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PEQUEÑO PLEITO

PEQUEÑO PLEITO

El hombre quizá más respetado de Colombia, el doctor Gustavo De Greiff, Fiscal de la República, en su deseo de mantener informada a la gente sobre el cumplimiento de su deber, e indudablemente acosado por la impertinencia de los reporteros, se refirió a una denuncia supuestamente presentada por un incógnito denunciante, que si es cierto lo que se publica sobre su personalidad más parece un farsante inspirado en ruin vileza que una persona digna de confianza. En la denuncia se aludía a sobornos y otros pecados cometidos por las Fuerzas Armadas precisamente en el caso de la persecución a Pablo Escobar. Todo fue confuso: la declaración del Fiscal, las preguntas de los inquietos reporteros, las conclusiones. Y con todo ello se armó un pleito que por fortuna ha quedado reducido a sus justas proporciones. Sin embargo, el incidente da pie para que los funcionarios, y en especial quienes detentan puestos de responsabilidad inherente a la Justicia, actúen como se la dibuja, manteniendo casi una

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

No hay que alimentar estas controversias y, como bien lo dijo el Fiscal, el respeto que siente él por la tarea de los militares y la colaboración prestada a la Fiscalía, es patente. Error, o más que eso un pecado contra la estabilidad de la patria, es alimentar, explotar estas inevitables controversias, que bien llevadas y con espíritu tranquilo, ningún efecto negativo pueden producir. A los medios informativos sí que les es necesario observar una sana prudencia y no jugar con estos peligrosos elementos que en nada contribuyen a la paz y la seguridad sino, por el contrario, crean problemas absolutamente innecesarios. Gracias a la sensatez de los altos mandos y del Fiscal General, todo recobra su normal cauce; y la solidaridad de estos elementos fundamentales para la lucha contra el crimen permite un mayor acercamiento y una mayor comprensión.

De igual manera el señor Fiscal, en forma categórica y rotunda, desmintió las versiones de posibles enfrentamientos con el señor Presidente. Serían absurdos. Puede ocurrir que simples conceptos no coincidan totalmente, pero ello no quiere decir que exista contradicción alguna entre dos políticas, la que aplica el Gobierno y la que expone la Fiscalía. Hay que abrir los ojos, porque se nota la intención de obstaculizar la batalla creciente contra guerrilleros y narcotraficantes. Se busca minar la institución militar y obstruir la labor de la Justicia. Todos estos episodios hacen parte de la guerra de desinformación. Y lo único en que no deben incurrir los medios informativos ni la opinión pública es en servir de instrumentos a quienes con fines bien conocidos promueven suspicacias encaminadas a entrabar la difícil tarea de quienes hoy combaten a la delincuencia.

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