos de cuentas ambientales en tres sitios: ciénaga de Lorica (donde se cuantificará el manglar), Antioquia (valoración del recurso agua para generación de energía en las hidroeléctricas) y Nariño (al igual que en Lorica, también valoración de manglares).

Adicionalmente, en dos meses se iniciará una vasta campaña para dar a conocer en universidades y comunidades del país el concepto de este tipo de cuentas.

Para este año, el CICA ya está incluido dentro del Banco de Proyectos de Inversión Nacional del DNP (se llama Proyecto de Investigación y Desarrollo de Cuentas Ambientales para Colombia), lo que significa que se le asignaron recursos del presupuesto nacional para estructurar un equipo de expertos (tres personas).

Ellos formularán propuestas concretas (luego de los resultados de los planes pilotos) que tendrán la intención de conseguir financiamiento internacional.

Más a largo plazo, sus prioridades se centrarán en los recursos agua y bosque (que a la larga lo incluyen todo). Quiénes han tomado en cuenta el ambiente En Latinoamérica, países como Brasil y Chile ya entraron en la tónica de las cuentas ambientales: en el primero se hizo una valoración de bosques y en el segundo, una de manglares.

La Universidad de Miami fue un poco más lejos: ya realizó estudios tan concretos que llegaron, por ejemplo, a la conclusión de que una hectárea de manglar vale alrededor de cinco mil dólares.

Por su parte, en Costa Rica se han efectuado estudios puntuales acerca de sus recursos naturales. Se sabe, por ejemplo (y así lo expuso recientemente en el país la gente del grupo de Repetto), que entre 1970 y 1989 se perdieron por erosión unas 2.200 millones de toneladas de suelo, que serían suficientes para enterrar la capital, San José, a una profundidad de 12 metros.

Dice el informe de Repetto (publicado a manera de artículo en la revista Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American) que la pérdida más visible de activos de recursos naturales en Costa Rica ha sido la destrucción de sus bosques.

Un ejemplo clave del trabajo de Costa Rica, que bien podría llegar a tenerse en Colombia con las cuentas ambientales en su primera etapa (antes de incluirlas en las cuentas nacionales), dice que entre 1970 y 1989 la depreciación acumulada del valor de los bosques, suelos y pesquerías superaba los 4.100 millones de dólares en precios de 1984. Esa cifra rebasa el valor medio de su PIB de un año.

En Indonesia se hizo un conteo similar y se llegó a una nefasta conclusión: entre 1977 y 1984, el empobrecimiento de sus recursos naturales era equivalente al 19 por ciento del PIB. Idem en Filipinas, donde las pérdidas anuales ocasionadas por la deforestación indicaron en promedio el 3,3 por ciento de su PIB entre 1970 y 1988.

Ningún país del mundo ha establecido sus cuentas ambientales dentro de las cuentas nacionales. Solo se han hecho conteos. Ahora Colombia enfrenta el reto. Un reto que en cinco años le podría dar a sus recursos el lugar que les corresponde dentro de la economía nacional.

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